La actual encargada del régimen chavista en Venezuela, Delcy Rodríguez, emitió unas bochornosas alabanzas dedicadas a Fidel Castro, que no hacen más que exponer nuevamente el servilismo ideológico de una dictadura moribunda que se niega a soltar el libreto del totalitarismo.
En un descarado mensaje publicado en sus redes sociales con motivo del centenario del nacimiento del difunto dictador, la funcionaria chavista calificó al artífice de la ruina cubana como un “líder íntegro” comprometido con la “dignidad y la justicia social”.
Estas cínicas palabras, redactadas mientras millones de ciudadanos en Cuba y Venezuela sufren el hambre, la falta de corriente y el terror de Estado, demuestran la desconexión mental y la podredumbre moral que caracterizan a los ejecutores del nefasto “socialismo del siglo XXI”.
El Presidente Fidel Castro forma parte de los líderes que trascienden el tiempo y permanecen en la memoria colectiva. Hoy, al conmemorar el centenario de su natalicio, recordamos su firme compromiso con la dignidad, la justicia social, la soberanía, el internacionalismo solidario pic.twitter.com/9I4LtBN1pw
— Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) August 13, 2026
Ceguera voluntaria ante la tragedia histórica del pueblo cubano
Resulta una burla sangrienta que el chavismo pretenda presentar a Fidel Castro como un referente de “soberanía e internacionalismo solidario” cuando su único legado real es la destrucción sistemática de una nación entera.
El legado del tirano se resume en más de seis décadas de miseria encarnizada, familias divididas por el exilio, presos políticos hacinados en mazmorras inhumanas y un país convertido en una mendiga energética.
Que la dictadura venezolana catalogue a este infame individuo como una “referencia para los pueblos libres” solo evidencia el desprecio que ambos regímenes sienten por la verdad, la libertad y la dignidad de los seres humanos a los que han oprimido sin piedad a lo largo de décadas de tiranía ininterrumpida.

El títere Díaz-Canel y la farsa del legado
A la comparsa de servilismo se sumó de inmediato el títere dictatorial Miguel Díaz-Canel, quien recurrió al cliché propagandístico para clamar que “¡Fidel Vive!”. Esta retórica vacía pretende ocultar que el modelo ideado por Fidel Castro colapsó de manera irreversible, dejando a la isla sumida en apagones masivos, desabastecimiento absoluto y una ola represiva sin precedentes.
El intento desesperado de los herederos del castrochavismo por revivir la imagen del principal causante del caos es el manotazo de ahogado de una casta corrupta que observa cómo se va al piso el imperio de miseria que construyeron a costa del sufrimiento popular y la destrucción de la economía regional.
¡Fidel Vive! Quien lo dude que mire al mundo de hoy a través de su legado. Todo lo que denunció en ONU/1960 y 1979, lo que alertó en Río en 1992, lo que dejó escrito en casi 500 Reflexiones, siguen siendo problemas por resolver.
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) August 13, 2026
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La presión de Washington acorrala a la alianza castrochavista
El bochornoso homenaje a la memoria de Fidel Castro por parte de Delcy Rodríguez ocurre en un momento de pánico para La Habana y Caracas, justo cuando Washington ha elevado al máximo la presión contra la tiranía caribeña.
Por ejemplo, desde Panamá, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, lanzó un ultimátum inapelable al advertir que “todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares” para neutralizar las amenazas del régimen cubano en el hemisferio.
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La firme postura de la administración estadounidense demuestra que las naciones que solían apadrinar a los herederos de Fidel Castro son hoy insignificantes ante el poderío defensivo de Washington, dejando a los tiranos regionales sin margen de maniobra para continuar con sus chantajes geopolíticos.
El fin inevitable de una estafa ideológica sangrienta
Las declaraciones de la vocera chavista no son más que el miedo de un bloque criminal que sabe que su tiempo ha expirado. Al rendir pleitesía a la figura de Fidel Castro, tanto el régimen venezolano como la cúpula de La Habana confirman que prefieren hundirse en la historia antes que renunciar a la opresión.
Sin embargo, la combinación de la rabia popular en las calles con la amenaza militar directa sobre el castrocomunismo está acelerando el desmantelamiento definitivo de esta peste política, condenando el nombre de Fidel Castro y el de su “legado” al repudio y la infamia eterna por parte de las futuras generaciones libres.