“Señales de humo superficiales”: EE.UU. desacredita las reformas económicas en Cuba

Las reformas económicas en Cuba presentadas por el régimen castrista recibieron una respuesta inmediata de Estados Unidos. El Departamento de Estado restó importancia al amplio paquete de medidas anunciado por La Habana y sostuvo que se trata de cambios limitados que no modifican la estructura política ni económica impuesta por la dictadura cubana durante más de seis décadas.

La reacción de Washington se produjo después de que el régimen de Miguel Díaz-Canel presentara un programa de 176 medidas económicas y sociales durante las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Aunque las autoridades cubanas intentaron mostrar el plan como una actualización profunda del modelo socialista, la Administración estadounidense consideró que las iniciativas no atacan las causas reales de la crisis que atraviesa la Isla.

En declaraciones ofrecidas a la agencia AFP, un portavoz del Departamento de Estado aseguró que las medidas anunciadas no representan una transformación significativa.

“Estas ‘reformas económicas en Cuba’ graduales son modestas, llegan con gran retraso y, en última instancia, son señales de humo superficiales del régimen cubano”, afirmó el funcionario.

La posición de Washington dejó claro que las reformas económicas en Cuba fueron vistas como una estrategia ya conocida del aparato político de La Habana, orientada a transmitir una imagen de apertura mientras mantiene intacto el monopolio del poder.

Washington acusó al régimen de simular cambios

Según el portavoz del Departamento de Estado, la cúpula gobernante utilizó en otras ocasiones anuncios similares para generar expectativas de flexibilización que posteriormente fueron revertidas.

“Es una estrategia típica: anunciar supuestas reformas para crear la ilusión de un compromiso con el cambio, para luego revertirlas rápidamente en cuanto se ve amenazado el control total del régimen”, señaló el funcionario citado por AFP.

Desde la perspectiva estadounidense, las reformas económicas en Cuba no ofrecieron garantías de estabilidad jurídica ni condiciones suficientes para atraer inversiones de largo plazo.

La Administración del presidente Donald Trump sostuvo además que el problema de fondo no radica únicamente en la economía, sino en la ausencia de libertades políticas y de un marco institucional que permita un desarrollo sostenido.

Estados Unidos exige “reformas económicas y políticas mucho más sustanciales que hagan a Cuba atractiva para los inversionistas (…) y ofrezcan al pueblo cubano la libertad, la dignidad y las oportunidades que merece”, agregó el portavoz.

El régimen anunció el mayor paquete de cambios en décadas

Las autoridades cubanas presentaron las medidas como uno de los programas más ambiciosos impulsados desde los tiempos de Raúl Castro.

El primer ministro Manuel Marrero Cruz expuso una serie de transformaciones que incluyeron la venta de activos estatales, la posibilidad de adquirir acciones de empresas públicas y la ampliación de las facultades para las micro, pequeñas y medianas empresas.

Asimismo, las propuestas abrieron la puerta a la participación de cubanos residentes fuera del país y a la posibilidad de abrir cuentas bancarias en el exterior.

Analistas señalaron que, “en teoría”, las reformas económicas en Cuba podrían facilitar la aparición de nuevos actores privados, una mayor autonomía empresarial e incluso proyectos inmobiliarios con capital extranjero. Sin embargo, el régimen de Miguel Díaz-Canel insistió en que las medidas no implicaban una renuncia al sistema socialista ni un cambio del modelo político.

La crisis obligó al régimen a mover fichas

Las reformas económicas en Cuba surgieron en medio de una de las peores crisis económicas registradas en la Isla desde la década de 1990.

La escasez de alimentos y combustible, la inflación, la caída de la producción nacional y los prolongados apagones aumentaron el descontento popular y aceleraron el éxodo migratorio.

En ese escenario, las reformas económicas en Cuba aparecieron como una respuesta a la presión generada por el deterioro de las condiciones de vida de millones de cubanos.

No obstante, Washington consideró que los anuncios no bastan para recuperar la confianza internacional ni para resolver las deficiencias estructurales que provocaron el colapso económico.

La Administración Trump mantuvo su estrategia de presión sobre la dictadura cubana y reiteró que cualquier normalización requerirá cambios políticos y económicos más profundos.

Mientras tanto, Miguel Díaz-Canel defendió las nuevas disposiciones y aseguró que el régimen puede introducir modificaciones económicas sin abandonar el socialismo.

Pero para Estados Unidos, las reformas económicas en Cuba siguen siendo insuficientes y representan únicamente una nueva maniobra del régimen castrista para intentar proyectar una imagen de apertura sin renunciar al control absoluto del país.

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