El desespero de los cubanos que se encuentran varados en Panamá se hace cada vez más grande. Familias enteras, deben dormir en los bancos de la iglesia Santa Ana ubicada en la capital panameña, esperando ansiosos el poder continuar su viaje hasta los Estados Unidos.
Cerca de 200 migrantes se encuentran en el templo, y desde allí le piden al gobierno de Nicaragua que aperture su frontera para lograr llegar al país del norte y alcanzar su libertad. Mientras, una madre cubana cuenta como fue tener que cruzar la selva con su hijo de apenas tres meses de nacido.
«Yo sentí hasta un tigre, nos están asaltando, nos están matando, yo quisiera que el presidente de Nicaragua tuviera una pizca de algo bueno para que nos ayudara y a todos los que vienen en camino»
A punto de llorar, esta mujer recuerda los horrores de la jungla, donde tuvo que ver los cuerpos de sus compatriotas siendo devorados por los insectos.
La iglesia y colaboradores cubanos que residen en Panamá, ayudan a los migrantes con comida, medicinas y productos de higiene.
La esperanza para estos cubanos nunca termina, ya que regresar a Cuba no es una opción, incluso hasta los más pequeños lo ven de esa manera.
«De paso seguir para Cuba no puedo ya que no tengo la vida que tenía antes, ya no podemos para hasta llegar a los Estados Unidos»
Las razones que los motiva a emprender esta peligrosa travesía es la dictadura castrista que cada día ahoga más las esperanzas de los cubanos impidiéndoles su crecimiento personal y económico.
«Esto ocurre porque verdaderamente el pueblo de Cuba se ha dado cuenta que el régimen no va a cambiar, se espera una transición pero están haciendo es una sucesión de poder».
Panamá y otros países de Centroamérica pidieron a Estados Unidos en las Naciones Unidas acabar con la Ley de Ajuste Cubano, pues a su juicio es lo que está provocando esta crisis migratoria.




