Tres fracturas graves en la tibia, un delincuente en fuga permanente, policías dedicados a hostigar al herido en lugar de al criminal y un hospital colapsado a oscuras resumen la brutal radiografía de la delincuencia en Cuba tras un violento asalto registrado en la manzana de Jénes, en el municipio cardenense de Cárdenas, Matanzas.
Según reportó Christian Arbolaez en sus redes sociales, una madrugada se convirtió en una sangrienta pesadilla cuando un custodio que cumplía con su labor fue empujado salvajemente por las escaleras por un antisocial que penetró a robar en una vivienda, dejándolo incapacitado en el suelo con el hueso destrozado mientras los servicios de auxilio y seguridad del narcoestado brillaban por su absoluta ineptitud.
La policía represora persiguiendo a la víctima en lugar del delincuente
Lejos de desplegar un operativo eficiente para capturar al criminal que logró escapar impunemente con rumbo desconocido tras el empujón, el inoperante e infame aparato policial se presentó en el lugar de los hechos demostrando que la delincuencia en Cuba cuenta con la impunidad que brinda el propio Estado criminal.
En medio de la confusión y la desesperación de los presentes, los esbirros del régimen castrista pretendieron detener al propio custodio gravemente lesionado mientras yacía en el piso siendo socorrido por la propietaria del inmueble y varios vecinos de la zona.
Esta escena dantesca pone al descubierto de manera grotesca que el cuerpo armado de la tiranía no está diseñado para proteger a la ciudadanía de los maleantes, sino para amedrentar al hombre honesto y sembrar el caos institucional allá donde se presenta.
El vía crucis hospitalario bajo la penumbra del colapso energético
El martirio del trabajador agredido continuó de forma desgarradora al ser trasladado a las paupérrimas instalaciones del centro hospitalario local, una institución que refleja con fidelidad absoluta la miseria estructural provocada por el comunismo.
Tirado en una fría camilla, el herido tuvo que aguardar agonizante hasta pasadas las 3:00 de la madrugada para que regresara el fluido eléctrico y los profesionales pudieran realizarle una simple radiografía de control previa a la intervención quirúrgica.
Para colmo de males, el ambiente enrarecido por la imparable delincuencia en Cuba se hizo presente dentro del mismo recinto médico cuando las escasas frazadas y cobertores que su acompañante llevó para protegerlo del intenso frío nocturno terminaron desapareciendo de la propia sala.
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La podredumbre de un sistema que ampara y fomenta el crimen
Este deplorable episodio ocurrido en Cárdenas desnuda el fracaso rotundo y la descomposición social generada por un modelo político abyecto que destruyó los cimientos económicos y morales de la nación. El alarmante incremento de la delincuencia en Cuba no constituye un fenómeno aislado ni casual, sino que representa el fruto directo de un régimen parásito que prioriza destinar sus escasos recursos a sostener a la policía política y construir hoteles de lujo mientras abandona a su suerte a una población indefensa, entregada por completo a merced de la violencia de calle, la escasez de insumos médicos más elementales y la completa desolación oficial.
La impunidad y el colapso de la seguridad ciudadana
La absoluta falta de patrullaje preventivo y la complacencia de las autoridades han provocado que la delincuencia en Cuba alcance niveles nunca antes vistos en cada barrio de la isla. Las familias trabajadoras se ven obligadas a organizar rondas de vigilancia informales para intentar proteger sus vidas y sus escasas pertenencias, sabiendo de antemano que las llamadas a las estaciones de policía quedan sin respuesta o terminan con la victimización de quienes denuncian los robos, consolidando un territorio sin ley ni amparo.
La tragedia vivida por este custodio en territorio matancero confirma con dolorosa crudeza que ante el desborde de la delincuencia en Cuba ningún ciudadano se encuentra a salvo, ni siquiera mientras cumple de manera honrada con su jornada laboral o permanece convaleciente a oscuras en un centro de salud.
Mientras la cúpula se aferra al poder a través del terrorismo de Estado y la propaganda barata, el país entero se desangra entre criminales que actúan con total impunidad y hospitales convertidos en verdaderas cavernas de insalubridad.
La barbarie cotidiana que sufre el pueblo cubano expone el agotamiento definitivo de un sistema miserable que solo ofrece miseria, delito y represión a una sociedad devastada.