En medio de las protestas y cacerolazos que sacuden Cuba, las imágenes del San Juan Camagüeyano muestran a grupos de personas que bailaban en medio de la crisis.
La dictadura utiliza estas festividades para neutralizar el descontento social y mantener al pueblo en un estado de enajenación, consideró el influencer Alex Otaola.

Mientras el pueblo sufre por la falta de agua, comida y libertad, el régimen garantiza el acceso al ron y las congas para desmovilizar a la población.
Otaola distingue claramente entre la indignación ante las imágenes y la necesidad de no caer en la trampa propagandística del régimen.

Durante más de seis décadas, el proyecto político cubano promovió la creación del llamado “Hombre Nuevo”, un ideal de ciudadano formado bajo los principios de la Revolución. Las imágenes y conductas que con frecuencia circulan desde la isla han reavivado el debate sobre los resultados sociales y culturales de ese modelo fallido.
En medio de una prolongada crisis económica, es común la normalización de comportamientos asociados a la marginalidad y la pérdida de valores. Esto que vemos es reflejo de décadas de control estatal, falta de oportunidades y deterioro del tejido social.
“Esto es la manera en que la dictadura guía a los pueblos idiotizados al matadero (…) La dictadura aprovecha cada día, cada momento, para tratar de alcoholizar a esta gente y alcoholizados, idiotizados, hambreados, son mucho más fáciles de manipular”, aseguró Otaola.
San Juan Camagüeyano: la manipulación de la dictadura
Otaola describió con crudeza las escenas llegadas desde su tierra natal: “Bueno, pues justamente con las imágenes que llegan esta semana de Camagüey, mi bello Camagüey.”
“Eh, mire para acá la calidad humana… Se ve que no ha llegado el agua en meses y bueno, toda esta gente allí moviendo su cuerpo, eh, moviendo su cuerpo sudoroso, poco aseado al compás de los tambores, de las congas, de las rumbas del San Juan Camagüeyano”.
El comunicador recordó su experiencia personal en esas fiestas: “Yo viví 20 años. 20, 19, 20 años en Camagüey y nunca vi un San Juan que sirviera. Todo era una peste a meao, borrachos por todas partes… broncas, chusmería, puñaladas, muertos, asaltos”.
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El San Juan Camagüeyano representa la estrategia deliberada de la dictadura: “La cerveza, el alcohol. Por eso es que el ron. Comida no hay. Arroz tienes que esperar que te lo manden los chinos, pero ron siempre hay. Los precios suben. Un cartón de huevo se dispara a 6000, 7000 pesos cubanos, pero una botella de ron se queda en 250”.
El objetivo es mantener al pueblo “descerebrado y pusilánime… borrachos y drogados, obviamente que no van a salir a hacer una protesta”. El uso del San Juan Camagüeyano revela cómo las dictaduras históricamente utilizan la enajenación para controlar a las masas.
San Juan Camagüeyano: responsabilidad del exilio y corte de remesas, ayudas y Parón Total
El activista rechazó condenar al pueblo deformado por el comunismo, pero llamó al exilio a asumir su responsabilidad: “No podemos entregar ese poder y pedir que este pueblo tiene que morir… Este es el pueblo con el que vamos a enfrentarnos. Este es el pueblo que llega la cámara de televisión a su casa del noticiero y ellos dicen, ‘Oye, todo perfecto’”.

Otaola diferenció entre el pueblo y el régimen: “Nosotros no podemos reaccionar a lo que la dictadura quiere que reaccionemos”. Propuso una acción concreta frente a la complicidad: “No mandar nada… Tú estabas bailando en el San Juan Camahuellano y no te importó lo que los niños no tenían. Entonces, sigue bailando arriba de tu de tu asquerosidad”.
El exilio debe cortar el flujo económico a quienes priorizan la fiesta sobre la resistencia: “Cuando su pariente que está acostumbrado a vivir de usted sepa que su reacción ante un comportamiento que para nada corresponde a la realidad en la que ellos viven es el de cortarle el agua y la luz. Créame que ellos lo van a pensar dos veces”.
Mientras se viralizan las imágenes del San Juan camagüeyano como estrategia de enajenación, las madres de presos políticos piden colchones en vez de libertad, los vecinos no auxilian a los reprimidos y la miseria sigue en la Isla.
La solución, agregó Otaola, no es el odio al pueblo, sino la reconstrucción moral y cultural tras la caída del régimen. Contrastó las imágenes de la conga con los cristianos que salieron a orar y fueron detenidos, destacando que el verdadero compromiso está en la resistencia real.
El exilio no puede permitir que la dictadura apague la narrativa de las protestas con imágenes de fiesta. La tarea es mantener la presión, no justificar la deformación provocada por décadas de totalitarismo y preparar la reconstrucción del pueblo una vez liberado.