El fracaso económico cubano encuentra uno de sus símbolos más dolorosos en la escasez de azúcar. Lo que durante décadas fue el principal producto de exportación de la isla hoy se ha convertido en un bien difícil de encontrar para miles de familias.
La situación quedó reflejada en el testimonio de varios ciudadanos que resumen la crisis con una frase contundente: «Yo he caminado todo buscando un granito de azúcar y no lo encontré en un país que era azucarero».
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La declaración se produjo en medio de varias entrevistas callejeras difundidas en el vespertino Hola! Ota-Ola, que transmitimos desde Cubanos por el Mundo.
En el segmento los cubanos de la isla describieron las dificultades que enfrentan para conseguir alimentos básicos y sobrevivir con salarios cada vez más insuficientes. Para muchos, la falta de azúcar representa mucho más que una simple escasez: es la evidencia visible del fracaso económico cubano.
El azúcar, víctima del fracaso económico cubano
Hablar del fracaso económico cubano es hablar inevitablemente del colapso de la industria azucarera. Durante buena parte del siglo XX, Cuba fue reconocida internacionalmente como una potencia productora de azúcar, con decenas de centrales operando en todo el país y miles de trabajadores vinculados al sector.
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Sin embargo, años de malas decisiones económicas, falta de inversión y abandono de la producción nacional provocaron el deterioro progresivo de una de las industrias más importantes de la isla. Muchos ingenios fueron cerrados, otros quedaron destruidos y numerosas tierras dejaron de cultivarse.
Uno de los entrevistados recordó precisamente esa realidad cuando afirmó: «Los renglones económicos de Cuba son la caña de azúcar, el tabaco y el arroz». La diferencia es que hoy la caña ya no genera la riqueza ni la producción que caracterizaron a generaciones anteriores.
La escasez actual resulta especialmente llamativa porque ocurre en un país que durante décadas exportó azúcar a numerosos mercados internacionales. Hoy, en cambio, muchos cubanos aseguran que no encuentran ni siquiera pequeñas cantidades para el consumo diario.
Buscar azúcar se ha convertido en una odisea
El fracaso económico cubano también se refleja en la vida cotidiana de quienes dependen exclusivamente de sus salarios. Los testimonios recogidos muestran una población agotada por los altos precios y la falta de productos básicos.
«Mi salario es 3100 pesos. Ese salario no me alcanza para nada», explicó uno de los ciudadanos entrevistados. Según relató, los costos de los alimentos continúan aumentando mientras los ingresos permanecen prácticamente congelados.
Otro comentario dejó en evidencia la desesperación de muchas familias: «Estoy sentado aquí pensando qué invento de comer». La frase refleja una realidad cada vez más común en numerosos hogares cubanos.
La falta de azúcar se suma a la escasez de arroz, carne, aceite y otros alimentos esenciales. Para muchos ciudadanos, encontrar determinados productos implica recorrer varios establecimientos o acudir al mercado informal, donde los precios suelen ser inalcanzables.
Gas, apagones y más señales del fracaso económico cubano
Aunque la ausencia de azúcar concentra buena parte de las preocupaciones, el fracaso económico cubano también se manifiesta en otros problemas que afectan directamente la calidad de vida de la población.
En Cienfuegos, varios ciudadanos denunciaron la falta de gas licuado para cocinar. Un hombre discapacitado aseguró que vive con apenas 1.540 pesos mensuales de asistencia social, una cifra que no le permite comprar ni gas ni carbón para preparar alimentos.
A la crisis del gas se suman los apagones, la escasez de combustible, los problemas con el suministro de agua y la inflación que golpea prácticamente todos los sectores de la economía.
Por eso la frase «Yo he caminado todo buscando un granito de azúcar y no lo encontré en un país que era azucarero» ha resonado entre tantos cubanos. Más que una queja personal, representa el retrato de un país donde el fracaso económico cubano ha terminado alcanzando incluso a uno de los productos que durante décadas definió su identidad productiva y su presencia en el mundo.




