Palm Beach, Florida. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el escenario internacional con unas declaraciones explosivas sobre Cuba durante un evento público en Palm Beach, Florida, en las que aseguró que su gobierno “tomará posesión” de la isla “casi de inmediato” y deslizó la posibilidad de enviar uno de los portaviones más grandes del mundo a apenas 90 metros de las costas cubanas para forzar una rendición del régimen de La Habana.
“Cuba tiene problemas, y a mí me gusta terminar el trabajo”
Ante un auditorio en Florida —estado que concentra la mayor diáspora cubana del mundo—, Trump pronunció una de las frases más comentadas del fin de semana político en Estados Unidos:
“Y él es originario de un lugar llamado Cuba, del que tomaremos posesión casi de inmediato”.
El mandatario republicano, fiel a su estilo directo y provocador, añadió que la isla “tiene problemas” y que su administración planea resolverlos sin demora: “Primero solucionaremos uno. Me gusta terminar el trabajo”.
Acto seguido, el presidente describió un escenario que ya circula en redes sociales y medios cubanos dentro y fuera de la isla:
“De regreso de Irán, tendremos uno de nuestros grandes portaaviones, tal vez el USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo. Lo haremos llegar, detenerse a unos 100 metros de la costa y dirán: ‘Muchas gracias, nos rendimos’”.
Las palabras de Trump han sido interpretadas tanto como una bravuconada electoral como una advertencia explícita al régimen comunista cubano, en medio de la peor crisis económica, energética y migratoria que ha vivido la isla en décadas.

Nuevas sanciones contra el régimen de La Habana
Las declaraciones llegan apenas horas después de que el propio Trump ordenara una nueva ronda de sanciones diseñadas para asfixiar financieramente al gobierno cubano. La Casa Blanca considera que la isla, situada a tan solo 150 kilómetros de las costas de Florida, sigue representando una “amenaza extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos.
En su intervención del viernes por la noche, el mandatario insistió en que Washington podría hacer que un portaviones estadounidense, “de regreso desde Irán”, se detenga a “unas 100 yardas (90 metros)” de la costa cubana, en una clara demostración de fuerza naval frente al Caribe.
Las nuevas medidas se suman a las sanciones aplicadas a inicios de año y a la amenaza de imponer aranceles a los países que envíen combustible a la isla. Esa presión ya tuvo un efecto inmediato: México decidió cortar el suministro de petróleo a Cuba, agravando un desabastecimiento energético que se profundizó tras el bloqueo del crudo venezolano, ahora gestionado directamente por Washington.
Díaz-Canel responde: habla de “bloqueo genocida” y “pobreza moral”
Desde La Habana, el gobernante Miguel Díaz-Canel reaccionó casi en tiempo real a través de su cuenta en X (antes Twitter), donde calificó las medidas estadounidenses como parte de un “bloqueo genocida”.
“Hoy, el gobierno de #EEUU ha anunciado nuevas medidas coercitivas que refuerzan el brutal #BloqueoGenocida, como evidencia de su pobreza moral…”, escribió el mandatario cubano.
Díaz-Canel acusó además a Washington de mantener una “conducta intimidatoria y arrogante” y rechazó la idea de que Cuba represente un peligro para Estados Unidos: “Nadie honesto puede aceptar la excusa de que #Cuba sea una amenaza para ese país”.
Como respuesta interna, el régimen convocó este 1 de mayo a una concentración masiva para “defender la patria” y denunciar lo que considera amenazas crecientes de agresión militar por parte de Estados Unidos.
¿Una amenaza real o un mensaje político?
Aunque las palabras de Trump resonaron con fuerza entre la comunidad cubana del exilio —especialmente en Miami, Hialeah y Tampa—, analistas consultados por medios internacionales advierten que el escenario de un portaviones frente a Cuba forma parte, por ahora, del característico estilo retórico del presidente estadounidense, más enfocado en presionar al régimen y movilizar a su base electoral que en una intervención militar inminente.
Sin embargo, el endurecimiento real de las sanciones, el corte del suministro energético y el discurso cada vez más confrontacional confirman que la administración Trump está dispuesta a llevar la presión sobre La Habana a niveles no vistos desde la era de las administraciones más duras contra el castrismo.
Para la diáspora cubana, las palabras del presidente reabren un debate histórico: ¿es posible un cambio real en Cuba bajo presión externa, o cualquier escenario de fuerza terminaría golpeando, una vez más, al pueblo que sufre el régimen desde dentro?