El preso político cubano, Roilán Álvarez Rensoler, fue víctima de una brutal golpiza en las mazmorras castristas, confirmando una vez más que el sistema penitenciario en la isla es poco más que un matadero para quienes se atreven a disentir.
Los esbirros de la Prisión Provincial de Holguín desataron su odio enfermizo contra este opositor, dejándolo con los brazos fracturados y severos traumatismos craneales.
Este salvaje ataque ocurrió porque el hombre se negó a someterse a la humillación de vestir el uniforme reglamentario que el aparato represivo impone a los cautivos.
La impunidad bajo el régimen
La realidad dentro de las prisiones es una pesadilla de impunidad. Ariana Álvarez, hermana del afectado, logró conocer la verdad de este tormento gracias a la valentía de otro recluso, quien filtró los detalles del horror ocurrido intramuros.
Según Martí Noticias, la mujer acudió desesperada el pasado jueves al penal de Holguín para exigir respuestas sobre el estado de su hermano, pero el secretismo oficial solo confirmó la magnitud de la brutalidad que sufre este preso político a manos de los carceleros.

Roilán Álvarez Rensoler, un santiaguero de 41 años oriundo del municipio de Mella, permanece encerrado desde el 30 de enero de este año. Como activista de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y promotor de la iniciativa Cuba Decide, su único “crimen” ante el régimen es alzar la voz por la libertad.
Actualmente, este preso político sobrevive bajo una medida cautelar de prisión provisional, un limbo jurídico diseñado por la dictadura para mantener a los opositores tras las rejas sin necesidad de una sentencia firme.
Un historial de persecución y tortura
Lo fabricado por la tiranía intenta disfrazar la persecución política bajo el supuesto delito de propaganda contra el orden constitucional. Los esbirros alegan que el activista realizó pintadas con consignas antigubernamentales en Holguín y que dañó una valla con la imagen del tirano Fidel Castro en Birán.
Es evidente que, para el aparato de injusticia del régimen, cualquier acto de rebeldía ciudadana debe pagarse con sangre y dolor.
Es importante recordar que la salud de este preso político ya estaba en una situación crítica tras mantener una huelga de hambre de 48 días, una protesta extrema que buscaba denunciar las condiciones infrahumanas de su cautiverio. Ante la inminente posibilidad de que la tiranía dejara morir al detenido, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos intervino otorgándole medidas cautelares, exigiendo a la dictadura proteger su vida e integridad física.
TAMBIÉN PUEDE LEER: Preso político Roilán Álvarez sufrió un paro cardiaco tras casi 50 días en huelga de hambre
Sin embargo, para los esbirros castristas, los derechos humanos son un concepto inexistente. El calvario que enfrenta este preso político es la muestra más pura de la naturaleza criminal de una dictadura que no conoce la piedad ni la justicia, operando sin anestesia contra todo aquel que desafíe su estructura de poder absoluto.
Posteriormente, decidió iniciar una otra huelga de hambre para exigir el respeto a sus derechos fundamentales y denunciar los atropellos que sufre dentro de la mazmorra castrista conocida como “El Yayal”.
Este valiente opositor, cuya única “culpa” es desafiar a la dictadura más longeva y opresora del hemisferio, sigue firme ante la crueldad de unos esbirros que le arrebataron, con total impunidad, los alimentos que su familia le llevó con tanto sacrificio.
Roilán Álvarez es una de las miles de personas que, solo por pensar diferente, debe aguantar tratos inhumanos en las cárceles del régimen, y eso incluye brutales golpizas, tal y como sucedió ahora. No obstante, la dictadura no logrará con eso quebrar los ideales de unos ciudadanos que tienen un deseo en común: ver a su país libre de una vez por todas.