Huracanes y apagones: EEUU advierte sobre un escenario de alto riesgo en Cuba

La posibilidad de huracanes en Cuba durante los próximos meses encendió una nueva señal de alerta desde Estados Unidos, esta vez no solo por los daños que podría ocasionar un ciclón de gran intensidad, sino por las consecuencias adicionales que enfrentaría una isla sometida a una profunda crisis energética.

En ese sentido, la Embajada estadounidense en La Habana emitió una alerta climática en la que llamó a sus ciudadanos a prepararse para eventuales emergencias y puso especial atención sobre la inestabilidad de la infraestructura eléctrica cubana.

La advertencia llegó en plena temporada ciclónica del Atlántico, que permanecerá activa hasta el próximo 30 de noviembre. La representación diplomática recordó que el período todavía puede generar tormentas tropicales y huracanes capaces de afectar directamente al territorio cubano.

De acuerdo con las previsiones divulgadas por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la temporada de 2026 podría registrar entre ocho y 14 tormentas con nombre. De ese grupo, entre tres y seis sistemas podrían alcanzar fuerza de huracán, mientras que entre uno y tres podrían convertirse en ciclones de categoría tres o superior.

El escenario adquiere particular relevancia por la posibilidad de huracanes en Cuba en momentos en que el Sistema Eléctrico Nacional arrastra una prolongada crisis, marcada por déficits de generación, averías y extensos apagones en numerosas provincias.

Una emergencia meteorológica en medio de la fragilidad eléctrica

La Embajada estadounidense advirtió específicamente sobre ese factor. Según la alerta, la infraestructura eléctrica de la isla atraviesa una creciente inestabilidad y una tormenta tropical o un huracán podría provocar nuevas interrupciones del suministro.

La combinación entre huracanes en Cuba y una red eléctrica debilitada elevaría los riesgos posteriores a cualquier fenómeno meteorológico severo. Un ciclón no solamente podría afectar viviendas, carreteras o instalaciones públicas, sino también golpear infraestructuras energéticas que ya operan bajo fuertes limitaciones.

Durante los últimos años, los apagones se convirtieron en uno de los síntomas más visibles de la crisis estructural que atraviesa la isla bajo el régimen castrista. Las fallas de generación provocaron prolongados cortes del servicio y, en diferentes ocasiones, Cuba sufrió colapsos totales de su red eléctrica nacional.

En ese contexto, la llegada de un fenómeno meteorológico importante podría complicar todavía más las condiciones de vida de la población y dificultar la recuperación de las zonas afectadas.

La advertencia estadounidense sobre los huracanes en Cuba también recordó un principio señalado por la NOAA y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA): basta un solo huracán para provocar consecuencias graves sobre vidas y propiedades.

EEUU recomienda prepararse sin depender de asistencia gubernamental

Entre las recomendaciones difundidas ante los posibles huracanes en Cuba, la Embajada pidió a los ciudadanos estadounidenses que viven en la isla o tienen previsto viajar al país registrarse en el Smart Traveler Enrollment Program (STEP).

La sede diplomática también aconsejó elaborar previamente un plan individual de emergencia que no dependa de la asistencia gubernamental.

Esa recomendación cobra especial importancia ante los huracanes en Cuba, debido a las dificultades que podrían presentarse para obtener alimentos, agua, medicamentos, transporte o electricidad inmediatamente después de un ciclón.

La Embajada recomendó preparar suministros básicos, entre ellos agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos, linternas, baterías de repuesto y una radio que funcione con pilas. También insistió en mantener protegidos y disponibles documentos importantes, especialmente los pasaportes.

Otro de los peligros señalados fue la situación de las carreteras después de un ciclón. Las vías podrían resultar dañadas, inundadas o bloqueadas por árboles y otros escombros, lo que limitaría durante varios días los desplazamientos hacia aeropuertos u otros puntos de salida.

Temporada ciclónica mantiene bajo vigilancia a la isla

La alerta sobre posibles huracanes en Cuba recomendó además seguir constantemente los reportes meteorológicos, escuchar la radio y consultar las actualizaciones emitidas por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.

Washington aconsejó igualmente atender las instrucciones de la Defensa Civil cubana durante una emergencia y mantener informados a familiares y amigos sobre la ubicación y las condiciones personales.

La Embajada recordó que FEMA, NOAA y el Departamento de Estado disponen de recursos adicionales destinados a la preparación frente a huracanes y otros desastres naturales.

La temporada ciclónica representa todos los años una amenaza para Cuba por su ubicación geográfica en el Caribe. Sin embargo, el deterioro de servicios básicos aumenta las preocupaciones sobre la capacidad de respuesta ante un fenómeno de grandes dimensiones.

Los huracanes en Cuba podrían encontrar actualmente un escenario energético especialmente vulnerable. Una afectación sobre líneas de transmisión, subestaciones o instalaciones de generación podría extender los cortes eléctricos y dificultar las operaciones de recuperación.

Embajada estadounidense mantiene sus alertas en Cuba

La representación diplomática de Estados Unidos emitió anteriormente avisos relacionados con apagones nacionales, fenómenos meteorológicos y concentraciones masivas organizadas por las autoridades cubanas.

Estos comunicados buscan proporcionar información preventiva a los estadounidenses que permanecen dentro del país ante situaciones capaces de alterar los servicios, las comunicaciones o el transporte.

La nueva advertencia puso ahora el foco sobre la convergencia de dos amenazas: la temporada ciclónica y la fragilidad energética acumulada después de años de deterioro del sistema eléctrico bajo la administración de la dictadura cubana.

La eventual llegada de huracanes en Cuba podría convertirse así en una prueba particularmente complicada para una infraestructura que ya enfrenta dificultades incluso en condiciones meteorológicas normales.

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