MIPYME abre tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba: “Lo que falta en el hospital ahora se vende dentro” (+VIDEOS)

Una tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba comenzó a comercializar productos de aseo, ropa, calzado, refrescos, dulces y otros artículos dentro de las instalaciones del centro médico, una iniciativa que ha provocado cuestionamientos por la paradoja de vender a los pacientes productos básicos ¡CARÍSIMOS! que escasean habitualmente en el deteriorado sistema de Salud Pública cubano.

El establecimiento, denominado “Garaje Lesli”, funciona en el área del Policlínico de Especialidades del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Saturnino Lora. Todo parece indicar que se trata de un negocio privado, presumiblemente una MIPYME o alguna otra modalidad de gestión no estatal, aunque el anuncio difundido por el centro no aclara su figura jurídica, quién lo administra ni bajo qué condiciones comerciales ocupa un espacio dentro de una institución estatal.

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tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba
“Garaje Lesli” ofrece desde artículos de higiene personal hasta ropa, calzado, refrescos y dulces, algunos a precios de miles de pesos.

El activista cubano Magdiel Jorge Castro llamó la atención sobre la apertura y resumió la contradicción en una contundente frase: “Lo que falta en el hospital ahora se vende dentro del hospital”.

Tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba desata cuestionamientos

“El Saturnino Lora, en Santiago de Cuba, estrenó una tienda con productos de aseo, ropa, calzado, refrescos y dulces, algunos a miles de pesos”, escribió Jorge Castro en X.

El activista también puso el foco sobre la naturaleza del establecimiento: “Todo indica que se trata de un negocio privado arrendado dentro del centro, aunque el hospital no lo aclara”.

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tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba
La apertura del establecimiento genera interrogantes sobre la entrada de negocios privados en instalaciones del sistema estatal de Salud Pública cubano

En medio de la profunda escasez que atraviesa Cuba, el sector no estatal se ha convertido para muchos ciudadanos en una de las pocas alternativas para conseguir productos desaparecidos de las redes estatales. ¡Los que pueden pagarlos!

La contradicción aparece cuando esos artículos se venden precisamente dentro de un hospital público, cuyo funcionamiento depende del Estado y donde pacientes y familiares enfrentan desde hace años carencias de todo tipo.

tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba
El activista cubano Magdiel Jorge Castro cuestionó la apertura: “Lo que falta en el hospital ahora se vende dentro del hospital”.

La nueva tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba anuncia jabones, geles antisépticos, papel higiénico, toallas húmedas, cepillos y pastas dentales, enjuagues bucales, champú, acondicionadores, cremas corporales, desodorantes y pañales, entre otros artículos.

“Encuentra todo lo que necesitas para tu higiene y aseo personal sin tener que salir del hospital”, señala la promoción del establecimiento.

La frase pretende vender comodidad, pero también expone involuntariamente una realidad incómoda: el paciente que necesite determinados artículos esenciales durante su estancia puede encontrarlos ahora dentro del hospital, siempre que tenga dinero para pagarlos.

Productos básicos convertidos en mercancía hospitalaria

El establecimiento funciona de 8:00 de la mañana a 6:00 de la tarde y permite realizar pagos mediante transferencias bancarias a través de un código QR.

Según las imágenes divulgadas, algunos productos tienen precios de cientos y hasta varios miles de pesos, cifras difíciles de asumir para buena parte de la población cubana, especialmente jubilados y trabajadores dependientes de salarios estatales.

Ese contraste resulta inevitable en un país donde el gobierno ha utilizado durante décadas la supuesta gratuidad de la atención médica como una de las principales vitrinas propagandísticas de la llamada “Revolución”.

La medicina podrá continuar figurando oficialmente como “gratuita”, pero la estancia hospitalaria puede exigir que pacientes y familiares aporten por su cuenta desde artículos de higiene hasta medicamentos e insumos que el sistema no logra garantizar.

No todos recibieron negativamente la apertura. Una internauta identificada como Yamila Dip celebró la iniciativa y consideró que deberían existir establecimientos similares en otros hospitales.

“Buena idea, así deberían de poner en todos los hospitales para la comodidad de los pacientes, acompañantes y los trabajadores”, comentó, destacando además la posibilidad de realizar transferencias bancarias.

Otro usuario, Francisco Villariño Dávila, planteó incluso avanzar un paso más: “No sería descabellado que autoricen y aparezca un interesado en aperturar una farmacia privada”.

¿La solución privada para el fracaso estatal?

Precisamente ahí está el debate que deja abierta la tienda en el Saturnino Lora de Santiago de Cuba.

Que un negocio privado consiga importar, producir o comercializar jabón, pañales, papel higiénico o pasta dental no debería constituir por sí mismo un escándalo. El cuestionamiento apunta hacia un #EstadoFallido que durante décadas prácticamente eliminó la iniciativa privada, prometió garantizar las necesidades fundamentales de la población y ahora termina dependiendo de esos emprendimientos para cubrir los agujeros dejados por su propio sistema.

También queda pendiente una cuestión de transparencia: ¿quién autorizó el funcionamiento del negocio dentro del hospital? , ¿cuánto paga por utilizar el espacio y bajo qué modalidad fue concedido?

El anuncio de “Garaje Lesli” no ofrece esas respuestas.

Mientras tanto, la apertura presenta dos realidades dependiendo del bolsillo de quien entre al Saturnino Lora. Para quien tenga recursos, representa la comodidad de comprar artículos necesarios sin abandonar el centro médico. Para quien dependa de un salario o una pensión insuficiente, puede convertirse simplemente en otra vitrina llena de productos que están físicamente cerca, pero económicamente lejos.

El negocio privado, en ese sentido, no creó el problema. Llegó a ocupar el espacio que dejó la escasez estatal.

Veremos cuánto dura y si pasa a ser, como la salud pública de Cuba, otro “logro” de la roboilusión.

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