Cada Primero de Mayo, La Habana se viste de banderas y consignas. La Plaza de la Revolución se llena de bloques organizados, los micrófonos rebotan los nombres de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, y los altavoces oficiales hablan de “unidad” y de “conquistas”. Este 2026, la celebración volvió a estructurarse en bloques sindicales, encabezados por el sector de la Salud, bajo lemas como “Por Cuba juntos creamos” y “desfile por la paz”. Sobre el papel, un homenaje a quienes sostienen el país. En la realidad, una de las puestas en escena más cínicas que ha producido la dictadura cubana. Porque mientras los carteles hablan de orgullo proletario, el trabajador cubano de carne y hueso sobrevive con un salario que no alcanza ni para comer, está atrapado en un sindicato único que no lo defiende, y es vigilado en su centro laboral como sospechoso por el solo hecho de pensar distinto.
Un salario que no da para vivir, mientras el régimen habla de “conquistas”
En 2025 el salario medio estatal en Cuba osciló entre los 6.685 y 6.930 pesos cubanos al mes, según la propia ONEI. Con la tasa oficial fijada por el Gobierno en 410 CUP por dólar, eso equivale a unos 16 dólares al mes; con la tasa informal, baja a poco más de 15. En el sector presupuestado —hospitales, escuelas, oficinas estatales— el promedio cae a 5.799 pesos. Y mientras tanto, economistas independientes estiman que sostener a un hogar promedio en la isla cuesta más de 50.000 a 61.000 pesos mensuales. La canasta básica de alimentos para una pareja en La Habana ronda los 41.000 pesos. Es decir: un trabajador cubano necesitaría tres salarios medios solo para comer, y ocho para cubrir la vida elemental.
La inflación oficial reconoció una multiplicación por 4,6 en los precios entre 2021 y 2025. Ese es el “obrero feliz” que el régimen pasea cada 1ro de Mayo: un trabajador al que le pagan en una moneda devaluada, se le cobra en otra dolarizada, y se le exige aplaudir a quienes diseñaron ese empobrecimiento. Hablar de “conquistas de los trabajadores” en este contexto no es solo cinismo: es una falsificación deliberada de la realidad.

La esclavitud moderna del personal sanitario cubano
No es casualidad que el sector de la Salud encabece el desfile. Es la mercancía más rentable que exporta el régimen. Más de 40.000 profesionales cubanos están desplegados en “misiones” internacionales que en Cuba se venden como solidaridad y que organismos internacionales califican, una y otra vez, de trabajo forzoso y esclavitud moderna. El Estado cobra a los gobiernos receptores y se queda con hasta el 80–90 % de ese dinero. Al médico, al enfermero, al técnico, le entregan una fracción mínima, le retienen el pasaporte y los títulos, le imponen vigilancia, le prohíben moverse libremente y, si “deserta”, castiga a la familia que dejó en la isla con la temida “regulación” migratoria por ocho años.
La condena ya no es un asunto de opinión política: relatores especiales de la ONU lo han señalado entre 2019 y 2024, el Parlamento Europeo lo ha clasificado como “esclavitud moderna” en cuatro ocasiones, los parlamentos de España lo han denunciado, y en abril de 2026 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un informe de 199 páginas que concluyó que el programa opera como trabajo forzoso, trata de personas y esclavitud moderna, recomendando a los países del continente retirarse del esquema. Estados Unidos colocó a Cuba en el peor nivel de su informe global sobre tráfico de personas precisamente por estas brigadas. Esa es la “vanguardia” que el régimen pone al frente de su desfile: la prueba viviente de su modelo laboral, que es alquilar seres humanos.
La CTC: el sindicato único que no defiende a nadie
El régimen presume que el 96–97 % de los trabajadores cubanos están afiliados a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Lo que no dice es que la CTC es la única organización sindical legal en la isla, fundada en 1961 como correa de transmisión del Partido Comunista. No hay alternativas. No hay pluralidad. No existe el derecho a la huelga real, ni a la negociación colectiva independiente, ni a fundar sindicatos libres. Quien intenta organizar un sindicato fuera de la CTC es perseguido: en los últimos meses al menos 10 sindicalistas independientes han sido citados por la policía política para ser interrogados bajo amenaza.
Una afiliación del 97 % en un país sin libertad de asociación no es un éxito sindical: es una coacción. Llamar a eso “el sindicato de los trabajadores cubanos” es como llamar elecciones libres a las que organiza el propio régimen. La CTC no defiende a nadie de los abusos del Estado-empleador porque la CTC es el Estado-empleador.
Pensar distinto en Cuba te deja sin trabajo
La amenaza laboral es uno de los mecanismos de represión más eficaces del régimen, precisamente porque es silencioso. La advertencia clásica al obrero cubano es directa: “si quieres conservar tu empleo, tienes que estar de acuerdo con todo lo que diga el Gobierno”. Amnistía Internacional ha documentado durante años cómo los trabajadores cubanos son acosados o despedidos por cuestionar la realidad del país, y cómo, una vez marcados como “desafectos”, quedan prácticamente vetados de cualquier empleo equivalente. El Código Penal vigente sigue penando todo lo que se considere amenaza al “orden social, económico y político del Estado socialista”.
En las últimas semanas, trabajadores en Matanzas denunciaron que están siendo obligados a firmar documentos de adhesión ideológica al régimen bajo amenaza explícita de despido. La fórmula es la “idoneidad demostrada”: un concepto laboral elástico que permite al Estado decidir, sin recurso real, quién merece trabajar y quién no, en función de su lealtad política. Así, el desfile del 1ro de Mayo es también una asistencia obligada: en muchos centros, no marchar tiene consecuencias.
La trampa al sector privado: amenazar al “escape”
Durante años, el régimen vendió las MIPYMES como una apertura. La realidad de 2025–2026 es otra: una ofensiva sostenida contra el sector privado. El Decreto-Ley 91/2024 endureció multas de hasta 72.000 pesos. Se eliminaron exenciones fiscales y se restringió el uso de divisas. Se impuso un techo del 30 % al margen de comercialización. La Resolución 86/2026 obliga a cuentapropistas, MIPYMES y cooperativas a actuar como agentes de vigilancia financiera, reportando a sus propios clientes en listas de presunto terrorismo o lavado. A esto se suma la facturación electrónica obligatoria, el cruce masivo de datos financieros y la insistencia de Díaz-Canel en instalar comités del Partido y de la Juventud Comunista dentro de las propias empresas privadas.
El resultado es público: a finales de 2024, por primera vez desde su autorización en 2021, las MIPYMES registraron una caída neta. Cientos cierran sus puertas; otras tantas se autocensuran para no ser confiscadas. El régimen no quiere un sector privado pujante: quiere un sector privado obediente, fiscalizado y empequeñecido, para que ni siquiera la huida al cuentapropismo represente una vía real de emancipación económica para el trabajador cubano.
Lo que de verdad celebra el régimen
Por eso, lo que se vio este 1ro de Mayo no fue el día de los trabajadores cubanos. Fue el día en que el régimen se celebra a sí mismo por encima de los trabajadores. Es un desfile montado por quienes pagan 16 dólares al mes a un médico mientras le cobran al gobierno extranjero diez o veinte veces más. Por quienes obligan a sus obreros a firmar lealtad bajo amenaza de despido. Por quienes han convertido el sindicato en una oficina del Partido y al sector privado en sospechoso por defecto.
El verdadero Día Internacional de los Trabajadores en Cuba no se celebra en la Plaza de la Revolución, con pancartas impresas por el Estado y discursos repetidos. Se vive en cada cocina vacía a fin de mes, en cada médico atrapado en una misión en el extranjero, en cada cuentapropista que cierra para no ser multado, en cada cubano que prefiere irse antes que aceptar que su trabajo no le da ni para vivir. A esos trabajadores, los que sostienen de verdad a Cuba —dentro y fuera de la isla—, va dedicado este editorial. Porque mientras existan, ningún desfile podrá tapar la verdad: la dictadura cubana no celebra a los trabajadores. Los explota, los humilla y, llegado el caso, los alquila.