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El químico en Cuba: cuando drogarse cuesta menos que comer y protestar (+Video)

Una dosis puede costar menos que ciertos alimentos. Precios documentados, denuncias de Otaola y Cubalex y el debate sobre evasión, hambre y represión en Cuba.

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Ilustración editorial de un plato vacío ante una calle cubana para un análisis sobre el químico, el hambre y la represión.
Ilustración editorial generada con IA para Cubanos por el Mundo. No representa una escena documental.

Análisis | Cubanos por el Mundo

El químico en Cuba plantea una comparación brutal: una dosis puede costar menos que ciertos alimentos, mientras vivir sin evadirse obliga a enfrentar el hambre, los apagones y el miedo. Los precios recogidos por reportajes independientes y las denuncias sobre su distribución describen una crisis que rebasa el consumo de drogas: también interroga a un poder que castiga la inconformidad y debe responder por el deterioro de la vida cotidiana.

Una publicación de Cubanos por el Mundo y Hola Otaola en Instagram vuelve sobre esa realidad. Su descripción denuncia la situación de una persona sentada en la calle junto a basura acumulada y la vincula al consumo del llamado “químico” o “papelito”. El texto reclama atención y prevención. No aporta una evaluación médica que permita confirmar qué le ocurre a esa persona.

La denuncia exige mirar más allá de la escena: qué posibilidades encuentra un joven para alimentarse, trabajar, recibir ayuda o reclamar un cambio. Cuando esas puertas se cierran, la promesa de desconectarse durante un rato puede encontrar terreno fértil.

Una dosis frente al precio de comer

La comparación tiene antecedentes concretos. En un reportaje de Claudia Padrón Cueto publicado por CubaNet el 12 de enero de 2024, una dosis se situaba entre 150 y 200 pesos cubanos, frente a más de 300 pesos por una libra de azúcar. Son precios de aquel momento, no una cotización nacional actual.

El 23 de septiembre de 2025, el escritor Jorge Ángel Pérez describió en una columna testimonial en CubaNet el caso de un joven para quien el “químico” costaba menos que una pizza. Más recientemente, el reportaje del 31 de julio de 2026 sobre su distribución en La Habana recogió el testimonio de Ernesto, un joven que dijo haber superado la adicción: aseguró que en algunos lugares se vendía a 100 pesos.

Esas referencias respaldan que una dosis puede resultar más barata que determinados alimentos o una comida comprada. No establecen un precio único para toda Cuba ni permiten equiparar el costo de una dosis con el de alimentarse durante un día. Tampoco hacen barata una dependencia: el gasto repetido y sus consecuencias pueden destrozar la economía familiar.

El químico en Cuba: evadirse de una vida sin horizonte

El plato vacío no desaparece cuando alguien se desconecta de la realidad. Tampoco llega la electricidad ni mejora el salario. Lo que puede cambiar, por un tiempo, es la percepción del sufrimiento. Esa posibilidad de evasión ayuda a formular una pregunta política: ¿qué está ofreciendo el régimen a una generación que necesita un futuro y encuentra un presente cada vez más difícil de soportar?

No hay en las fuentes revisadas un estudio que permita afirmar que los jóvenes cubanos, en conjunto, consumen drogas para evitar protestar. La relación entre desesperanza, evasión y desmovilización es el análisis que propone esta nota, no un motivo que pueda atribuirse automáticamente a cada consumidor.

El costo de expresar inconformidad sí tiene ejemplos documentados. Nuestra cobertura sobre Anna Bensi y el registro de presos políticos recoge la condena de dos años de limitación de libertad anunciada por la joven y su madre tras el juicio del 1 de octubre de 2026, relacionado con la grabación y difusión de la visita de un agente. La sanción no equivale a cárcel, pero ilustra las restricciones que puede acarrear cuestionar al poder.

En ese entorno, conseguir una evasión momentánea puede parecer más al alcance de algunas personas que organizar una protesta con consecuencias imprevisibles. La responsabilidad de cerrar los espacios cívicos recae sobre quienes los reprimen. Quien padece una adicción necesita atención y oportunidades; convertirlo en culpable de la falta de cambios añade otro abandono.

Las denuncias de Otaola sobre fabricación y distribución

Cubanos por el Mundo ha publicado acusaciones específicas. El 31 de agosto de 2025 recogimos la denuncia de Alex Otaola sobre un supuesto origen del “químico” en laboratorios médicos estatales. El presentador sostuvo que se fabricaba con una finalidad de control social. Se trata de una acusación de Otaola: la nota no presenta análisis de laboratorio ni documentación de producción que la demuestren de manera independiente.

El 1 de septiembre de ese año, publicamos otra denuncia de Otaola sobre un supuesto proveedor en Santo Suárez vinculado familiarmente a un agente del DTI. Según explicó el comunicador, vecinos le habían informado sobre la venta en las inmediaciones de una escuela y la aparente impunidad del vendedor.

El 30 de noviembre de 2025, el presentador volvió sobre la hipótesis de las drogas como instrumento para mantener sometida a la población. Esa interpretación merece ser recogida con su autoría y exige investigación. La reiteración de una denuncia, por sí sola, no prueba una orden del Gobierno ni una política nacional de fabricación.

Cubalex: acusaciones dentro de las propias prisiones

Las denuncias de complicidad institucional también aparecen en el informe publicado por Cubalex el 25 de noviembre de 2025. La organización reunió testimonios y reportes públicos sobre circulación de drogas, protección de redes y participación de funcionarios en distintos centros penitenciarios.

Entre los testimonios citados figura el del excarcelado Ohauris Rondón Rivero, quien atribuyó a policías la introducción de drogas en la prisión 1580. Cubalex también recogió la denuncia del activista Marcel Valdés sobre distribución por guardias en el Combinado del Este. Son señalamientos concretos de corrupción y participación estatal que requieren rendición de cuentas; no demuestran por sí mismos la fabricación en laboratorios estatales.

El discurso oficial presenta los operativos como prueba de enfrentamiento al narcotráfico. Cubanos por el Mundo ha informado sobre decomisos anunciados en el aeropuerto de La Habana. Pero mostrar una incautación no responde a las acusaciones sobre funcionarios ni explica cómo se protege a quienes necesitan tratamiento.

La responsabilidad de un poder que vigila y no protege

Desde Cubanos por el Mundo sostenemos que el régimen debe responder tanto por la represión como por sus obligaciones de protección. Debe esclarecer las denuncias contra sus funcionarios, permitir investigaciones independientes y ofrecer atención accesible. El silencio y la propaganda dejan a las familias solas frente al problema.

Una sociedad agotada tiene menos recursos para organizarse y exigir derechos. Ese efecto puede favorecer a un poder autoritario, aunque no baste para probar que el poder diseñó cada una de sus causas. Investigar esa diferencia fortalece la denuncia: obliga a buscar responsables y evidencias, además de señalar el desastre.

Que una dosis llegue a costar menos que una comida retrata una sociedad cuyas prioridades han fracasado. La salida que merecen los jóvenes cubanos incluye alimento, atención, oportunidades y libertad para cambiar su país. Ninguno debería tener que buscar en la pérdida de conciencia un descanso de la vida que le ha tocado.

Ernesto García

Periodista y editor con más de 25 años de experiencia. Me gradué en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, y desde entonces dediqué mi vida a contar historias, a informar y a defender el periodismo libre. En 2016 tuve que dejar Cuba. La censura y la persecución a los periodistas me obligaron a tomar esa decisión. Llegué a Miami y aquí encontré la libertad que necesitaba para seguir haciendo lo que más amo: periodismo sin ataduras. Hoy soy Director General de Cubanos por el Mundo, una plataforma que nació para conectar, visibilizar y acompañar a todos los cubanos que, como yo, construimos nuestra vida fuera de la isla sin perder nuestras raíces. Porque ser cubano no termina donde termina Cuba.

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