El sacerdote cubano Alberto Reyes genera un fuerte debate dentro y fuera de la isla tras pronunciarse sobre la posibilidad de una intervención militar extranjera en Cuba.
Reyes asegura que una parte significativa de la población civil ya no ve con rechazo una eventual acción armada, sino como una vía para poner fin al régimen.
Las palabras del sacerdote surgen en medio de especulaciones no confirmadas sobre un supuesto interés de Estados Unidos en realizar una operación para derrocar a la dictadura cubana. El tema ha cobrado fuerza en los últimos días, especialmente entre los emigrados cubanos.
Según Alberto Reyes, la reacción de horror o desconcierto ante esa posibilidad proviene mayoritariamente de quienes no residen en la isla. “No viven en Cuba, no pasan hambre, no carecen de medicamentos, no sufren apagones, no tienen hijos emigrados ni han perdido el horizonte de sus sueños”, enfatiza en su alocución.
En cambio, afirma que dentro del país el sentimiento dominante es muy distinto, la ciudadanía no centra su atención en la invasión como tal, sino en la necesidad de terminar con una situación que describe como “una pesadilla que nos ha robado la vida durante generaciones”.
El sacerdote plantea las preguntas que, a su juicio, se hace la mayoría de los cubanos de a pie: “¿Es la invasión el medio para recuperar la libertad y la democracia? ¿Es la invasión el medio para poder tener una vida digna y un país próspero? ¿Es la invasión el medio para dejar de vivir bajo la represión y el miedo?”. Y se responde: “Si ese es el medio, sea”.
Reyes aclara que no se trata de una opción deseada, sino de la constatación de un callejón sin salida. “Yo estoy convencido de que si hubiera un modo dialogado, diplomático y pacífico de llegar a una solución a la realidad dramática de Cuba, los cubanos lo hubiésemos elegido sin dudar”. Agrega que la urgencia de resolver la crisis, causada, según él, por “la ineficiencia, el ansia de poder y la indiferencia de los que nos han gobernado durante décadas con puño de hierro”, no admite más esperas.
El religioso desestima el argumento del bloqueo o embargo como explicación principal de los males de la isla, calificándolo de “un arma arrojadiza y un recurso para la propaganda victimista”. Y lanza una serie de preguntas retóricas al régimen cubano: “¿Ha mostrado el gobierno cubano un mínimo de interés en llegar a una solución dialogada? ¿Han dado las autoridades cubanas un mínimo signo de empatía hacia la población, algo que nos haga pensar que realmente quieren la solución de los problemas del pueblo?”. Su respuesta es negativa. Denuncia que las autoridades se han atrincherado en un discurso triunfalista y bélico, exigiendo “cada vez más resistencia creativa, más sacrificio, más aceptación del dolor y la miseria”.
Alberto Reyes concluye que, después de años viviendo “entre la espada y la pared”, muchos cubanos sienten que ya no tienen nada que perder. Por eso, afirma, se han hecho virales en la isla dos frases que resumen el sentir de una parte importante de la población: “Lo peor que nos puede pasar es que no pase nada”, y la que da título a esta nota: “Preferimos un final espantoso a un espanto sin final”.
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