La fiebre duró poco. Aunque es en la Feria Internacional de La Habana, cuando la Isla busca poner su mejor cara y capturar potenciales inversores, las compañías estadounidenses solo han ido distanciándose progresivamente.
Según un reporte de AP, de las docenas que se contaban durante la administración de Obama, se han limitado a tan solo un puñado, que resiste con dificultades.
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Algunas de ellos incluso, asumiendo que no podrán soportar un año más de sanciones de la administración de Donald Trump, aspirante a la reelección.
Tras el acercamiento entre ambos países, iniciado en 2014 en el gobierno de Obama, la Feria de La Habana representaba el escenario ideal en el que empresarios estadounidenses exploraban en búsqueda de oportunidades.
Para entonces, incluso la Cámara de Comercio de Estados Unidos se dio cita.
Pero el amor no duró mucho “ya que las empresas comenzaron a darse cuenta de la dificultad de hacer negocios en Cuba, donde una burocracia centralizada debe aprobar todas las inversiones extranjeras, y las empresas estadounidenses son particularmente sensibles”, asegura el reportaje.
Tras el anuncio de Donald Trump en 2017 sobre revertir el denominado “legado Obama”, la presencia de compañías estadounidenses comenzó a descender.
Y desde entonces, los últimos dos años han sido de posiciones cada vez más duras contra Cuba y Venezuela, principal aliado del régimen.
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Pero Estados Unidos ha ido más allá. La administración Trump ejerce presión a bancos internacionales para que limiten su relación con la Isla e incluso ha sancionado a los navieros que trasladen petróleo venezolano a Cuba.
Redacción Cubanos por el Mundo