El canciller del régimen castrista, Bruno Rodríguez Parrilla, terminó por reconocer que se mantienen contactos entre Cuba y EE.UU., después de meses en los que La Habana intentó restar importancia o negó versiones sobre acercamientos de alto nivel con Washington. Pese a admitir las comunicaciones con el Departamento de Estado, el funcionario negó que existan una negociación, acuerdos o una hoja de ruta entre las partes.
Rodríguez hizo la declaración este lunes durante la presentación del informe anual con el que la dictadura cubana responsabilizó nuevamente a las sanciones estadounidenses de buena parte de la profunda crisis económica que golpea a la isla.
“No ha habido ni hay negociaciones, ni existen acuerdos u hojas de ruta”, aseguró el canciller.
Sin embargo, Rodríguez reconoció inmediatamente después que los canales con Washington permanecieron abiertos.
“Ha habido conversaciones con el Departamento de Estado” y “se mantienen comunicaciones en este sentido”, afirmó.
El reconocimiento confirmó públicamente la existencia de contactos entre Cuba y EE.UU. en momentos de fuerte presión estadounidense sobre el régimen comunista y después de meses de información sobre intercambios entre representantes de ambos gobiernos.
Rodríguez aseguró que esas conversaciones no registraron avances y responsabilizó de ello a “la falta de voluntad del Gobierno de los Estados Unidos”. También afirmó que el régimen estaba dispuesto a continuar el diálogo “sin precondiciones”, en “igualdad soberana” y sin lo que calificó como injerencias en los asuntos internos cubanos.
La posición expuesta por La Habana contrastó con las declaraciones que salieron de Washington durante los últimos meses. El presidente Donald Trump afirmó el 27 de febrero que “El Gobierno cubano está hablando con nosotros” y sostuvo que el secretario de Estado, Marco Rubio, participaba en conversaciones de alto nivel.
“[Las autoridades cubanas] No tienen dinero. No tienen nada ahora mismo”, declaró entonces Trump, quien incluso planteó que Estados Unidos “podría muy bien terminar teniendo una toma amistosa de Cuba”.
Contactos bajo presión sobre el régimen castrista
Los contactos entre Cuba y EE.UU. adquirieron mayor relevancia después de que Axios reportó el 18 de febrero conversaciones entre Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y asistente personal de Raúl Castro.
Según ese reporte, los intercambios se desarrollaron al margen de los canales oficiales habituales del régimen cubano. Un alto funcionario estadounidense describió entonces el acercamiento en términos diferentes a una negociación formal.
“Yo no las llamaría negociaciones, sino conversaciones sobre el futuro”, afirmó. A continuación añadió: “Nuestra posición, la posición del Gobierno de Estados Unidos, es que el régimen tiene que irse”.
La Habana negó entonces la existencia de un diálogo de alto nivel. Sin embargo, posteriormente aparecieron reconocimientos oficiales que confirmaron contactos entre Cuba y EE.UU..
La Habana terminó reconociendo reuniones
El 20 de abril, Alejandro García del Toro, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, confirmó que se produjo en Cuba “un encuentro entre delegaciones de Cuba y Estados Unidos”, con representantes del Departamento de Estado y funcionarios de la dictadura cubana.
El régimen intentó marcar distancia de las versiones difundidas desde Estados Unidos y negó que durante aquella reunión se establecieran ultimátums o plazos. García del Toro señaló como una de las principales prioridades de La Habana conseguir “La eliminación del cerco energético contra el país”.
La confirmación constituyó otro antecedente de los contactos entre Cuba y EE.UU. que Rodríguez reconoció ahora públicamente.
Mientras mantuvo abiertos esos canales, el régimen castrista continuó atribuyendo a Washington la responsabilidad de la debacle económica cubana. Durante su comparecencia, Rodríguez volvió a colocar las sanciones estadounidenses en el centro de su discurso y denunció las restricciones sobre el suministro de combustible.
Washington elevó la presión sobre La Habana
Los contactos entre Cuba y EE.UU. se desarrollaron paralelamente a un endurecimiento del discurso estadounidense hacia la dictadura.
En agosto, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró que “todas las opciones” estaban “sobre la mesa, incluidas las opciones militares” y advirtió que La Habana debía prestar atención a las decisiones estratégicas de Trump.
Rodríguez respondió que el régimen tomaba seriamente ese escenario y aseguró que una operación contra Cuba “provocaría un verdadero baño de sangre”.
La comparecencia dejó así una admisión relevante: pese a la retórica pública del régimen y a sus acusaciones constantes contra Washington, los contactos entre Cuba y EE.UU. permanecieron abiertos.
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