Régimen monta un patético “homenaje” al prófugo Raúl Castro… sin él

Este viernes, la dictadura montó un circo político en la Tribuna Antiimperialista José Martí, frente a la Embajada de Estados Unidos, para intentar blindar la figura del dictador Raúl Castro ante las recientes acusaciones de la justicia norteamericana.

Sin embargo, el homenaje anticipado por sus 95 años terminó convertido en un símbolo de la decadencia absoluta del sistema, pues el hoy prófugo de la justicia Raúl Castro brilló por su ausencia, dejando al puesto a dedo Miguel Díaz-Canel solo frente al ridículo.

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Y es que la estampa fue, ante todo, patética: una plaza llena de trabajadores obligados, una tribuna vacía y el nombre de Raúl Castro resonando en los altavoces de una localidad en ruinas, sin que el principal interesado se dignara a comparecer.

La movilización, orquestada por la Unión de Jóvenes Comunistas y otras estructuras de control social, pretendía ser una muestra de fuerza frente a la imputación penal por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.

En lugar de eso, la jornada expuso la irrelevancia del acto. La sombra de Raúl Castro, lejos de inspirar fervor, provocó una oleada de mofa en las redes sociales. Los cubanos, hartos de décadas de miseria, vieron en este despliegue de oportunismo una señal clara: parece que ni siquiera el anciano octogenario tiene interés en sostener la fachada.

Un uniforme que no oculta el miedo

Díaz-Canel apareció en escena con su acostumbrado disfraz de verde olivo, un intento desesperado por evocar una autoridad que ya no posee. “Por Cuba y por Raúl, estamos en la Tribuna Antiimperialista. Raúl es Raúl”, escribió en la red social X, buscando otorgar peso institucional a un evento que carecía de alma.

Este hecho no logró ocultar el vacío de poder. La realidad es terca: Raúl Castro se ausentó de eventos cruciales antes, como el 9º Congreso del Partido Comunista en marzo de 2026, donde su ausencia marcó el inicio de una realidad incierta.

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos puso sobre la mesa cargos graves: conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato. La justicia internacional acecha a un delincuente que, según las propias palabras de Díaz-Canel en abril pasado, se encuentra “vivo pero retirado por razones de salud” y “frágil debido a su avanzada edad”.

Pero conociendo cómo operan los dictadores, su fragilidad se convierte en el refugio perfecto para evitar el escrutinio público.

La farsa ante el mundo

El régimen se movilizó con la maquinaria de siempre: acarreados, policías vestidos de civil y militares en alerta, intentando simular un apoyo popular inexistente. La cúpula que hoy intenta proteger a Raúl Castro define la acusación como una “acción política, sin ningún basamento jurídico”, negando la realidad del crimen cometido aquel 24 de febrero de 1996.

Mientras Díaz-Canel intenta presentar al dictador como su “maestro”, el pueblo cubano observa cómo el edificio de privilegios y miedo se resquebraja con cada ausencia.

¿Y Raúl Castro?

La última aparición de Raúl Castro fue el pasado 1 de mayo, en una imagen que dejó al país en silencio por el visible deterioro físico del exmandatario. Tres semanas después, el desplante es total.

Raúl Castro no asiste a su propio "homenaje"
Raúl Castro

La “defensa” del régimen no es más que una pataleta ante la inminencia de un desenlace que ni la movilización forzada ni los discursos gastados pueden detener. Al final del día, el acto en la Tribuna Antiimperialista no fue un homenaje a un líder, sino el funeral político de una estructura que se desmorona, mientras el principal responsable del caos se esconde, incapaz o indiferente (quién sabe) de seguir interpretando su papel.

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