Cuba se prepara para enfrentar un escenario climático de alta complejidad durante el ciclo invernal 2026-2027.
Aunque las proyecciones meteorológicas indican que la actual temporada ciclónica en el Atlántico será una de las más calmadas en las últimas décadas, el panorama para el invierno (período comprendido entre noviembre y marzo) será radicalmente opuesto.
Los expertos advierten sobre un incremento drástico en la frecuencia e intensidad de lluvias torrenciales, frentes fríos, tormentas locales severas y la formación de tornados, todo ello impulsado por el impacto directo de un fenómeno de El Niño inusualmente fuerte.
El meteorólogo cubano Yosmelvi Páez Cornell alertó sobre esta paradoja climática que vivirá el archipiélago. Según explicó el especialista, la presencia de El Niño altera de forma profunda la circulación atmosférica global. Durante los meses invernales, este fenómeno dinamiza la corriente en chorro subtropical, un factor que favorece la formación constante de sistemas de bajas presiones sobre el Golfo de México y el Caribe occidental. Como consecuencia directa, los frentes fríos provenientes de Norteamérica descenderán hacia las latitudes caribeñas con mayor vigor y regularidad, transportando grandes masas de humedad que alimentarán tormentas de larga duración y lluvias persistentes en todo el territorio nacional.
Alto riesgo de tormentas prefrontales y tornados
Uno de los peligros más inminentes señalados en los modelos de pronóstico es la formación de líneas prefrontales. Estas estructuras consisten en bandas de tormentas organizadas que se desarrollan y avanzan por delante de los frentes fríos. Páez Cornell enfatizó que estos sistemas son altamente inestables y capaces de generar fenómenos meteorológicos extremos en plazos de tiempo muy cortos. Las regiones del occidente y el centro del país son, históricamente, las áreas con mayor exposición a sufrir los embates de estos eventos, los cuales suelen manifestarse mediante vientos lineales destructivos, inundaciones urbanas repentinas, granizadas aisladas, trombas marinas y tornados localizados.
El comportamiento histórico de El Niño respalda la gravedad de las alertas actuales. El antecedente más cercano y severo ocurrió durante el invierno del período 2009-2010. En aquella ocasión, específicamente en el mes de febrero de 2010, Cuba registró la llegada de siete frentes fríos, una cifra que duplicó con creces el promedio histórico para ese mes, el cual se sitúa en 3.34 sistemas frontales.
Una población vulnerable en un contexto de crisis
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró oficialmente el inicio del fenómeno de El Niño el pasado 11 de junio de 2026. Los informes de la entidad científica estiman que existe un 63% de probabilidad de que este evento alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre de este año y enero de 2027. Las anomalías en la temperatura superficial del mar en la región de monitoreo Niño 3.4 ya han superado los registros de los episodios históricos más intensos documentados en 1997 y 2015.
A pesar de que las condiciones atmosféricas generadas por El Niño (como la fuerte cizalladura del viento) actúan como un escudo natural que frena la formación de huracanes en la cuenca atlántica, los expertos instan a la población a no caer en un estado de falsa seguridad. Ken Graham, director del Servicio Meteorológico Nacional de la NOAA, recordó una premisa fundamental en la gestión de riesgos: “Basta una sola tormenta para que sea una temporada muy mala”.
Esta advertencia meteorológica coincide con un panorama socioeconómico crítico para la isla caribeña. Cuba todavía se encuentra en pleno proceso de recuperación tras los severos daños ocasionados por el huracán Melissa, que impactó la región oriental el 29 de octubre de 2025 como un organismo de categoría 3. Dicho meteoro dejó más de 116,000 viviendas afectadas y golpeó directamente a más de 3.5 millones de personas en provincias como Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Las Tunas y Guantánamo.
La persistente crisis energética, la escasez de alimentos y el deterioro de los servicios básicos aumentan la vulnerabilidad intrínseca del país ante cualquier contingencia natural. Un invierno marcado por inundaciones costeras, penetraciones del mar en zonas bajas como el litoral del Malecón habanero, y daños a la agricultura debido al exceso de humedad, podría profundizar los apagones y agravar drásticamente las condiciones de vida de la población civil cubana en los próximos meses.
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