Yo no sé si reír o llorar. De verdad que no sé. Resulta que Yuliet Teresa Villares Parejo, aquella muchacha de Ciego de Ávila que en noviembre de 2018 fue descubierta plagiando textos del intelectual cubano Rafael Rojas en el sitio cultural Claustrofobias, la misma que según su propia tutora de tesis le robaba el saldo del celular y terminó con la PNR y la ETECSA metidos en el asunto, apareció esta semana en Ginebra, Suiza, nada más y nada menos que en el V Foro Permanente de Afrodescendientes de las Naciones Unidas.
Dictando cátedra de antirracismo, claro.
Para los desmemoriados, y porque yo soy así de servicial, les refresco la historia. En noviembre de 2018, el escritor Yoandy Cabrera denunció públicamente, en su blog Nombrar Cosas, que nuestra protagonista había firmado como propio un artículo de Rafael Rojas y lo había publicado en Claustrofobias. Los administradores del sitio, gente seria, retiraron el artículo en cuanto les avisaron. Pero cuando Yoandy localizó otro plagio de la misma autora en el mismo sitio, los administradores tomaron una decisión que lo dice todo: retiraron todos, absolutamente todos los artículos publicados bajo el nombre de Yuliet Teresa Villares Parejo.
Todos. No uno. Todos. Si se quiere enterar bien del brete lea aquí: Yoandy Cabrera: ·Plagio o De cómo Rafael Rojas publicó en Cuba bajo el pseudónimo de Yuliet Teresa Villares Parejo·
El caso no quedó ahí. Cuballama también recogió el escándalo y mencionó que los plagios incluían textos de la BBC, además de los de Rojas. Varios plagios comprobados, varios textos retirados, y un historial que cualquier persona de bien habría usado para desaparecer del mapa cultural cubano por un buen tiempo, a reflexionar, a pedir perdón, a hacer algo. Lo que sea.
Pero no, querides… el plagio, por si alguien no lo sabe, no es un fenómeno exclusivo de muchachas de Ciego de Ávila con ambiciones de foro internacional. En ese artículo se menciona además el caso del periodista oficialista cubano Jorge Rafael Matos Cabrales, quien en octubre de 2015 publicó en el diario provincial santiaguero Sierra Maestra un artículo sobre la crisis del béisbol cubano. El texto era elocuente, bien argumentado, y tenía un solo problema: era el mismo artículo que otro periodista cubano, Michel Contreras, había publicado días antes, con otro título y otro firmante. Cuando Diario de Cuba detectó el plagio y se armó la protesta en redes, Sierra Maestra retiró el artículo sin mayor explicación.
El plagio es una enfermedad vieja y extendida que no distingue ni de latitudes ni de jerarquías. Recordemos cómo en septiembre de 2018, el mismo año del escándalo de nuestra protagonista, la prensa europea se sacudió con las acusaciones contra el mismísimo Pedro Sánchez, actual Presidente del Gobierno de España, por haber plagiado su tesis doctoral.
A Sánchez lo defendió El País, que salió a explicar “en qué consiste exactamente el plagio”; y La Vanguardia lo absolvió con el argumento de que “dos softwares detectores de plagio no detectaron nada”.
Y ustedes me preguntarán… ¿a qué viene esto? Bueno… aquí viene la parte que me dejó a mí con la boca abierta cuando lo encontré investigando: ese mismo año de 2018 del escándalo de Sánchez, fue el año del escándalo con Yuliet Teresa Villares Parejo. A Sánchez “lo salvó” la prensa española; mientras que Yuliet “ganó” el Premio Eliseo Diego de crítica literaria por su libro “El Roce de los Cuerpos.” ¡A saber a quién plagió la niña! Pero es evidente, que de alguien cogió “cositas” y las puso como si se le hubiesen ocurrido a ella.
Así funciona el sistema de premios en Cuba, amigos. Mientras Yoandy Cabrera denunciaba los plagios y Claustrofobias retiraba todos sus artículos, alguien en algún jurado decidió que Yuliet Teresa Villares merecía el premio nacional de crítica que lleva el nombre de uno de los poetas más honestos que ha dado este país. Que Eliseo Diego me perdone desde donde esté.
Pero esperen, que el cuento tiene más tela.
Yuliet Teresa Villares: la plagiadora que le fachó el saldo del celular a su tutora de tésis en Cuba
Ariadna Arias Martínez, que fue su tutora de tesis, se apareció hace un par de horas en los comentarios del post del periodista Siro Cuartel, quien con su elegante ironía de siempre escribió: “Nunca he ido a Ginebra… voy a tener que empezar a plagiar textos.” Y Ariadna, que al parecer lleva años esperando el momento, soltó su testimonio sin anestesia: que Yuliet Teresa también le robaba el saldo del celular, que el asunto terminó con la PNR y la ETECSA involucrados, que ella perdió hasta un año de universidad por el lío, y que todavía, a día de hoy, no le ha devuelto lo que le robó.
“Seguro en Ginebra hace dinerito y me paga”, remató Ariadna, con una resignación y un sarcasmo que me parece de antología.
Ahora bien, el post que Yuliet Teresa Villares publicó desde Ginebra es una pieza notable en su género. Arranca con “No hay verdades absolutas”, y desde ahí construye varios párrafos sobre “complejidad”, “entramado histórico”, “narrativas” y “la mirada que convierte todo en una superficie lisa.” Es muy bonito de leer. Fluye bien. Tiene ritmo. Para quienes conocemos su historia, tiene además un valor añadido que ella seguramente no planeó: es difícil leer “no hay verdades absolutas” de la mano de alguien a quien le retiraron todos sus artículos por firmar textos ajenos como propios. Eso, de donde yo vengo, se llama ironía.
Y entonces llegaron los comentarios. Ahí fue que se puso bueno de verdad.
Rosa Marquetti, sin ironía y sin rodeos, le preguntó directamente si estaba en Ginebra representándose a sí misma y costeando sus propios gastos al más puro estilo Sucely Morfa en Panamá, o si formaba parte de alguna delegación oficial. Una pregunta sencilla, cortés, que cualquier persona que va a un foro de la ONU como ciudadana independiente puede responder en dos líneas.
Yuliet Teresa Villares no la respondió en dos líneas. Respondió que “no soy opinadora independiente, soy una persona” y que “no hay representación oficial, es muy polarizado esto.” Rosa, que tiene paciencia pero no es boba, le volvió a preguntar. Y Yuliet Teresa volvió a no responder, esta vez con otra frase de la colección: “escuché a todes en el Foro, porque sobre todo se aprende, se abraza, se construye.” ¡Qué lindo! ¡Si hasta me he erizao y todo leyéndola!
Se abraza… ¡wow! Menos mal que ya no hay COVID.
Rosa resumió en dos o tres comentarios más lo que muchos pensaban: que el post era lo suficientemente genérico y etéreo como para ser interpretado de cualquier manera, que se parecía mucho a la narrativa que promueve el gobierno cubano en su política de “atracción solidaria”, imprecisa y difusa, y en negación de realidades opresivas concretas.
María Félix Pérez también le metió la pregunta que a Rosa no le contestó: “¿Y quién pagó los pasajes y la estancia de esos muuuchos cubanos en Ginebra, Suiza?” Silencio administrativo. La misma respuesta que el régimen cubano da cuando le preguntan por los muertos bajo custodia.
La activista Yanelis Núñez, una de las que habló en Ginebra sobre el racismo instrumentalizado en Cuba, y quien a diario documenta y denuncia violaciones de derechos humanos en Cuba, le dijo que había leído el texto dos veces y no había entendido qué quería decir. Normal, yo tuve que pedirle al ChatGPT “que me lo tradujera”.
Yanelis le explicó además que en Cuba no hay bandos, hay una dictadura. Yuliet Teresa Villares le respondió que “cuando el discurso de odio, del lugar que venga, sea eliminado, habremos ganado.” Ynl le preguntó quiénes habrían ganado exactamente. No hubo respuesta.
Pero el momento estelar, el que me hizo a mí literalmente soltar una carcajada, fue cuando Eduardo Luis Sardiñas le dijo con toda la franqueza del mundo que esperaba que practicara la coherencia que tanto defiende, que no fuera “una títere más.” Y Yuliet Teresa, sin pestañear, le respondió: “Soy coherente y lo sabes.”
Soy coherente.
Ella. La que ganó un premio de crítica literaria el mismo año en que le retiraron todos los artículos por plagiar. La que le robaba el saldo del celular a su tutora de tesis. La que fue a Ginebra sin explicar quién pagó el viaje. Esa misma persona dice que es coherente, y lo dice con la tranquilidad de quien realmente lo cree.
Hay que tenerlos cuadrados, como diría cualquier cubano de a pie.
Mónica Baró, periodista independiente y una de las personas más serias que conozco en el belecumbele de las redes, le dijo lo que había que decirle, sin adornos: un hecho concreto es que las mujeres cubanas negras que también estuvieron en ese foro no pueden volver a Cuba, porque están exiliadas, mientras quienes van de parte del régimen que las exilió sí pueden regresar. Y que si no se entiende esa desigualdad concreta y específica, difícilmente se puede entender cualquier otra. La violencia, dijo Mónica, jamás debería ser relativizada.
Yuliet Teresa Villares respondió que “quien quiera dividir forma parte del mismo sistema de opresión racista que busca segregar, segmentar, polarizar.”
O sea: Mónica Baró, que no puede volver a su país, forma parte del sistema de opresión. Y Yuliet Teresa, que sí puede volver, que viaja a Ginebra y regresa tranquilamente a La Habana donde trabaja en el Centro Memorial Martin Luther King Jr., es la que lucha contra ese sistema. Ajá. Ya entendí.
Yuliet Teresa Villares le respondió que el racismo busca siempre polarizar, que son los mismos amos con distintos métodos. Una frase muy bonita, muy redonda, perfectamente construida. Tan perfectamente construida que a uno le dan ganas de buscar de quién la copió esta vez.
Con esos aplausos llegaron, como era de esperar, los dos personajes que terminaron de redondear el cuadro. Félix López, el Efe Lo, que vive en España, fue asesor de Hugo Chávez, es amiguito de toda la vida de Díaz-Canel y, según quienes lo conocen bien, actúa como doble agente de Cuba y Venezuela desde la península ibérica, fue uno de los primeros en felicitarla.
Lee: Cubano amiguito de Díaz-Canel asesoró a Chávez, ahora vive en España y recibe paga de Venezuela
Y Francisco Rodríguez Cruz, Paquito Recarguita, militante del Partido Comunista de Cuba que odia públicamente a los “gusanos de Miami” pero que antes de ser expuesto como tal, les mandaba mensajitos privados pidiéndoles que le pongan “una recarguita” al celular, también salió a decirle qué bien que estaba allí.
“Si esta gente te felicita… por ahí no es la cosa,” escribió Cuartel en otra publicación de Facebook.
Una plagiadora con premio Eliseo Diego, aplaudida por un agente doble y por el militante comunista que pide recargas a los mismos que desprecia, hablando de racismo en la ONU sin explicar quién pagó el pasaje.
Yo, que nunca he ido a Ginebra y que tampoco he plagiado a nadie, me quedo aquí en mi casa pensando en Ariadna Arias, que perdió un año de universidad y todavía espera que le devuelvan lo que le robaron. Y en Mónica Baró, que no puede volver a su país. Y en todas las mujeres negras cubanas que estuvieron en ese foro y que, a diferencia de Yuliet Teresa Villares Parejo, no tienen la opción de regresar a casa después.
Eso sí que es una injusticia estructural que no necesita ningún foro internacional para entenderse. Ni ninguna frase bonita sobre la complejidad. Ni ningún abrazo hipócrita en Ginebra.