Los prolongados apagones que azotan a la provincia de Santiago de Cuba no solo mantienen a la población en la oscuridad, sino que ahora han provocado un colapso en el suministro de agua potable, dejando a múltiples comunidades con un desabasto continuo que ya roza los 50 días.
El descontento social crece ante la evidente incapacidad del régimen para mitigar la situación.
De acuerdo con declaraciones de las propias autoridades comunistas del sector hidráulico local, el ciclo de distribución por red se ha roto de forma crítica. Varios barrios y municipios de la periferia santiaguera acumulan entre 39 y 48 días consecutivos sin recibir una sola gota de agua corriente. Esta parálisis no se debe a la sequía o a la falta de reservas en los embalses, sino a la absoluta imposibilidad de energizar las plantas de bombeo.
Orlando Romero Veranes, director de ingeniería de la empresa estatal Agua Santiago, admitió a los medios castristas que el problema central radica en que la mayoría de las estaciones de rebombeo dependen directamente de la red eléctrica nacional.
Al no haber fluidez eléctrica, los motores permanecen apagados. Los sectores más golpeados por esta parálisis extrema son Altamira, El Cristo y San Juan-Sevilla, donde los circuitos de distribución superan el mes de inactividad total.
El fracaso de los apagones programados
En las últimas semanas, la Unión Eléctrica (UNE) intentó implementar un esquema de racionamiento de emergencia dividido en 9 bloques. El objetivo teórico era garantizar un mínimo de dos horas diarias de luz para cada municipio de la provincia. Sin embargo, el déficit de generación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) es tan severo que las autoridades locales fueron incapaces de cumplir incluso con esta cuota mínima.
Los habitantes de Santiago de Cuba sufren interrupciones del servicio que llegan a alcanzar hasta las 35 horas continuas. En muchas zonas, la dinámica actual consiste en soportar 24 horas consecutivas de apagón a cambio de apenas dos o tres horas de energía intermitente.
Los ciudadanos califican este suministro de ridículo e inútil, señalando que el tiempo con electricidad es insuficiente para realizar tareas domésticas básicas o, inclusive, para cargar por completo las baterías de los teléfonos móviles.
A la severa falta de corriente se suman el deterioro crónico de la infraestructura hidráulica, la escasez de transformadores de repuesto y múltiples fallas mecánicas en los equipos de bombeo. Aunque la dictadura asegura que intenta paliar la urgencia mediante la distribución alternativa con carros cisterna (pipas), este servicio es insuficiente para cubrir la demanda de miles de familias.
La combinación de apagones masivos y sequía forzada ha destruido la calidad de vida en la región. Sin electricidad ni agua corriente, la vida doméstica se ha vuelto una lucha de supervivencia.
Los santiagueros enfrentan serias dificultades para mantener la higiene básica, cocinar y asegurar la conservación de los pocos alimentos disponibles, los cuales se descomponen rápidamente debido a las altas temperaturas y la falta de refrigeración.
Ante la inacción del régimen cubano, las alternativas de alivio presentadas por la irresponsabilidad del comunismo han sido catalogadas de “insuficientes y tardías”. Entre las medidas implementadas figura un único vehículo adaptado para ofrecer carga eléctrica a domicilio en las comunidades.
Asimismo, las autoridades han mencionado planes a largo plazo para instalar sistemas de bombeo impulsados por energía solar. No obstante, estos proyectos se encuentran en una fase inicial de desarrollo y carecen de un cronograma real de ejecución, dejando a la población santiaguera desamparada en el corto plazo.
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