Tras haber recibido una golpiza la semana pasada, el preso político cubano, Roilán Álvarez Rensoler, fue enviado a una celda de castigo en la prisión provincial de Holguín.
Esta criminal medida represiva ocurrió luego de que el activista cumpliera cinco días en huelga de hambre, una legítima protesta ejecutada tras negarse rotundamente a portar el uniforme reglamentario que impone la sanguinaria dictadura castrista a los ciudadanos que secuestra en sus mazmorras.
La información sobre este abominable atropello trascendió gracias a las declaraciones ofrecidas por su hermana, Ariagna Álvarez Rensoler, a la plataforma Martí Noticias. Durante una llamada telefónica reciente, el opositor ratificó su férrea convicción frente a sus verdugos con una frase lapidaria que resume la tragedia de la isla: “Mi libertad o el cementerio. Tú sabes que cuando yo inicio una huelga no doy marcha atrás”.
Antecedentes de represión y aislamiento carcelario
El prontuario de crueldad contra este valiente disidente no cesa. Ariagna recordó que tras su arresto el pasado 30 de enero, el activista mantuvo una huelga prolongada que debió suspender únicamente tras sufrir un paro cardíaco.
Sobre el reciente confinamiento en solitario, la fuente explicó que la noticia llegó a la familia mediante la llamada de otro recluso, quien confirmó que la tiranía decidió aislarlo bajo la brutal premisa de doblegar su resistencia: “Decidieron llevarlo a una celda de castigo para ver si él suspende la huelga”.
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Las agresiones físicas perpetradas por los carceleros del régimen contra el preso político alcanzaron niveles de extrema violencia. La última conversación directa entre la familia y el opositor se produjo el sábado anterior, instante en el cual aclaró las secuelas del castigo corporal propinado por las autoridades del penal.
En esa ocasión, desmintió rumores iniciales sobre fracturas óseas, aunque detalló la magnitud de la golpiza: “Fueron lesiones en los brazos, fractura como tal no fueron… le dieron con un palo donde él pensaba que se lo habían partido”.
Asimismo, relató que sufrió brutales impactos en la cabeza y un intento de asfixia manual: “Por eso tengo la garganta desbaratada, por eso no puedes escuchar casi mi voz”.

Amenazas a la familia y obstrucción de la defensa legal
La estructura represiva del régimen no solo golpea y aísla, sino que también aterroriza cobardemente al entorno familiar. Durante el mismo intercambio telefónico, el preso político denunció que el jefe de cárceles y prisiones de Holguín lo amenazó directamente con desaparecerlo, violarlo y trasladarlo de penal, sumando advertencias mafiosas contra sus seres queridos.
Ante este peligro inminente, el activista suplicó protección para los suyos: “Les voy a pedir que no salgan de la casa. No vengan a Holguín porque fui amenazado con ustedes, con mi hijo, con mi mamá, mi papá, que si ustedes se dirigían hacia acá iban a tratar de hacer algo que fuera accidental”.
La maquinaria totalitaria también obstaculizó la labor legal al bloquear la verificación independiente del estado de salud del preso político. El abogado defensor acudió al recinto penitenciario para constatar la situación física del recluso, pero los funcionarios le negaron el acceso de forma arbitraria.
Tras esta visita fallida, el letrado se comunicó con los familiares desde su residencia para informarles que no podía brindar detalles por vía telefónica debido a que su línea estaba intervenida, siendo víctima de grabaciones y amenazas directas por parte de la policía política.
Fabricación de causas judiciales
Roilán Álvarez Rensoler, de 41 años de edad, residía en el municipio Mella, provincia de Santiago de Cuba, antes de ser cazado por los órganos de seguridad del Estado. Su activismo pacífico como miembro de la Unión Patriótica de Cuba y promotor de la iniciativa Cuba Decide desató la furia de los jerarcas comunistas, manteniéndolo bajo el injusto régimen de prisión provisional.
Las autoridades castristas le fabricaron un expediente judicial imputándole el falso delito de propaganda contra el orden constitucional, acusándolo cínicamente de realizar pintadas antigubernamentales en Holguín y de causar daños materiales a una valla con la imagen del dictador Fidel Castro en la localidad de Birán, demostrando una vez más que en Cuba pensar diferente y repudiar la dictadura es castigado con torturas, aislamiento y la amenaza permanente de muerte.