Un hombre con una prótesis en el pie, que camina ocho horas diarias para ganarse la vida en las calles de La Habana, regresa cada noche a su casa del municipio La Lisa y en lugar de descansar tiene que cargar una carretilla con dos pequeños tanques hasta un punto a cinco cuadras de distancia donde el agua brota del suelo por una tubería de hierro que los propios trabajadores de Servicios Comunales rompieron hace más de 10 días con una retroexcavadora y que nadie del régimen ha venido a reparar.
Ricardo Jesús Pupo Reyes vive en el Consejo Popular Novia del Mediodía junto a su esposa, su madre de 85 años y cuatro de sus cinco hijos, y su caso fue documentado por CubaNet con imágenes que muestran a su esposa llenando recipientes con el agua que corre como un río por la avenida 51 mientras la empresa Aguas de La Habana, notificada desde el primer momento, sigue sin aparecer.
Lo dañaron, pero no lo arreglaron
Los propios operarios del régimen provocaron el daño mientras recogían basura de un vertedero cercano, golpearon la tubería principal con la retroexcavadora, comprobaron la rotura y se marcharon sin reportar nada ni detener su jornada, como si la avería que dejaban atrás le perteneciera a otro.
“Ellos terminaron de recoger su basura y se fueron como si nada hubiera pasado”, relató Pupo Reyes, describiendo con exactitud la lógica que el castrismo ha instalado en sus trabajadores a lo largo de décadas: hacer el mínimo, no responder por las consecuencias y dejar que los vecinos asuman lo que la institución causó.
La denuncia formal llegó a la Empresa de Aguas de La Habana el mismo día del incidente, y la única respuesta que recibió la familia fue la visita de un técnico al quinto día que miró la rotura, prometió volver el lunes o dentro de una semana porque tenían mucho trabajo pendiente, y tampoco regresó.

Una familia en La Habana aguantando lo que el régimen no resuelve
El impacto de 10 días sin agua en una vivienda con siete personas, incluyendo una anciana de 85 años, es difícil de resumir en un párrafo, pero Pupo Reyes lo mostró sin filtros: un baño con heces fecales acumuladas que no puede descargarse, una familia que no puede cocinar con normalidad ni mantener condiciones mínimas de higiene, y un hombre que necesita quitarse la prótesis para descansar el pero que cuando termina su jornada laboral todavía tiene que salir a buscar agua.
“Lo que debería hacer es reposar y quitarme la prótesis para descansar el pie; sin embargo, no puedo hacerlo porque tengo que salir a cargar el agua”, dijo ante la cámara, y esa frase concentra lo que el castrismo le exige silenciosamente a millones de cubanos: sostener con sus propios cuerpos gastados lo que el régimen prometió garantizar y nunca garantizó.

La Lisa y el agua: un municipio que la dictadura tiene abandonado
El municipio de La Lisa no es una excepción en el mapa del desabastecimiento hídrico de La Habana, sino uno de los territorios donde la crisis tiene raíces estructurales que el propio director de Aguas de La Habana reconoció en televisión estatal, cuando admitió que los municipios del occidente de la capital sufren cortes no solo por los apagones sino por averías de equipos que llevan meses sin recibir mantenimiento adecuado.
La red hidráulica de La Habana fue construida a principios del siglo XX para abastecer a 600.000 personas, y hoy sostiene a dos millones sin que la dictadura haya invertido lo necesario para modernizarla, acumulando un deterioro de más de cuatro décadas que produce salideros permanentes, presión insuficiente, cortes imprevistos y familias que llevan semanas o meses abastecidas por camiones cisterna con ciclos de 15 días o más entre una visita y la siguiente.
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Los vecinos repararon lo que el régimen no reparó
Ante la certeza de que ninguna brigada oficial aparecería, los propios vecinos del Consejo Popular Novia del Mediodía tomaron herramientas y arreglaron la tubería con sus propios medios, sin recursos de las autoridades, sin apoyo de la empresa responsable y sin que nadie del régimen les ofreciera ni las gracias ni una disculpa por los días que tardaron en hacer lo que el castrismo tenía la obligación de hacer desde el primer momento.
En ese sentido, Pupo Reyes confirmó que el arreglo quedó hecho pero que aún no había podido comprobar si el agua llegaría finalmente a la zona, porque en La Habana incluso cuando se repara una tubería rota el líquido no siempre llega, y la diferencia entre tener agua y no tenerla en la capital de Cuba depende de variables que el régimen no controla porque hace décadas decidió no invertir para ello.