El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio un ultimátum al régimen castrista para liberar a los presos políticos en un plazo de dos semanas, con consecuencias que van desde sanciones reforzadas hasta opciones militares que el Pentágono ya evalúa sobre el papel.
El hecho fue reportado por USA Today a partir de fuentes con acceso directo a las conversaciones, y la información sacudió los círculos diplomáticos de toda la región desde que se difundió este domingo.
Dos semanas: tiempo límite para la dictadura
La exigencia no llegó por cable diplomático ni por declaración pública, sino a través de una delegación de alto nivel que pisó suelo cubano el 10 de abril en el primer vuelo oficial estadounidense a la isla desde 2016, un dato que por sí solo mide la magnitud de lo que está en juego para ambas partes.
Del lado cubano participó Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como El Cangrejo, mientras los enviados de Donald Trump llegaron con un pliego concreto y un reloj en marcha, sin el ánimo de deshielo que caracterizó la visita de Obama once años atrás.

Entre los nombres que Washington exige ver libres de inmediato están Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, los dos artistas del Movimiento San Isidro que los sicarios de la tiranía condenaron en 2022 y mantienen encerrados desde julio de 2021.
Un artista con el cuerpo roto que la dictadura se niega a soltar
El estado de salud de Otero Alcántara se reporta como sumamente frágil y en riesgo inminente, con secuelas graves acumuladas por múltiples huelgas de hambre, incluyendo una parálisis facial parcial. La tiranía respondió a cada recurso legal presentado a su favor con la misma táctica de siempre: declarar que el tribunal “no es competente”, o que el funcionario responsable “no está disponible” para recibir los documentos.

El paquete completo que Trump depositó sobre la mesa
El ultimátum de Donald Trump no se agotó en los nombres de los presos, porque los enviados del Departamento de Estado llegaron a La Habana con una agenda más amplia que la cúpula castrista tampoco se atrevió a responder públicamente desde que las conversaciones se filtraron.
Los funcionarios de Washington pusieron sobre la mesa la liberación de los presos políticos, mayores libertades económicas y políticas para los cubanos, compensaciones por propiedades confiscadas desde 1959 y la apertura de internet a través de Starlink.
USA Today revela que Washington habría dado al régimen cubano un plazo de dos semanas para liberar presos políticos de alto perfil, entre ellos Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, como gesto de buena fe en medio de contactos secretos entre ambos gobiernos.
— FNCA (@vozdelafnca) April 20, 2026
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Los emisarios advirtieron además que la economía de la isla está en caída libre y que las élites de la dictadura tienen una ventana muy estrecha para actuar antes de que la crisis se vuelva irreversible, un diagnóstico que los cubanos que sobreviven con apagones de más de 12 horas y hospitales sin insumos no necesitan que nadie les explique.
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La respuesta de la cúpula: el viejo truco del miedo
Díaz-Canel no respondió al contenido del ultimátum con ningún gesto concreto, y eligió en cambio el recurso que la dictadura siempre activa cuando siente presión real: convocar a sus fieles a prepararse para lo que ellos llaman “una agresión militar”, pero que en realidad sería una pelea para liberar a todo un país secuestrado desde hace casi 70 años.
Donald Trump, por su parte, no dejó margen para la ambigüedad, llamó a Cuba una “nación en decadencia” con un poder mal administrado, dejó abierta la posibilidad de una escalada y el Pentágono ya trabaja en su planificación, mientras el exilio en Miami respalda la presión.
Lo que el régimen nunca entendió sobre el precio de sus cárceles
La dictadura lleva décadas apostando a que el mundo se cansa antes que ella, y esa apuesta le funcionó con Obama, le funcionó con la Unión Europea y le funcionó con cada gobierno latinoamericano que negoció “en privado” sin exigir nada en público, pero Donald Trump no opera con esa lógica, y el plazo de dos semanas que sus emisarios dejaron sobre la mesa en La Habana no tiene cláusula de prórroga visible.
Cuba no respondió oficialmente al ultimátum, y Díaz-Canel se limitó a declarar que no le tiene miedo a Trump y que está dispuesto a dar su vida por la revolución, una frase que en cualquier otro contexto sonaría a convicción, pero que en boca del puesto a dedo de un país sin luz, sin combustible y con más de mil presos políticos suena exactamente a lo que es: el discurso de un régimen que no tiene más carta que el orgullo y más recurso que el miedo.