Otro preso político fue golpeado en las mazmorras castristas

La dictadura cubana reafirmó una vez más su carácter represivo en las últimas horas dentro de los muros de la prisión de Quivicán, en la provincia de Mayabeque. Un nuevo acto de barbarie tuvo como víctima al preso político Juan Enrique Pérez Sánchez, quien sufrió una severa agresión física a manos de los esbirros que custodian el penal.

De acuerdo con la información difundida por el Observatorio de Derechos Culturales, el ataque lo ejecutó un guardia identificado como Yosbel, alias “el azulito”. Este funcionario cuenta con un nefasto historial de abusos dentro del centro penitenciario, consolidándose como uno de los rostros de la represión en Mayabeque.

Trascendió que la agresión contra el preso político se desencadenó cuando este cuestionó las órdenes arbitrarias de los carceleros.

Detalles de la agresión y resistencia en el penal

El conflicto inició cuando el guardia Yosbel intentó forzar el traslado de los reclusos desde el patio hacia las celdas antes del horario reglamentario establecido. Ante esta muestra de autoritarismo, Pérez Sánchez decidió no callar. El preso político, reconocido entre la población penal por su inquebrantable postura contra las violaciones de derechos humanos, se opuso a la medida.

La respuesta del mando penitenciario fue la violencia bruta: el artista recibió golpes con rabia por parte del oficial, quien descargó su odio ideológico contra un hombre indefenso.

Juan Enrique Pérez Sánchez cumple actualmente una injusta condena de ocho años de privación de libertad. Su “delito” fue manifestarse pacíficamente en Vegas, Mayabeque, durante el estallido social del 11J.

Desde su detención, el régimen lo sometió a un periplo de castigos por diversas cárceles, incluido el Combinado del Este, donde el preso político contrajo tuberculosis debido a las deplorables condiciones sanitarias y la falta de atención médica oportuna.

El deterioro físico frente a la entereza moral

La salud de Pérez Sánchez es hoy una sombra de lo que fue. Aunque su constitución corporal solía ser fuerte, el rigor del presidio político, la alimentación deficiente y las torturas psicológicas hicieron mella en su organismo. Sin embargo, su espíritu permanece intacto.

Esta integridad espiritual es, precisamente, lo que el castrismo intenta quebrar sin éxito. El preso político se mantiene como un referente de dignidad, lo que le ha ganado el respeto de sus compañeros de celda. De hecho, la denuncia indica que este último episodio generó una crisis interna en Quivicán, dado que Juan es una figura muy querida dentro de la prisión.

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En este escenario de tensión también se involucró otro valiente, el preso político Roberto Pérez Fonseca. Ambos opositores, conocidos por su trayectoria de resistencia frente a las humillaciones de la dictadura, lanzaron un ultimátum a las autoridades del penal.

Ambos declararon que se plantarán en huelga de hambre si no se frenan de inmediato los abusos y si no se toman medidas contra el represor Yosbel.

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Marcel Valdés en Facebook

Un llamado urgente a la comunidad internacional

La situación de vulnerabilidad de este preso político es crítica y conocida por organismos internacionales. Apenas en octubre de 2025, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Juan Enrique Pérez Sánchez. El organismo consideró que su vida e integridad personal corren un riesgo inminente bajo la custodia del régimen cubano.

A pesar de estas advertencias, el régimen de La Habana ignora las protecciones internacionales y permite que sus esbirros actúen con total impunidad. La golpiza en Quivicán demuestra que cada preso político en Cuba es un rehén de una estructura criminal que utiliza la tortura para intentar silenciar el ansia de libertad de todo un pueblo.

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