Réplica a Carlos Fernández de Cossío en PBS: el régimen es el responsable del “castigo colectivo” a los cubanos (+VIDEOS)

Carlos Fernández de Cossío en PBS volvió a recurrir a uno de los argumentos más persistentes de la diplomacia cubana: presentar la crisis nacional fundamentalmente como consecuencia de las acciones de Estados Unidos y reducir el papel de las decisiones económicas y políticas adoptadas durante décadas por el propio Gobierno de La Habana.

La presión estadounidense existe, se ha intensificado y tiene consecuencias reales. Pero reconocerlo no obliga a aceptar la otra mitad del discurso: que el poder cubano apenas sería una víctima sin responsabilidad sobre el desastre.

Durante la entrevista con Amna Nawaz en PBS NewsHour, el viceministro cubano de Relaciones Exteriores afirmó que la política estadounidense pretende provocar un “castigo colectivo” y una crisis humanitaria para alcanzar objetivos políticos.

También aseguró que los funcionarios sufren apagones y carencias como cualquier ciudadano y calificó de “totalmente falso” que exista una diferencia entre una élite y el resto de la población, como dijera el sucesor del Mentiroso en Jefe, Díaz-Canel, en una entrevista con un medio brasileño.

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La propia administración estadounidense sostiene que parte de sus sanciones están dirigidas contra empresas y estructuras vinculadas a los militares cubanos, mientras La Habana rechaza que exista una élite beneficiada por el sistema.

¿Los apagones comenzaron con Trump?

No.

Las nuevas restricciones sobre el combustible pueden empeorar gravemente la situación energética, pero la crisis eléctrica cubana es anterior. Human Rights Watch documentaba ya durante 2025 protestas provocadas, entre otros factores, por apagones prolongados, escasez y deterioro de las condiciones de vida. El organismo describió además una crisis económica que afectaba seriamente el acceso a alimentos, electricidad y atención sanitaria.

Por tanto, la presencia de Carlos Fernández de Cossío en PBS podrá servir para atribuir a Washington un agravamiento reciente, pero convertir esa presión en justificación borra años de deterioro de la infraestructura, baja productividad y problemas estructurales.

Mientras el funcionario responsabiliza al exterior, el propio régimen cubano está introduciendo supuestas reformas para flexibilizar una economía que mantuvo durante décadas bajo rígido control estatal. Reuters informó este mes sobre nuevas medidas para facilitar inversión, actividad privada y operaciones empresariales, continuación de un paquete de reformas iniciado en junio.

Si el modelo anterior funcionaba correctamente, ¿por qué necesita semejante transformación?

¿Todos sufren igual?

Fernández de Cossío contó que él y otros funcionarios tienen apenas unas horas de electricidad, carecen de agua corriente y hasta necesitan pedir a vecinos que les refrigeren alimentos.

¡Nadie se lo cree!

Más importante todavía: sufrir un apagón no coloca automáticamente a un viceministro y a un ciudadano corriente en idéntica posición frente al Estado. Uno participa de sus estructuras de poder; el otro carece de mecanismos equivalentes para cambiar al Gobierno mediante competencia política plural.

La Constitución cubana establece que el Partido Comunista es único y constituye la “fuerza política dirigente superior” de la sociedad y del Estado. El pluralismo político competitivo, por tanto, no forma parte del sistema constitucional cubano.

¿Soberanía? También para el ciudadano cubano

Fernández de Cossío defendió que aceptar que Washington determine cómo organizar la economía o el sistema político cubano sería una traición.

Este alarde en la defensa de la soberanía nacional podría ser debatible y defendible. Pero queda otra pregunta: ¿quién decide dentro de Cuba? ¿Por qué el cubano de a pie no puede proponer y exigir cambios radicales?

Porque soberanía no debería significar solamente independencia frente a Washington. También plantea la cuestión de la capacidad de los ciudadanos para criticar, organizarse, protestar y disputar pacíficamente el poder.

Human Rights Watch estimaba en julio que alrededor de 800 presos políticos permanecían encarcelados según organizaciones independientes, casi la mitad relacionados con las protestas de julio de 2021. La organización ha documentado además detenciones arbitrarias, hostigamiento contra periodistas y activistas y restricciones contra la disidencia.

Ese problema no puede atribuirse a un petrolero que dejó de llegar.

El embargo tampoco encarcela disidentes

Este es quizá el punto que más debilita el argumento oficial. Se puede criticar el embargo estadounidense, cuestionar sus efectos humanitarios y rechazar medidas que castiguen indiscriminadamente a la población cubana.

Pero las medidas estadounidenses no justifican mantener encarcelados a críticos del sistema. Más de 1000 presos políticos permanecen tras las rejas según organizaciones independientes.

Ambas realidades pueden existir simultáneamente: Washington puede adoptar políticas que agraven las dificultades económicas de Cuba y La Habana puede ser responsable de represión política, malas decisiones económicas y ausencia de libertades.

Carlos Fernández de Cossío en PBS pide dialogar pero no borrar responsabilidades.

Que La Habana y Washington dialoguen puede resultar útil para asuntos bilaterales. Fernández de Cossío confirmó a PBS que han ocurrido contactos y aseguró que Cuba está dispuesta a retomarlos, aunque admitió que hasta ahora no existe progreso.

Pero el diálogo exterior no debería servir para ocultar el debate interior, el sentir de la gente en su cotidianeidad.

Carlos Fernández de Cossío en PBS defendió a su régimen con el argumento que la diplomacia cubana conoce y repite de memoria: Cuba sufre porque Estados Unidos la asfixia.

La presión estadounidense pesa, pero no más que décadas de errores económicos, el deterioro de la infraestructura, la falta de competencia política y la represión documentada contra quienes cuestionan al poder.

Y después de casi siete décadas de “revolución”, atribuir cada fracaso interno al vecino del norte ya es un cuentecito que nadie quiere dar crédito, ni escuchar.

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