Parece que la versión de los activistas de derechos humanos que opinaban que era un destierro, sacar a los presos político de Cuba y dejarlos llegar a España, sí era cierto.
A pesar de que los siete presos que terminaron bajo la tutoría de la Iglesia Católica para llegar a España, estaban de acuerdo con salir de Cuba, para el régimen fue la mejor oportunidad de desterrarlos.
Y la prueba está en que dos de ellos intentaron entrar de nuevo a Cuba luego de casi ocho años y los funcionarios les explicaron que presentaban restricciones para poder entrar, según reseña Martí Noticias.
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Se trata de Rolando Damas Domínguez y Rodrigo G. Santos Velázquez quienes salieron ilegalmente desde Gibara, Holguín, en una balsa en el 2005. Necesitaban llegar a Estados Unidos, pero los capturaron en el camino y los deportaron.
Al llegar junto a otros cinco jóvenes procedentes de Holguín, fueron condenados a casi 11 años de cárcel por delitos contra la Seguridad Marítima Naval de Cuba en el 2006.
Luego todos en el 2010 se beneficiaron del acuerdo entre la Iglesia Católica y el gobierno español, que impulsó a que decenas de presos políticos y sus familias pudieran salir legalmente de Cuba.

Aquí está el problema. Ellos estuvieron de acuerdo en salir. Cualquiera que le ofrecen la libertad lo haría. Pero el régimen nunca dijo que sería un destierro y que no les permitirían de nuevo la entrada.
De los siete sancionados en esta causa dos continúan en España, pero los otros cinco viajaron a Estados Unidos en diferentes fechas y a diferentes ciudades.
El primero
Damas Domínguez, fue retenido en el aeropuerto de Holguín e informado de que “lamentablemente” tenía que regresar en el mismo avión hacia Kentucky, la ciudad donde vive actualmente. Algo muy parecido a un destierro.
Domínguez se disponía el pasado 12 de abril a visitar a su hijo de 18 años, su madre, primos y tíos.
“Salí para atrás en el mismo vuelo. Me dieron una planilla que dice que todavía no tengo autorización para entrar al país, lo que no entiendo es por qué”, comentó Domínguez.
Calificó la medida como una “estupidez”.
“Si yo cumplí mi sanción, no debo nada a ellos, nunca he tenido problemas ni allá ni aquí (…) ¿Les voy a hacer daño por visitar a mi familia? ¿Qué daños le voy a hacer yo a ellos? Ninguno”, agregó.
El segundo
A Santos Velázquez, ni siquiera lo dejaron bajarse del avión. Lo devolvieron el 8 de marzo, a él, su esposa y un hijo, a Naples, Florida, donde vive.
No iba a Cuba como turista. Necesitaba visitar a su abuela de 89 años que está enferma y no ha visto desde que salió de Cuba en el 2010.
La orden de negación de entrada del país se la dio en sus manos el capitán del avión. Allí dice que no es “admisible en el país”.
Desde la pista de aterrizaje una funcionaria de emigración le gritó ‘ni te bajes de la escalera’.
Más de lo mismo
El régimen cree que Cuba es el patio trasero de su casa y con cualquiera que le parece “contrarrevolucionario” se ensaña de esta forma.
Se inventó una ley migratoria que en por lo menos ocho años no le permite la entrada al país, a médicos que han desertado de misiones internacionalistas en el extranjero.
Redacción Cubanos por el Mundo