El periodista independiente cubano Yoe Suárez presentó ante la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) un desgarrador testimonio escrito que desnudó la persecución sistemática que sufren niños y adolescentes en la isla comunista, dejando una vez más en evidencia que la maquinaria represiva de la dictadura cubana no conoce límites éticos ni generacionales.
El informe documentó cómo el aparato de la Seguridad del Estado utilizó a los hijos de pastores, disidentes y ciudadanos críticos como rehenes políticos para quebrar la voluntad de quienes decidieron vivir bajo los preceptos de su fe y no bajo el dogma comunista.
La declaración de Yoe Suárez se incorporó a una audiencia clave de la USCIRF enfocada en el impacto de las violaciones a la libertad de culto sobre la infancia. Con un lenguaje crudo y directo, el comunicador exiliado desglosó un patrón de hostigamiento que incluyó detenciones arbitrarias, amenazas de pérdida de custodia y acoso escolar.
En ese sentido, el periodista consideró que la urgencia de visibilizar estas atrocidades resultó vital ante el recrudecimiento de la violencia estatal en un país donde creer en Dios se convirtió en un acto de resistencia civil.
Yoe Suárez denuncia el calvario de la familia Muir: un adolescente tras las rejas
Uno de los testimonios más impactantes que ofreció Yoe Suárez fue el de Jonathan David Muir Burgos, un joven de apenas 16 años que terminó bajo custodia del régimen. Jonathan es hijo del pastor evangélico Elier Muir Ávila, líder de la iglesia “Tiempo de Cosecha”, una congregación que las autoridades cubanas se negaron a registrar legalmente para mantenerla en la vulnerabilidad.

El menor resultó arrestado tras las manifestaciones populares en Morón el pasado 14 de marzo, en lo que se denominó la “Primavera de Fuego”.
“El pastor evangélico Elier Muir vive ahora mismo esta pesadilla. Su hijo menor, Jonathan Muir, de 16 años, permanece detenido, acusado de participar en las intensas protestas de esta ‘Primavera de Fuego’ en la ciudad de Morón el 14 de marzo”, escribió Yoe Suárez en su declaración oficial.
Entretanto, la USCIRF identificó este caso como una clara muestra de “coerción por poder”, donde el sistema judicial castrista castigó al hijo para amedrentar al padre por su labor espiritual y su liderazgo social.
Traumas infantiles bajo el asedio policial
El informe que redactó Yoe Suárez no solo se centró en encarcelamientos, sino en el impacto psicológico indeleble que la policía política dejó en los más pequeños.
El periodista citó el caso de Emma, una niña de solo tres años, hija del activista Ernesto Ricardo Medina. La pequeña presenció el momento en que agentes del régimen esposaron a su padre en plena madrugada tras un violento registro en su vivienda de Holguín.
La esposa de Ricardo Medina, según recogió Yoe Suárez, relató con dolor el vacío que quedó en su hogar.
“Lo más duro ha sido enfrentar, junto a Emma, el vacío en la casa: saber que nuestra familia no está completa y no saber qué decirle a la niña cuando pregunta por su papá. ¿Qué se supone que le diga? ¿Qué está en prisión por expresarse libremente?”, apuntó.
Escenas similares vivieron los hijos del pastor Rolando Pérez Lora y de la periodista Yunia Figueredo, quienes observaron cómo sus padres resultaron secuestrados por patrullas policiales solo por predicar el Evangelio o protestar por la falta de alimentos y electricidad.

La educación en Cuba, controlada estrictamente por el Partido Comunista, sirvió como escenario para la discriminación religiosa. Yoe Suárez documentó cómo estudiantes menores de edad sufrieron humillaciones por portar símbolos de su fe. Desde la prohibición del uso de la kipá a un niño judío en Nuevitas, hasta el caso de un pequeño de ocho años a quien una maestra arrancó una pulsera con el nombre de Jesús, el Estado cubano violó el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones.
Especialmente grave fue la situación de Ruth, de cinco años, hija del pastor Raciel Vega Matos. En 2023, la niña sufrió aislamiento en su propia aula por negarse a participar en actos de exaltación política hacia figuras como Fidel Castro o el “Che” Guevara. Los directivos escolares separaron su pupitre del resto y prohibieron a otros niños interactuar con ella. Este acoso provocó en la menor una fobia escolar tal, que sus padres intentaron educarla en casa, lo que desencadenó amenazas de quitarles la custodia bajo el nuevo Código de las Familias. Finalmente, la familia se vio forzada al exilio para proteger la integridad de la pequeña.
El Código de las Familias: un arma contra la patria potestad
En su intervención, Yoe Suárez alertó sobre cómo el régimen utilizó herramientas legales para institucionalizar la persecución. El caso de Katherin Acosta, de siete años, ilustró esta realidad. La niña fue interrogada por la Oficina de Protección de Menores en Camagüey debido a que su madre, Marisol Peña Cobas, mantenía una postura frontal contra el castrismo. Las autoridades acusaron a la madre de no inculcar “amor por los Castro” en la menor, una exigencia que raya en lo orwelliano.
Yoe Suárez enfatizó que estas acciones buscaron quebrar el tejido social de la isla, forzando a las voces críticas a abandonar el país bajo la amenaza de perder a sus hijos. El periodista concluyó su intervención con un llamado urgente a organismos internacionales como UNICEF para que dejen de ignorar la realidad cubana y monitoreen la situación de los menores perseguidos.
“El cambio en Cuba es urgente, para que la nación y sus niños puedan sonreír otra vez”, sentenció.
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