Presos políticos en cárcel de Melena del Sur denuncian el sufrimiento que padecen

Los presos políticos en Cuba no solo enfrentan el hecho de estar encerrados injustamente, sino también la crueldad absoluta de un sistema diseñado para aniquilar la dignidad humana mediante el tormento sistemático.

Las mazmorras del régimen castrista actúan como verdaderos mataderos donde la vida de los opositores carece de cualquier valor frente al sadismo de una tiranía que se niega a soltar el poder. La situación en la cárcel de Melena del Sur, bautizada por los internos como El Cementerio de Melena, ejemplifica la perversión de un Estado fallido que utiliza la reclusión como método de exterminio contra los presos políticos.

Testimonios de la barbarie cotidiana

Armando Michel Rivera Cortinas y Adrián Curuneaux Stivens, dos hombres valientes que pagan con su libertad el costo de desafiar a la dictadura, lograron filtrar manuscritos que exponen el infierno cotidiano dentro de ese penal.

En sus desgarradores relatos, expuestos por el medio independiente CubaNet, ambos describen un escenario dantesco donde la desnutrición, la carencia de asistencia sanitaria y la violencia impuesta por el propio régimen configuran un panorama desolador.

Presos políticos denuncian maltrato en Melena del Sur
Armando Michel Rivera

Rivera Cortinas, condenado por el simple pecado de disentir, relata que el horror alcanza niveles insostenibles. Según sus palabras: “Tememos por nuestras vidas a cada segundo que pasamos”.

La indolencia médica como arma represiva

La indolencia del régimen criminal se manifiesta en la negación de servicios médicos básicos incluso ante cuadros clínicos graves. Rivera Cortinas padece un tumor de próstata diagnosticado hace un año, el cual requiere una intervención urgente que las autoridades carcelarias postergan indefinidamente, sentenciándolo a una muerte lenta.

Este patrón de desatención forma parte de la estrategia represiva contra los presos políticos, quienes sufren el acoso constante de reclusos comunes utilizados por el aparato penitenciario para ejecutar amenazas y hostigamiento.

El mayor Rubicer, representante directo de la opresión en ese recinto, advirtió al activista tras conocer sus denuncias, demostrando que el miedo es la única herramienta que manejan los verdugos castristas contra los presos políticos.

Preso político Adrián Curuneaux Stivens
Adrián Curuneaux Stivens

Hambruna, enfermedades y condiciones infrahumanas

El sistema penitenciario cubano no solo mata con la omisión médica; también lo hace a través de la hambruna programada. Los internos reciben porciones ínfimas de alimentos contaminados, muchas veces infestados de moho o insectos.

La dieta de los reclusos consiste en arroz escaso e infusiones insípidas, provocando una epidemia de bajo peso corporal y debilitamiento extremo. A esto se suma un entorno sanitario inexistente donde la tuberculosis, la escabiosis y la amebiasis campean a sus anchas, mientras el personal médico brilla por su ausencia, dejando a los hombres a merced de la enfermedad y el abandono total.

Arquitectura de la tortura en el Destacamento 9

La arquitectura de la tortura encuentra su máxima expresión en el Destacamento No. 9, donde las condiciones de vida desafían cualquier parámetro de humanidad. Adrián Curuneaux Stivens, quien sufrió el traslado a esta zona del penal, la define como un espacio diseñado para el suplicio.

“Está diseñado para tortura psicológica. Este lugar mide 50 por 6, la cubierta de hormigón se conforma de unas planchas de prefabricado que miden seis metros por 120 centímetros y, en cada unión de 120 centímetros, cada vez que llueve, (…) cae el agua”, sentenció.

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La degradación alcanza límites de humillación cuando los internos se ven obligados a realizar su aseo personal en el mismo sitio donde evacúan sus necesidades biológicas. Esta falta absoluta de salubridad, sumada a la presencia de drogas que circulan con la complicidad de los custodios, convierte el día a día en un calvario sin esperanza.

La dictadura, implacable en su desprecio por los derechos humanos, permitió que la muerte se convirtiera en una constante. Rivera Cortinas asegura que más de 47 hombres fallecieron en menos de un año debido a las condiciones infames.

Mientras tanto, en las sombras de este infierno, otros presos políticos aguardan un desenlace fatal, víctimas de un régimen que prefiere ver morir a los opositores antes que reconocer su fracaso rotundo y su naturaleza criminal.

La historia juzgará a estos opresores por el daño irreparable que causan a tantos presos políticos que solo querían libertad para su país.

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