Roberto Suárez: el fotorreportero que defiende el castrismo y le pide al exilio que lo financie

Sale en video con una bicicleta rota que ni es suya para pedir dinero; en otros pide recarga e insinua necesita un disco duro y una computadora; reconoce que su salario no le alcanza, pero siempre ataca al exilio cubano. Roberto Suárez trabaja para Juventud Rebelde, cobra 4,500 pesos y sobrevive gracias a los “gusanos” que el régimen que el defiende ha despreciado históricamente

Esta es la historia “bastante completa” de un hombre partido en dos. Uno que trabaja para un diario oficial del régimen, defiende a Díaz-Canel en cada directa y recibe dólares del exilio para pagar sus cuentas.

En sus transmisiones en vivo usa un cuchara a la que en la punta le tiene “acoplado” un micrófono. Roberto Suárez, fotorreportero de Juventud Rebelde y administrador de Cuba en Fotos, usa ese utensilio de cocina mientras le explica al mundo que el bloqueo yanqui es el culpable de todo lo que le falta en la vida. Lo que no explica es que para seguir haciéndolo necesita, cada semana, el dinero de los cubanos emigrados.

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Roberto Suárez: el fotorreportero que defiende el castrismo y le pide al exilio que lo financie 3

Su número de teléfono aparece público en Instagram. No se esconde. Es un hombre que vive en La Habana, trabaja para Juventud Rebelde, el diario oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas, y ha construido una presencia digital considerable: casi 187 mil seguidores en Instagram, más de 37 mil en Facebook, un canal de YouTube activo y una página llamada Cuba en Fotos que lleva años mostrando imágenes idílicas de la isla con el sello del periódico del régimen. Nunca un basurero. Un cubano reprimido por la policía. Él, desde que limbiapa trenes en su natal Ciego de Ávila se cuida mucho.

En sus transmisiones en vivo, a pesar de su bajísimo nivel cultural, Suárez actúa como “analista político”, guía turístico improvisado y comentarista de la crisis cubana. Habla del petróleo ruso que llegó a La Habana, de la refinación del crudo nacional en Santiago de Cuba, de por qué la ciudad apareció iluminada en fotos recientes. Explica, con la paciencia de alguien convencido de tener razón, que las sanciones de Estados Unidos son la causa principal de los apagones, del desabastecimiento y del sufrimiento del pueblo.

En un video reciente, intentó explicar porqué Castro desmanteló los centrales. Dice que “tal vez” fue un error, pero un error que a él no le toca explicar, y le pasa la papa caliente a los jerifaltes de la Industria del azúcar.

Su historia desde casi el comienzo

Cuando empezó en esto de las redes sociales, a cada rato pedía recargas para su móvil, dice que para poder subir las fotos bonitas de Cuba a las redes sociales. Fotos para los nostálgicos.

Cuando le empezaron a pedir fotos específicas el disco duro de su computadora colapsó de tanto almacenamiento. Entonces pidió ayuda monetaria para comprar un disco duro de más capacidad.

Antes de que tres seguidores de su canal le aportaran lo suficiente para comprarse una bicicleta eléctrica, hecho que sucedió recientemente según reconoció él mismo en esa transmisión de Youtube citada, hubo un video que circuló ampliamente y que retrata con exactitud el método que Suárez lleva años usando para complementar sus ingresos.

Sucedió cuando varios de sus seguidores le empezaron a pedir fotos de tal o más cual lugar. Obvio, dijo que cumpliría, pero que tenía que desplazarse; que iba a ver cómo hacía.

Apareció entonces en un video con una bicicleta visiblemente destrozada, que según él ni siquiera era suya. La usó como argumento visual, como escenografía de la precariedad, para dejarle claro a su audiencia el estado en que se encontraba su movilidad cotidiana. El mensaje no necesitaba palabras: así ando, con esto funciono, ayúdenme.

No fue la primera vez ni la más llamativa. En 2020, Cubanos por el Mundo documentó el episodio que mejor resume quién es Roberto Suárez cuando la revolución no le alcanza para pagar las cuentas. Se le rompió la computadora, su herramienta de trabajo principal, y salió a las redes a pedir ayuda monetaria para repararla. A los cubanos residentes en Estados Unidos les aclaró el método con precisión: podían enviarle el dinero por Western Union.

El mismo hombre que por esas fechas atacaba en redes al presentador cubano Alexander Otaola, que lo acusó públicamente de pedófilo y se convirtió en uno de los rostros más activos de la campaña del régimen contra el exilio mediático en Miami, tenía extendida la mano hacia ese mismo exilio para que le mandara dólares por una empresa de transferencias de dinero.

El limpiatrenes del Juventud Rebelde: así lo conocen sus compañeros de trabajo

En la redacción del diario oficialista Juventud Rebelde, Roberto Suárez no necesita presentación. Sus colegas lo conocen por dos apodos que dicen más de él que cualquier credencial periodística. El primero es “el limpiatrenes”, un mote que circula entre los trabajadores del diario y que Cubanos por el Mundo recogió a partir de fuentes internas que hablaron bajo anonimato. El segundo es igualmente revelador: “el jinetero de las recargas”, una referencia directa a su costumbre de pedirle a sus seguidores en el exterior que le recarguen el teléfono o le envíen dinero para sus necesidades cotidianas, como ya hemos mencionado.

Pero lo que más pesa en su reputación interna no son los apodos. Son las acusaciones que compañeros suyos han hecho, también bajo anonimato, ante Cubanos por el Mundo: señalan a Suárez como colaborador activo de la Seguridad del Estado cubana, lo que en el contexto periodístico de la isla significa algo muy concreto. No es un fotógrafo que simplemente trabaja para un diario oficialista. Sería, según esas fuentes, alguien que además reporta, vigila y filtra información hacia el aparato de inteligencia del régimen.

El televisor roto, la cámara, la computadora y la bicicleta: un historial de pedidas que Cubanos por el Mundo documentó una por una

La computadora es el episodio más conocido porque fue el más escandaloso. Roberto Suárez salió en un Facebook Live pidiendo 300 dólares para repararla, aclarándoles a los cubanos residentes en Estados Unidos que podían enviarle el dinero por Western Union. El problema se resolvió en menos de 24 horas. Él mismo lo confirmó cuando el influencer Ultrack lo llamó al número público que circuló en redes para desenmascararlo.

“Hoy las personas respondieron y en menos de 24 horas se resolvió el problema con una persona de acá afuera”, dijo Suárez al teléfono, intuyendo que la llamada no era de buena fe.

Pero la computadora no fue ni la primera ni la última. Una seguidora identificada como Yilén La O reveló a Cubanos por el Mundo que Suárez había sacado en su página de Facebook, en dos ocasiones distintas y con fotos como evidencia visual, el mismo televisor roto, pidiendo dinero para repararlo. Dos veces. El mismo método: mostrar el objeto dañado, explicar la situación, esperar que la audiencia, mayoritariamente cubana y mayoritariamente fuera de la isla, respondiera con dinero.

A eso se suma la cámara fotográfica, su herramienta de trabajo profesional, para la que también pidió ayuda económica a sus seguidores argumentando que quería mejorarla.

Recargas de datos, disco duro, computadora, bicicleta, televisor… la lista de pedidas de Roberto Suárez tiene varios capítulos y todos terminan igual: con algún cubano fuera de la isla poniendo el dinero.

Lee: Fotorreportero castrista y reconocida ciberclaria Anti-Otaola, pide ayuda monetaria para reparar su computadora (+Video)

El “bloqueo” que lo censura y el capitalismo que necesita para cobrar

Hay una contradicción en el modelo de negocio de Suárez que va más allá de la anécdota y toca la estructura misma de lo que hace. En uno de sus lives llegó a mencionar, de pasada, que no podía monetizar el canal directamente. Lo atribuyó al bloqueo de Estados Unidos y siguió adelante sin detenerse en las implicaciones de lo que acababa de decir.

Las implicaciones son estas: Cuba no figura entre los países autorizados por Google AdSense para recibir pagos de YouTube. No existe ningún puente financiero entre la plataforma y los bancos cubanos. Eso significa que cualquier creador de contenido cubano que quiera convertir sus visualizaciones en dinero tiene una única vía práctica: alguien fuera de la isla que gestione una cuenta bancaria válida en un país donde esas transacciones sean posibles.

Puede ser un familiar en Miami, un amigo en Madrid, un intermediario profesional en Ciudad de México que cobra entre el 20 y el 40 por ciento de los ingresos a cambio del servicio. Sin ese contacto exterior, el dinero de YouTube no llega a Cuba. Así funcionan todos los youtubers cubanos que monetizan desde la isla, sin excepción.

Así funciona, casi con certeza, Roberto Suárez. El fotógrafo de Juventud Rebelde que explica en cada transmisión los males del imperialismo yankee necesita, para cobrar lo que ese imperialismo le paga por sus videos, a alguien que viva dentro de ese mismo sistema que combate.

El bloqueo que denuncia es real en ese sentido concreto. Le impide cobrar directamente. Pero la solución que aplica, por necesidad o por conveniencia, pasa invariablemente por uno de esos gusanos que tan bien conoce y a los que tan bien sabe pedirle dinero cuando hace falta.

Un hombre partido en dos que transmite desde La Habana todas las noches

No hay que buscar la maldad en Roberto Suárez para entender lo que hace. Hay que buscar el sistema que lo produce.

Un trabajador de un medio estatal cubano que gana 4,500 pesos al mes en un país donde todo se ha dolarizado tiene que inventar para sobrevivir. Si tiene audiencia en redes, la usa. Si esa audiencia está mayoritariamente fuera de Cuba, hacia allá apunta. Si para cobrar necesita a alguien en el exterior, lo consigue. Si para mantener la credibilidad frente al régimen que lo emplea tiene que atacar al exilio en sus videos, lo ataca.

El resultado es un hombre partido en dos que no parece notar la fractura, o que ha decidido que notarla no le conviene. Transmite desde La Habana todas las noches con una cuchara por micrófono, le pide a sus seguidores dos toquecitos en la pantalla para subir los likes, y sigue construyendo, con paciencia y constancia, el negocio digital más contradictorio de Cuba.

El humanísimo Roberto Suárez, le dijo NO a una doctora cubana que moría sola en Argentina

Este es el episodio que más indigna de todo el expediente de Roberto Suárez, y es también el que mejor lo define como persona. Antes de que su costumbre de pedir dinero al exilio se volviera ampliamente conocida, antes de la computadora y el Western Union y las llamadas de Ultrack, hubo un momento en que alguien le pidió a Suárez algo que no costaba un centavo.

El abogado cubano Jovann Silva, uno de los primeros cubanos que viajó a la frontera entre México y Estados Unidos a ayudar a sus compatriotas varados tras el fin de la política de Pies Secos Pies Mojados, contactó a Roberto Suárez con una petición específica. Le pidió que compartiera en Cuba en Fotos, su página con decenas de miles de seguidores, el caso de Janet Gil, una doctora cubana que había abandonado la Misión Médica en Paraguay, se había refugiado en Argentina y se encontraba sola, moribunda y abandonada en ese país sin que nadie le prestara ayuda.

No le pedía dinero. No le pedía que grabara un video ni que se comprometiera políticamente con nada. Solo le pedía que compartiera una publicación para darle visibilidad al caso de una cubana que se estaba muriendo.

Suárez respondió con una sola palabra: no.

Janet Gil murió. Cubanos por el Mundo documentó tanto el caso de su deterioro como el de su fallecimiento posterior, ocurrido tras no recibir atención oportuna del consulado cubano en Argentina.

Jovann Silva contó públicamente lo sucedido en su muro de Facebook al momento en que el video de Suárez pidiendo dinero para la computadora se hizo viral. La ironía era demasiado obvia para no señalarla: el mismo hombre que le había dicho no a una moribunda, salía semanas después a pedirle 300 dólares por Western Union a la misma comunidad cubana del exterior a la que atacaba en sus publicaciones.

El video original de la pedida fue borrado por el propio Suárez al mediodía del día en que comenzó a circular masivamente. Pero otro usuario lo había descargado y lo subió a YouTube, lo que impidió que el intento de borrón funcionara. La historia ya estaba en la calle.

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