Sigue a Cubanos por el Mundo y elígenos como fuente preferida.
El sacerdote cubano Alberto Reyes cuestionó la respuesta del régimen al altercado protagonizado por el canciller Bruno Rodríguez en la Asamblea General de Naciones Unidas y sostuvo que la confrontación dejó fuera de foco las necesidades de la población.
Lo planteó este sábado en Facebook, en la entrega 181 de su columna semanal «He estado pensando», donde rechazó que el episodio fuera presentado oficialmente como una victoria en defensa de Cuba.
La publicación vinculó el enfrentamiento del pasado martes con situaciones de pobreza que, según explicó, conoce de primera mano. Desde su parroquia en Esmeralda, Camagüey, describió a mujeres que roban para alimentar a sus hijos, madres que piden ayuda entre lágrimas y dos niños de nueve y 11 años que fabrican carbón para sobrevivir.
También mencionó a una madre que, en un acto de desesperación extrema, mató a su hija con síndrome de Down y después se quitó la vida. Reyes contrapuso esos casos con la atención dedicada al intercambio entre diplomáticos.
«Hay mucha gente al otro lado de la ecuación, gente a la que nadie mira, porque cuando la prioridad es gritar más fuerte que el adversario, es imposible escuchar el sufrimiento de todo un pueblo», escribió el sacerdote.
El altercado en Naciones Unidas
El incidente ocurrió el martes 27 de octubre, durante el debate anual sobre el embargo, cuando Rodríguez interrumpió el discurso del embajador estadounidense Mike Waltz, que mostraba imágenes de Fidel Castro y de Miguel Díaz-Canel con relojes Rolex para denunciar los privilegios de la cúpula. El canciller avanzó hacia el podio y llamó «mentiroso» al diplomático.
Al día siguiente, la Asamblea General aprobó la resolución cubana contra el embargo con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, según Al Jazeera. Miguel Díaz-Canel celebró el resultado como una «victoria» de Cuba en la ONU, aunque países como Alemania e Italia, que antes respaldaban la resolución, se abstuvieron esta vez.
Reyes calificó la actuación de «bochornoso incidente», frente al relato del régimen, que la presentó como una «defensa de Cuba».
Para Alberto Reyes, esa versión solo reflejó una parte de lo sucedido y dejó fuera a quienes sufren apagones, escasez de alimentos y falta de medicamentos. El sacerdote insistió en que las necesidades de los ciudadanos no se resuelven con gestos de confrontación ni con la repercusión de un intercambio en un foro internacional.
Sigue a Cubanos por el Mundo y elígenos como fuente preferida.
«Millones de cubanos necesitan electricidad, alimentos, medicinas, libertad y esperanza, necesidades que no serán solucionadas con ninguna victoria mediática», sentenció.
Cuestionamientos al poder
El religioso extendió sus críticas al funcionamiento del régimen y aseguró que la situación no cambiaría necesariamente aunque Washington levantara mañana el embargo. Considera que las autoridades no quieren ni pueden permitir que la población prospere.
«El pueblo cubano sigue sin importarle a nadie», afirmó. También sostuvo que, incluso si se levantara el embargo, «la situación del pueblo seguiría igual, o tal vez peor», porque el gobierno «ni quiere ni puede permitir que el pueblo prospere».
En su razonamiento, una mejora de las condiciones económicas daría a los ciudadanos más posibilidades de reclamar sus derechos y abriría el camino a cambios políticos, una perspectiva que, según el sacerdote, el poder busca impedir.
«Toda mínima prosperidad del pueblo implica una pérdida de poder, implica una posibilidad de que la gente se anime a reclamar sus derechos, y ese sería el inicio de la libertad, el camino de la democracia, es decir, de la senda prohibida», escribió.
Alberto Reyes ha denunciado citaciones de la Seguridad del Estado, amenazas de procesamiento judicial y la prohibición de viajar al extranjero. Pese a esas presiones, mantiene sus publicaciones críticas desde el interior de la Isla.
La expulsión de Richard Tur
La confrontación en la ONU también incluyó a Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la misión cubana, a quien Washington acusó de empujar a un diplomático estadounidense e intentar arrebatar el teléfono con el que el portavoz de Waltz, J. P. Freire, grababa el altercado. La parte cubana alegó que Tur actuó en defensa propia.
Tras ser expulsado por Estados Unidos, Tur regresó a La Habana el viernes 30 de octubre y fue recibido en el aeropuerto por funcionarios de la Cancillería con una bandera cubana. El vicecanciller Gerardo Peñalver escribió en X que habían dado la bienvenida al joven diplomático y elogió que enfrentara con dignidad el comportamiento de la delegación estadounidense. Mientras el régimen destacaba ese recibimiento, la reflexión de Alberto Reyes volvió la atención hacia las carencias que afronta la población.
Sigue a Cubanos por el Mundo y elígenos como fuente preferida.




