Las burlas homofóbicas en la ONU denunciadas durante un incidente con representantes del régimen cubano plantean una pregunta incómoda para La Habana: ¿cuánto vale su discurso sobre la diversidad cuando la homosexualidad vuelve a utilizarse como instrumento de humillación política?
Según la publicación del periodista José Luis Tan Estrada, la delegación de activistas encabezada por Orlando Gutiérrez-Boronat y José Daniel Ferrer recibió ofensas que incluyeron “una burla de carácter homofóbico”. El periodista señaló la contradicción entre ese comportamiento y la imagen de inclusión que el Gobierno cubano presenta o intenta presentar internacionalmente.
El incidente ocurrió el lunes 19 de octubre de 2026 en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, durante el panel «Cuba Libre: la opresión que La Habana oculta», organizado por la misión de Estados Unidos ante la ONU. Según lo reportado por Cubanos por el Mundo, diplomáticos de la misión cubana gritaron «terroristas» y otras consignas contra los panelistas, entre ellos Ferrer, Gutiérrez-Boronat y el artista Luis Manuel Otero Alcántara. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla calificó el evento de «espectáculo mendaz».
#TanteandoCuba La delegación de activistas cubanos encabezada por el Dr. @OGutierrezCuba , líder de la Asamblea de la Resistencia Cubana, y @jdanielferrer , expreso político y líder de la UNPACU, fue víctima hoy de un acto de repudio protagonizado por diplomáticos del régimen cubano en la sede de las Naciones Unidas. Entre las ofensas dirigidas contra los activistas se encuentra una burla de carácter homofóbico, según las imágenes difundidas del incidente. El episodio contrasta con el discurso oficial de la ti-ranía Cubana, que se presenta internacionalmente como defensor de la inclusión y la diversidad. Esta es la verdadera cara del régimen cubano. 📷 Captura de pantalla del video publicado por José Daniel Ferrer
— Jose Luis Tan Estrada (@JLperiodista96) October 19, 2026
El periodista Maykel González Vivero, cofundador de la revista independiente Tremenda Nota y represaliado por cubrir temas LGBTI en Cuba, también identificó expresamente el componente discriminatorio: “El acto de repudio que hicieron los diplomáticos cubanos a opositores en Onu, con expresiones homotransfóbicas incluidas, es deprimente”.
Ese es el centro de esta discusión. Utilizar gestos asociados despectivamente con la homosexualidad para desacreditar a alguien reproduce un prejuicio contra toda una comunidad. La humillación funciona porque quien la ejecuta, en este caso un diplomático vinculado al régimen de La Habana, presupone que parecer homosexual rebaja a una persona.
Burlas homofóbicas en la ONU: el gesto y las justificaciones
Entre los comentarios recogidos la internauta Raquel Suarez describió precisamente la conducta cuestionada: “Vergonzoso la verdad, uno de ellos en traje y corbata, haciendo como un pájaro”.
La referencia permite entender el mecanismo de la burla denunciada. En el contexto cubano, todo el mundo sabe que representar a alguien mediante la caricatura del “pájaro” activa un código de desprecio hacia los hombres homosexuales o percibidos como afeminados.
Entre los panelistas, el único con una trayectoria pública de expresión de género disidente es Luis Manuel Otero Alcántara, que en 2015 encarnó a una bailarina de Tropicana en su performance Miss Bienal de La Habana y volvió a presentarla en 2024 en el Miami Beach Pride. Para cualquier cubano, el destinatario del gesto resulta evidente, aunque ninguna de las denuncias lo haya nombrado.
No es la primera vez que la sexualidad se usa como arma contra Otero Alcántara. En agosto de 2020, la página de Facebook del Movimiento San Isidro fue hackeada y desde ella se difundieron fotos íntimas del artista junto a un texto homófobo en su contra. El movimiento responsabilizó a la Seguridad del Estado. Otero respondió en un video publicado en su perfil de Facebook, que presentó como su respuesta “a la homofobia y la violación de mi intimidad” por parte de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro, y acusó al régimen de fomentar la homofobia para desprestigiar a los activistas.
El gesto, al que recurrió el “diplomático” cubano en la ONU, convierte la diversidad sexual en motivo de escarnio. Si se utiliza la homosexualidad para degradar a alguien, se reproduce homofobia, cualquiera que sea el adversario.
Adrian Escobar conectó el episodio con expresiones históricas del discurso revolucionario: “Siempre fue así, o peor aún..shows feminoides”, y recordó también la fórmula “inmoralidades incompatibles”. Su comentario remite a una tradición política que convirtió determinadas formas de vestir, expresarse o desear en señales de insuficiencia revolucionaria.
Un ejemplo del discurso oficial es una publicación del perfil Cuba X Siempre, que recoge la postura del canciller Bruno Rodríguez Parrilla con motivo del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.
El mensaje asegura que el Estado cubano rechaza cualquier discriminación por orientación sexual o identidad de género y, bajo el lema «El amor es ley en Cuba», presenta la defensa de la diversidad como parte de su compromiso con los derechos humanos.

Pero las burlas homofóbicas denunciadas en la ONU contradicen esa imagen de inclusión. Si representantes del mismo Estado recurren a gestos que utilizan la homosexualidad como motivo de humillación, sus actuaciones desautorizan las declaraciones de la Cancillería.
Ante los antecedentes de las UMAP y la persecución de escritores homosexuales, el compromiso proclamado exige una ruptura efectiva con esas prácticas: la dignidad que el régimen dice defender también debe respetarse cuando el destinatario es un adversario político.
Las UMAP: cuando el prejuicio tuvo estructura estatal
La homofobia existía en Cuba antes de 1959. Reconocerlo obliga a precisar la responsabilidad del castrismo: el poder revolucionario incorporó ese prejuicio a mecanismos institucionales de vigilancia, exclusión y castigo.
Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, que funcionaron entre 1965 y 1968, constituyen uno de los ejemplos más graves. En esos campamentos de trabajo agrícola fueron internados homosexuales, junto con religiosos y otros ciudadanos considerados incompatibles con las exigencias del proyecto revolucionario. La intención del régimen era “reformarlos” mediante el trabajo como supuesto correctivo individual y político.
CONTENIDO RELACIONADO: Publican documentos inéditos sobre las UMAP, campos de concentración en Cuba (+VIDEO)
El principio era profundamente autoritario: el Estado se atribuía potestad para corregir a personas cuya sexualidad no encajaba en su ideal de ciudadano. La masculinidad revolucionaria funcionaba como una medida de aceptación social.
Décadas después, el dictador Fidel Castro reconoció su responsabilidad. En una entrevista con Carmen Lira publicada por La Jornada el 31 de agosto de 2010, afirmó: “Si alguien es responsable, soy yo”.
Arenas y Piñera: la cultura sometida al prejuicio
Reinaldo Arenas representa una de las experiencias más conocidas de esa persecución. Su homosexualidad, su escritura y su enfrentamiento con el régimen socialista se entrecruzaron en una trayectoria marcada por el hostigamiento, la prisión y el exilio.
Reducir su historia a una simple discrepancia ideológica borraría una dimensión fundamental del castigo: Arenas defendía una libertad sexual y artística que desafiaba la obediencia exigida por el poder.
Virgilio Piñera, otra figura esencial de la literatura cubana, sufrió marginación y silenciamiento en un contexto donde su homosexualidad alimentaba la exclusión. Su importancia como dramaturgo, poeta y narrador no lo protegió del ostracismo durante los años de mayor intolerancia cultural.
Sus historias muestran el costo humano de una política que pretendía decidir qué creadores podían representar a la nación y qué vidas merecían reconocimiento.
Por eso las burlas denunciadas en Naciones Unidas tienen una carga histórica que excede el incidente y la escena, típica de la chusmería de la delegación cubana, que apeló a un gesto ofensivo y conocidísimo por los cubanos.
Un gobierno que proclama defender la diversidad tiene la obligación de exigir esa misma conducta a sus representantes, también cuando discuten con sus adversarios más firmes.
Las denuncias señalan esa contradicción. Mientras la homosexualidad siga disponible como arma para humillar al opositor (llamémosle simplemente discrepante), el discurso inclusivo del castrismo seguirá teniendo una grieta que ningún eslogan puede tapar: la dignidad de las personas continúa subordinada a la conveniencia del poder.




