La influencer cubana Anna Bensi encaró a la criminal tiranía castrista en las mismas puertas del tribunal donde los verdugos del régimen pretenden sentenciarla arbitrariamente junto a su madre.
Frente al despiadado y desproporcionado despliegue represivo organizado para sofocar el rechazo popular, la valiente creadora de contenido desafió abiertamente la ridícula farsa judicial que busca encarcelarlas.
Con un mensaje firme y demoledor, la joven denunció la podredumbre del sistema comunista y la absoluta desesperación de una dictadura sangrienta que persigue a los ciudadanos por el solo hecho de manifestar sus ideas y denunciar los abusos diarios.
“No es justo, ninguno de nosotros somos unos criminales», dijo la joven influencer.
Fabricación de falsos delitos
El origen de esta feroz embestida dictatorial contra Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, se remonta al mes de marzo, cuando ambas filmaron a un servil esbirro del Ministerio del Interior entregando una arbitraria citación en su propio domicilio.
Por este acto de elemental dignidad humana, los agentes de la represión les imputan falsos delitos contra la intimidad para intentar imponerles condenas de hasta cinco años de prisión bajo un código penal diseñado exclusivamente para triturar cualquier rastro de libertad individual.
La joven creadora no vaciló en gritar ante las cámaras que un teléfono móvil jamás será un arma y que expresar el descontento ante la pésima gestión estatal no constituye ningún delito.
«Solamente estamos expresando a través de una pantalla, que no es un arma, es un teléfono, lo que pensamos», añadió.
Firmeza ante la propaganda castrista
Con la contundencia de quien desmonta de golpe la cínica propaganda difundida por los voceros de la policía represiva en redes sociales, Anna Bensi reasumió públicamente su postura al ratificar de manera desafiante que jamás se callará y que volvería a filmar el abuso policial que desencadenó toda esta persecución politizada.
La chica fue categórica al responder que la única salida real frente al sufrimiento del pueblo radica en conquistar la libertad de manera definitiva.
«Que Cuba sea libre. En el cambio. Queremos un cambio», sentenció.
Esta inquebrantable resistencia frente a los constantes atropellos de la dictadura ha generado una potente ola de solidaridad por parte de artistas, figuras públicas y líderes religiosos que repudian abiertamente la barbarie de una cúpula opresora empeñada en encarcelar a cualquiera que exija transformaciones profundas en la sociedad.
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Operativo para ocultar la verdad
En un intento desesperado por infundir terror y ocultar el juicio tras puertas cerradas, la maquinaria de represión movilizó a sus fuerzas para bloquear las inmediaciones del Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este e impedir violentamente el trabajo de los periodistas independientes.
Sin embargo, este despliegue de matones no pudo asfixiar el eco de Anna Bensi, quien confirmó ante la opinión pública mundial que la tiranía maneja los asuntos internos del país de manera catastrófica e inhumana.
Las fuerzas del (des)orden demostraron una vez más su cobardía al montar un operativo de guerra contra dos mujeres indefensas cuyo único instrumento de protesta ha sido exponer la miserable realidad cotidiana a través de una simple pantalla.
La brutal y despiadada persecución contra la familia Caridad Silvente expone la agonía final de un régimen asesino que le teme a la verdad y pretende sembrar la parálisis social mediante castigos ejemplarizantes e infames.
A pesar de las amenazas directas del aparato de la dictadura y de la inminente posibilidad de ser recluida en una celda comunista, Anna Bensi dejó absolutamente claro que el castrismo constituye una dictadura podrida y sin futuro alguno.
Su tajante reclamo de libertad absoluta es un golpe mortal contra el poder totalitario, demostrando que la violencia de las instituciones represivas jamás logrará apagar la llama de la justicia ni doblegar la voluntad colectiva de una nación que solo quiere poner fin a casi 70 años de pesadilla.