El congresista cubanoamericano, Mario Díaz-Balart, pidió este lunes la libertad del joven Jonathan Muir, el adolescente de 16 años que los represores de la dictadura castrista mantienen encerrado en una cárcel de adultos.
El legislador republicano lanzó su exigencia desde la plataforma X con un mensaje que no dejó margen a la ambigüedad: “¡Desde Estados Unidos, exigimos LIBERTAD ya para Jonathan David Muir Burgos! Ningún menor de edad debe ser perseguido, encarcelado o intimidado por alzar su voz contra una dictadura. El régimen en Cuba debe liberarlo de inmediato”.
¡Desde Estados Unidos, exigimos LIBERTAD ya para Jonathan David Muir Burgos!
— Mario Díaz-Balart (@MarioDB) April 27, 2026
Ningún menor de edad debe ser perseguido, encarcelado o intimidado por alzar su voz contra una dictadura.
El régimen en Cuba debe liberarlo de inmediato. https://t.co/bG77mAndfb
Un adolescente encerrado con adultos mientras su salud se derrumba
Jonathan permanece detenido desde el 16 de marzo, siendo trasladado días más tarde a la prisión de Canaleta, un centro penitenciario para adultos, en condiciones que incluyen restricciones de visitas, alimentación insuficiente, ausencia de agua potable y ningún acceso a la atención médica que su estado de salud requiere de forma urgente.
El adolescente fue secuestrado luego de sumarse a la manifestación ocurrida jornadas antes en Morón, Ciego de Ávila, y lo hizo, según su propio padre, para expresar su frustración ante tanta miseria y la falta de lo básico para vivir.
Lo que la dictadura convirtió en pretexto para encarcelarlo fue una acusación de sabotaje, un cargo que puede acarrear entre siete y 15 años de privación de libertad según el infame Código Penal cubano, lo que significa que Jonathan podría cumplir la mayoría de edad y buena parte de su juventud entre rejas solo por haber caminado junto a vecinos desesperados por los apagones y el hambre.
La salud del menor, una emergencia que el régimen ignora a propósito
Jonathan Muir padece de deshidrosis severa y registra antecedentes de infecciones bacterianas por estreptococo beta hemolítico y estafilococo que comprometieron gravemente su sistema inmunológico desde pequeño, una condición que exige tratamiento médico constante y que la dictadura convirtió en arma de tortura pasiva al negarle cualquier atención dentro del penal.

Su padre, el pastor evangélico Elier Muir Ávila, describió con detalle hace pocos días el infierno que vive su hijo: “Nos llamó a la 1:45 de la madrugada y nos contó que no podía dormir por la cantidad de chinches que lo pican e infectan su cuerpo”.
Además de las plagas, el adolescente presenta episodios de hipoglucemia y crisis provocadas por las minidosis de comida que recibe, totalmente inadecuadas para alguien con su historial médico.
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Mario Díaz-Balart y una presión internacional que crece sin pausa
Mario Díaz-Balart no actúa solo en esta batalla, aunque su posición dentro del Congreso de Estados Unidos le otorga un peso político que los esbirros del régimen no pueden ignorar indefinidamente.
Mike Hammer, jefe de misión de la Embajada estadounidense en Cuba, también publicó un video en el que conversa directamente con los padres de Jonathan Muir y exige su liberación inmediata, en una acción que forma parte de una campaña sistemática de visibilización de casos de presos políticos en la isla.
Por otra parte, la semana pasada, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares de protección a favor del adolescente, al concluir que sus derechos a la vida, la integridad personal y la salud se encuentran en riesgo de daño irreparable.
La decisión de la CIDH, sumada a la presión que ejerce Mario Díaz-Balart, configura un cerco internacional que el castrismo enfrenta sin argumentos legítimos, porque no hay forma de justificar ante ningún organismo del mundo que un niño de 16 años duerma en una celda infestada de chinches por haber caminado junto a sus vecinos.
Un patrón de terror contra menores que el castrismo repite sin pudor
El caso de Jonathan no es aislado, sino más bien la aplicación deliberada de una estrategia que la dictadura ejecuta después de cada estallido social, seleccionando a algunos manifestantes entre cientos para convertirlos en escarmiento, en rehenes que sirven para amedrentar al resto de la comunidad y disuadir cualquier protesta futura.
Prisoners Defenders, estimó en marzo que al menos 1.200 personas permanecen tras las rejas en Cuba por criticar al sistema comunista y a sus líderes, entre ellos 32 niños y dos niñas. Jonathan es uno de esos números, aunque su padre se encargó de recordarle al mundo que detrás de cada cifra hay una persona.