El preso político cubano, Roilán Álvarez Rensoler, decidió iniciar una nueva huelga de hambre para exigir el respeto a sus derechos fundamentales y denunciar los atropellos que sufre dentro de la mazmorra castrista conocida como “El Yayal”, en la provincia de Holguín.
Este valiente opositor, cuya única “culpa” es desafiar a la dictadura más longeva y opresora del hemisferio, se plantó ante la crueldad de unos esbirros que le arrebataron, con total impunidad, los alimentos que su familia le llevó con tanto sacrificio.
La denuncia de la familia ante el atropello
La información sobre este nuevo episodio de tortura fue obtenida por Martí Noticias, medio que conversó directamente con la familia del activista para denunciar la preocupante situación.
Según el testimonio de los allegados, la alerta surgió de fuentes internas del penal, quienes relataron cómo el régimen, en un acto de cobardía absoluta, aisló al preso político en una celda de castigo como represalia por protestar contra el robo descarado de sus pertenencias personales.
La dictadura cubana, experta en la tortura psicológica y física, intenta quebrar la voluntad de quienes alzan su voz contra el sistema. Ariana Álvarez, hermana del afectado, narró el calvario que atraviesan ante la incertidumbre.
“Su hijo la llamó y le dijo que a mi hermano lo habían sacado de la celda donde se encontraba, que todas sus cosas se habían quedado y que no se sabía nada de él. Que antes de salir, ya mi hermano, por la postura de lo que le había pasado con la situación de la jaba, se había plantado en huelga de hambre nuevamente”, declaró ante los micrófonos.
Secuelas de un sistema que busca el exterminio
El calvario de Roilán no es un hecho aislado, sino una política deliberada de exterminio. El opositor, miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), arrastra secuelas físicas devastadoras tras una protesta anterior en marzo, cuando sufrió un paro cardíaco por exigir su libertad. En aquel momento, los verdugos del régimen lo mantuvieron bajo vigilancia extrema en el Hospital Clínico Quirúrgico “Lucía Íñiguez Landín”, pero lejos de mostrar clemencia, el aparato represivo continúa su acoso.

Ariana Álvarez no ocultó su angustia: “Mi hermano se quedó con secuelas graves y aún no se ha recuperado. Estamos súper preocupados y tememos que pueda pasar algo porque, al retomar otra huelga de hambre, los daños serían más graves”.
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Una persecución sin límites
La detención de este preso político ocurrió el pasado 30 de enero. La Seguridad del Estado, en su afán por silenciar cualquier disidencia, lo mantiene tras las rejas bajo cargos fabricados de “propaganda contra el orden constitucional”.
El régimen lo acusa de realizar pintadas y de atreverse a cuestionar la figura de Fidel Castro en Birán, un pecado imperdonable para una tiranía que se desmorona pero que aún tiene fuerzas para destruir vidas.
Antes de ser confinado en “El Yayal”, fue humillado en el centro de detención “Todo el Mundo Canta”.
La comunidad internacional observa, una vez más, cómo el castrismo viola los derechos humanos básicos sin rendir cuentas. Roilán Álvarez Rensoler, este preso político que no se doblega, enfrenta ahora un peligro inminente mientras su salud se deteriora aceleradamente.
Cada hora que pasa en huelga de hambre es una mancha más en el historial criminal de la cúpula castista. La vida de este preso político pende de un hilo, mientras sus carceleros, amparados por el miedo y la impunidad, mantienen su política de silencio y aniquilación moral contra todo aquel que se atreva a desafiarlos.