“Mi firma por la Patria”, el regreso de la táctica de Fidel Castro contra el Proyecto Varela de Oswaldo Payá (+VIDEOS)

En mayo de 2002, Oswaldo Payá y el Movimiento Cristiano Liberación entregaron 11.020 firmas (luego superaron las 25.000) ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. Era el Proyecto Varela.

Se trataba de una iniciativa legal amparada en el artículo 88 de la Constitución, que pedía un referéndum para reformas democráticas: elecciones multipartidistas, libertad de expresión, propiedad privada y amnistía para presos políticos.

El tirano Fidel Castro respondió con una recogida masiva de firmas. Movilizó los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), centros laborales, escuelas y organizaciones de masas.

En pocas semanas se anunciaron más de 8 millones de firmas. Con ellas, la Asamblea aprobó por unanimidad la reforma que declaraba el socialismo “irrevocable e irrenunciable”.

Proyecto Varela
El Proyecto Varela impulsado por el católico Oswaldo Payá pedía cambios en la Isla comunista (Foto: archivo Cubanos por el Mundo)

El objetivo era claro: bloquear constitucionalmente cualquier cambio como el de Oswaldo Payá, mostrar “apoyo popular” masivo frente a una minoría opositora y neutralizar la atención internacional que había ganado el Proyecto Varela.

Fue una demostración de fuerza del macabro Comediante en Jefe para cerrar la puerta a reformas pacíficas desde dentro.

La campaña de 2026: “Mi firma por la Patria” bajo Miguel Díaz-Canel

El 19 de abril de 2026, en Playa Girón y coincidiendo con el 65 aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos, Miguel Díaz-Canel inauguró la campaña “Mi firma por la Patria”, reseñaron medios estatales.

Firmó personalmente junto a dirigentes del Partido Comunista de Cuba (el único legal en la Isla) y lanzó la recogida de firmas en apoyo a la Declaración del Gobierno Revolucionario titulada “Girón es hoy y es siempre”.

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Los libros de firmas se abrieron en comunidades, centros de trabajo, escuelas, entidades estatales y hasta en misiones diplomáticas en el exterior.

La meta oficial: millones de firmas antes del 1 de mayo. El mensaje: reafirmar la “vocación de paz” de Cuba, defender la soberanía y denunciar el “bloqueo genocida” y las amenazas de Estados Unidos en un contexto de tensiones crecientes.

El gobierno la presenta como un movimiento de solidaridad nacional e internacional para “divulgar la verdad de Cuba”.

El periodista Yosmany Mayeta hizo una publicación desde su perfil en la red social Facebook:

“En medio de campañas y firmas en Cuba, hay una realidad que no se puede esconder: miles de cubanos sobreviven gracias a la ayuda que llega desde el exterior. Remesas, recargas, paquetes, medicinas, el sostén diario de muchas familias no nace dentro del sistema, sino fuera de él. Entonces la pregunta queda en el aire: ¿cuántos de los que hoy firman lo hacen por convicción y cuántos por necesidad, rutina o presión? Porque en Cuba, muchas veces, firmar no es decidir, es cumplir. Y mientras se levanta una mano en público, la otra espera, en silencio, la ayuda que viene de lejos.”

Pero se desarrolla en medio de la peor crisis económica y energética reciente: apagones de más de 20 horas, colapso del transporte, escasez de alimentos y alta inflación.

Del Proyecto Varela y la histeria de Fidel Castro, al teatro de Díaz-Canel

Aunque separadas por 24 años, ambas campañas comparten una lógica idéntica del poder cubano:

1.- Uso del aparato estatal para generar “masividad”: en 2002 fueron los CDR y los centros de trabajo; en 2026 son los mismos mecanismos más las redes diplomáticas. Ambas convierten la firma en una obligación implícita para quien depende del Estado.

2.- Respuesta a presión (interna o externa): Payá representaba una amenaza interna legal; hoy la crisis económica genera descontento y hay tensiones con Estados Unidos. En ambos casos, las firmas sirven para proyectar unidad y deslegitimar críticas.

3.- Función propagandística y distractora: en 2002 enterraron el Proyecto Varela sin debatirlo; en 2026 la campaña coincide con apagones y escasez, y no hay que ser analista político para reconocer una “cortina de humo”.

4.- Legitimación del statu quo: Castro hizo el socialismo irrevocable; Díaz-Canel busca reafirmar la defensa de la Revolución socialista frente al “imperio” y la amenaza de una posible intervención militar.

Diferencias clave:

1.- El Proyecto Varela era una iniciativa opositora desde abajo; “Mi firma por la Patria” es una convocatoria oficial desde arriba, impuesta y ordenada.

2.- 2002 buscaba bloquear reformas democráticas propuestas por Payá; 2026 busca respaldo simbólico ante la crisis interna y la presión externa, sobre todo de Estados Unidos y la administración de Donald Trump.

3.- Reacción popular: en 2002 el control era mayor; hoy las redes explotan con preguntas como “¿Y las firmas para elecciones libres?”, “¿Firma de qué sirve?” y post virales como “No firmo” que cuestionan la utilidad de firmar mientras faltan luz, agua, comida ¡y libertad!

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En esencia, ambas demuestran la misma estrategia: cuando el sistema se siente amenazado, ya sea por una propuesta democrática o por el descontento real, responde con movilización masiva de firmas para fabricar consenso, distraer de problemas internos y reforzar el mensaje de que “el pueblo” respalda el modelo vigente.

Es una táctica probada para mantener el control político sin ceder espacio al debate ni a cambios reales.

La pregunta que queda en el aire, como en 2002 con la arremetida de Castro, es si estas firmas resuelven los problemas cotidianos o solo sirven para que el poder diga al mundo: “Miren, el pueblo está con nosotros”.

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