Granma dice que “el odio no es cubano”, pero la UMAP y el Mariel sucedieron en Cuba bajo órdenes del Odiador en Jefe, Fidel Castro

El cinismo del régimen de Cuba nunca decepciona. Siempre sobrepasa su propio límite y un reciente artículo de Granma, así lo confirma. Asegurando que el “odio no es cubano”, y tildando de buitres a quienes cuestionan a la tiranía, enfrentándose a ella y buscando aliados internacionales, presenta líneas plegadas de cuestionamientos sobre lo que suponen, no es una conducta cubana y por la que habría entonces que preguntarse: ¿cuál es la nacionalidad de quienes durante más seis décadas han destilado tanto odio contra la sociedad cubana?

El artículo de Granma, asegura que solo quienes “añoran el desplome de Cuba”, a quienes califica de “buitres a la espera de oportunidad para picotear las entrañas abiertas del caimán”, estarían celebrando “desde lejos”, el odio entre cubanos. Valiéndose de eufemismos para abordar las críticas del exilio, de ese mismo con el que contaba para levantar el sector turístico en una primera fase en la etapa post pandemia, insiste en tildar a terceros del odio, que durante tantos años han levantado a pulso. ¿O no fue el régimen cubano el que dividió a los cubanos entre “los de aquí y los de allá”? Considerando traidores y “gusanos” a los que desertaban, enemistando a familias enteras, separándolas por mucho más que millas.

“Los odiadores modernos son de dos tipos distintos: los del odio mercenario y los que odian sin motivo aparente. Aquellos que reciben monedas a cambio del rencor visceral que derraman contra el país donde nacieron, tienen, al menos, esa bochornosa justificación monetaria; pero, ¿y los otros, los que no están en la nómina?”, se pregunta el artículo de Granma, asegurando esto último en relación contra quienes reaccionan al “proyecto social de profundas raíces humanas”, de exportación del comunismo, que habiendo destruido a Cuba desde sus cimientos.

Cuba: ¿quién odia a quién?

Hoy siendo un país gris, con una población envejecida producto de la deserción de los más jóvenes y el desinterés de los que permanecen en ella por echar raíces, con edificios desplomándose y apagando la vida sorpresivamente de quienes usaban las ruinas como techo y en la incertidumbre si llegarán a fin de mes, con el dinero conseguido o esperando lo que desde el extranjero puedan enviarle, los mismos que son acusados de “destilar odio”.

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De la ironía y la desfachatez llega este cuestionamiento: “¿Crecieron en un país que los maltrató, los insultó, los torturó o les negó el derecho a ser personas dignas?”. La respuesta honesta sería sin duda sí. El que consideran es un “desprecio terrible” y “odio hacia el Estado”, no es más que la consecuencia de tantos años de manipulación, codicia e imposibilidad de realización personal, familiar y social.

Heridas provocadas por hechos como la Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), que no eran más que campos de concentración del castrismo; o el hundimiento del Remolcador 13 de marzo o la expulsión de miles a través del Puerto de Mariel; o los cientos que han fallecido lanzándose a la profundidad del azul cubano buscando libertad en otra costa, o quienes a la fecha, están varados a las puertas de otras fronteras, esperando poder seguir su viaje así eso signifique el sacrificio que sea, con tal de no virar a Cuba de nuevo.

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Para un régimen que no entiende la división entre Estado, gobierno, país y nación, que se considera él a sí mismo como a Cuba, cuando no representan al interés real de una sociedad, podría entenderse que crean que el odio es hacia la isla, pero no. Por amor a Cuba, por amor a la libertad, es hoy el sentido de desprecio de todo lo huela a comunismo, de todo lo que el castrismo ha de representar.

Redacción Cubanos por el Mundo

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