La delincuencia en Cuba no da tregua en ningún lado, y quedó demostrado con el indignante robo sufrido por la familia de la ciudadana Yelina Betancourt en plena sala de ingreso del Hospital General Universitario Lenin de Holguín durante la noche.
El hecho ocurrió mientras la hermana de Betancourt cuidaba a su padre —ingresado desde hacía más de una semana—, momento en que criminales sustrajeron la cartera de la cuidadora ante la nula vigilancia policial, despojándolos del teléfono móvil, documentos personales, los fármacos esenciales adquiridos por su cuenta y la chequera de jubilación que sustentaba la economía familiar.
Un sistema sanitario en ruinas abandonado a la impunidad
El incidente expone la degradación de un sistema sanitario en ruinas, controlado por un régimen opresivo que dilapida recursos en represión mientras abandona a los enfermos. La falta absoluta de insumos clínicos fuerza a los allegados a comprar de su bolsillo pañales desechables y medicinas en el mercado informal.

Estos remedios indispensables figuraban entre lo sustraído en la camilla del convaleciente. Mientras la delincuencia en Cuba penetra hasta las salas de urgencia sin freno alguno, los facultativos del hospital holguinero trabajan a ciegas, emitiendo diagnósticos a puro criterio personal ante aparatos de electrodiagnóstico inoperativos y laboratorios desprovistos de reactivos.
Plagas y desidia médica en el Hospital Lenin de Holguín
A través de un desgarrador testimonio audiovisual en redes sociales, quedó en evidencia las insalubres condiciones del recinto, mostrando una plaga de chinches caminando a centímetros del cuerpo de su padre. La proliferación de parásitos en las sábanas hospitalarias sintetiza la miseria institucional de un Estado fallido que priva a la población de la dignidad humana.
En este entorno dantesco, los médicos carecen de tecnología para verificar si el anciano sufre una parálisis, un infarto de miocardio o una isquemia, confirmando la indolencia de autoridades incapaces de reparar los equipos médicos o brindar protección a los ingresados.
Despojo a los enfermos bajo la complicidad de la dictadura
El hurto de la pensión y las tarjetas bancarias deja a esta familia en una vulnerabilidad extrema. Arrebatar el sustento a un anciano gravemente enfermo dentro de un centro de salud pública refleja hasta qué punto la delincuencia en Cuba ha destruido todo límite ético en una sociedad asfixiada.
La dictadura, implacable para reprimir manifestantes o encarcelar disidentes, muestra una complicidad pasiva ante la criminalidad desbordada. Las víctimas perdieron los recursos destinados a la supervivencia del paciente, además de ser despojadas de sus carnets de identidad en medio del colapso burocrático del régimen.
El colapso total de un régimen cruel e insensible
Este trágico episodio es la consecuencia directa de décadas de tiranía y negligencia en el poder. La denuncia de Betancourt evidencia la desvergüenza de los directivos hospitalarios y la jerarquía política, enfocados en perpetuarse en el mientras la infraestructura pública se derrumba.
Que la delincuencia en Cuba imponga su ley en las instituciones de salud prueba que el régimen ha perdido el control social básico, prefiriendo financiar la policía política antes que reparar tomógrafos o garantizar la seguridad en las salas de ingreso.
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La tragedia en Holguín expone con firmeza la crueldad castrista: familias obligadas a comprar fármacos por su cuenta para luego sufrir su despojo en la propia camilla, rodeados de plagas y equipos rotos. Sin análisis ni exámenes viables, la salud del paciente pende de simples suposiciones.
La impunidad con la que opera el hampa dentro del Hospital Lenin confirma el abandono total de la ciudadanía frente a la enfermedad, la indigencia y la impunidad.




