La agricultura cubana volvió a quedar atrapada en una de las contradicciones que marcan la profunda crisis económica y alimentaria de la isla: mientras una institución vinculada a la Universidad de La Habana celebró como un “hito” la validación en Alemania de productos desarrollados en Cuba para cultivos de papa y maíz, dentro del país conseguir esos y otros alimentos básicos continúa siendo un problema cotidiano para millones de personas.
La Fundación Universitaria de Innovación y Desarrollo de la Universidad de La Habana difundió el proyecto como una demostración de los «avances científicos nacionales» y de la cooperación entre Cuba y Europa. Sin embargo, el anuncio provocó cuestionamientos de cubanos que dirigieron la atención hacia un asunto mucho más elemental: si existen productos capaces de contribuir a una agricultura sostenible en Europa, ¿por qué esos resultados no se reflejan en la mesa de la población cubana?
“Eso da risa… ¿Y la papa y el maíz de Cuba?”, escribió Víctor Faife en los comentarios de la publicación.
La pregunta resumió el contraste que dejó el anuncio. La institución informó que los productos agroecológicos cubanos NEREA® PLUS-U y BIOBRAS 16® avanzaron en su proceso de validación internacional después de tres años de investigación conjunta, entre 2024 y 2026.
Las pruebas se realizaron precisamente sobre plantaciones experimentales de papa y maíz en Alemania, en el Instituto para la Agricultura y Proyectos Ecológicos Urbanos (IASP) de la Universidad Humboldt de Berlín.
Agricultura cubana: innovación en Alemania frente a la escasez en la isla
La publicación presentó los ensayos como una oportunidad para colocar soluciones desarrolladas por la ciencia cubana en el mercado internacional y contribuir a los desafíos de la agricultura sostenible. Pero el discurso sobre la proyección exterior chocó con el deterioro que experimentó durante años la agricultura cubana y con las dificultades de la población para acceder regularmente a alimentos.
La situación con el deterioro de la agricultura cubana llegó a ser reconocida incluso desde las propias estructuras oficiales.
En diciembre de 2025, el diario oficial Granma informó que Sancti Spíritus redujo de 36 a apenas 20 hectáreas el área destinada a la papa dentro del programa de balance nacional para la campaña 2025-2026. Más revelador aún: esa producción ni siquiera se contempló para su distribución a la población.
El dato volvió a poner bajo cuestionamiento la capacidad de la agricultura cubana para transformar los avances científicos en una mayor disponibilidad de alimentos.
El especialista Servando Martínez Hernández explicó entonces que las limitaciones económicas y los problemas relacionados con las semillas redujeron las posibilidades productivas. La previsión de unas 300 toneladas tampoco alcanzaría para satisfacer la demanda del territorio.
Los problemas tampoco quedaron limitados a una provincia. La cosecha de papa 2024-2025 en Villa Clara terminó con apenas 2.240 toneladas en más de 200 hectáreas y un rendimiento aproximado de 11 toneladas por hectárea, muy por debajo de referencias productivas superiores. Para septiembre de 2025, la producción nacional del tubérculo había registrado una caída del 51 %, según datos posteriormente divulgados sobre la crisis agrícola.
Ese escenario convirtió el anuncio de los experimentos en Alemania en terreno fértil para las críticas.
“Es necesario que todos estos avances después de su estancia merecida por Alemania regresen acá a Cuba y de paso pasen por Las Tunas, bueno, digo yo… disculpen mi ignorancia”, comentó Mario López Peña en la publicación de la Fundación.
La crisis alimentaria en Cuba supera el problema de la papa
La contradicción adquirió todavía mayor dimensión porque los problemas de la agricultura cubana no se redujeron a un producto específico.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) señaló en su plan estratégico para Cuba 2026-2030 que persistieron importantes desafíos de seguridad alimentaria y nutricional. El organismo indicó que la dieta promedio de los hogares cubanos resultó frecuentemente inadecuada en términos de aporte energético y poco saludable o diversa.
El propio PMA también advirtió sobre la baja productividad agrícola y las elevadas pérdidas posteriores a las cosechas. Además, señaló que el limitado acceso a divisas redujo significativamente la disponibilidad de alimentos producidos dentro del país y de aquellos adquiridos en el exterior.
La crisis llegó a niveles todavía más preocupantes según investigaciones independientes. La Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria “En Cuba Hay Hambre 2025”, elaborada por Food Monitor Program y Cuido60 a partir de 2.513 respuestas válidas recogidas en las 16 provincias, concluyó que uno de cada tres hogares consultados reportó hambre reciente y documentó un deterioro sostenido de las condiciones alimentarias.
En ese contexto apareció otro de los comentarios más contundentes bajo el anuncio de la Universidad de La Habana.
“Pero en Cuba no se ve el resultado; hace 3 años que el pueblo no come papas”, afirmó Damián de la Nuez.
Su afirmación reflejó una percepción que encontró respaldo más amplio en los datos sobre escasez, reducción de cosechas y dificultades de acceso a alimentos registradas en la isla.
De esta manera, mientras las instituciones del régimen castrista promueven internacionalmente los resultados de científicos cubanos y destacan las posibilidades de NEREA® PLUS-U y BIOBRAS 16®, el sistema productivo de la isla continúa sin conseguir que esos avances tecnológicos se traduzcan en una oferta suficiente y estable de alimentos para la población.
La Fundación aseguró que la experiencia en Alemania demostró cómo la articulación entre universidad, ciencia, innovación y sector productivo podía generar nuevas oportunidades. Precisamente esa afirmación dejó planteada la contradicción central.
El problema no radicó en que científicos cubanos consiguieran validar tecnologías en Europa, sino en que el régimen exhibió la internacionalización de esos avances como una «victoria» de la agricultura cubana mientras la isla comunista sigue dependiendo fuertemente de importaciones y atraviesa una prolongada crisis de producción, abastecimiento y acceso a los alimentos.
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