El espionaje del régimen cubano volvió a ocupar un lugar central en la política exterior de Estados Unidos después de que el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, acusó a La Habana de mantener durante décadas una estrategia de influencia e inteligencia destinada a perjudicar la seguridad nacional estadounidense.
El funcionario presentó esa denuncia mientras defendió las recientes sanciones impuestas por Washington, la asistencia humanitaria enviada directamente al pueblo cubano y la presión internacional para lograr la liberación de los presos políticos de la Isla.
Durante una entrevista concedida al programa This Week in South Florida, transmitido por Local 10, Pigott sostuvo que las acciones del régimen castrista no respondieron únicamente a una lógica de la Guerra Fría, sino que continuaron representando una amenaza vigente para Estados Unidos.
Según explicó, el informe “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI“, publicado por el Departamento de Estado el pasado 20 de julio, recopiló evidencias sobre una estrategia sostenida de penetración política e ideológica impulsada desde La Habana.
El portavoz del Departamento de Estado aseguró que ese documento permitió a los ciudadanos estadounidenses comprender mejor “esta campaña de influencia y espionaje de décadas que el régimen cubano ha estado apoyando”.
Asimismo, afirmó que el informe expuso “un caso claro, convincente y transparente” sobre los intentos de la dictadura cubana de afectar la seguridad nacional de Estados Unidos.
Washington vinculó las operaciones cubanas con redes de influencia internacional
Al profundizar sobre el contenido del informe, Pigott señaló que el espionaje del régimen cubano no se limitó a la obtención de información sensible. También sostuvo que La Habana desarrolló durante años una red internacional para promover su influencia política mediante organizaciones, activistas y programas conocidos como “turismo revolucionario”.
El portavoz del Departamento de Estado afirmó que el régimen funcionó como un “nexo y nodo” para trasladar a decenas de miles de simpatizantes hacia Cuba, donde recibieron formación política e ideológica antes de regresar a sus países de origen.
Además, vinculó esas actividades con lo que describió como un incremento del “terrorismo de extrema izquierda” tanto en Estados Unidos como en otras regiones del mundo, asegurando que la dictadura castrista desempeñó un papel relevante en la expansión de esa influencia.
Informe oficial señaló vínculos entre organizaciones estadounidenses y La Habana
Uno de los aspectos destacados por Pigott fue la referencia a organizaciones estadounidenses que, según el informe, mantuvieron relaciones con instituciones vinculadas al régimen cubano.
Entre ellas mencionó a la National Network on Cuba, organización que, según explicó, difundió un supuesto “plan de respuesta rápida” que convocó a la “agitación y la resistencia” frente a determinadas políticas migratorias estadounidenses.
De acuerdo con el portavoz del Departamento de Estado, dicho documento incluso incluyó ubicaciones de instalaciones militares y centros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), aspecto que Washington interpretó como una acción preocupante dentro de la estrategia de influencia promovida desde La Habana.
Pigott evitó revelar detalles sobre posibles agentes cubanos
Consultado sobre la existencia de otros presuntos agentes cubanos operando actualmente en territorio estadounidense, Pigott rechazó ofrecer información específica.
Sin embargo, insistió en que el espionaje del régimen cubano continuó siendo un problema actual y no un episodio exclusivamente histórico.
“Es, en gran medida, un problema de la actualidad”, precisó.
También recordó el caso del exdiplomático estadounidense Víctor Manuel Rocha, acusado en 2023 de actuar durante años como agente al servicio de la inteligencia cubana, uno de los procesos de espionaje más relevantes descubiertos en las últimas décadas dentro de Estados Unidos.
Las sanciones buscaron aumentar la presión sobre el régimen castrista
Las declaraciones de Pigott llegaron pocos días después de que el Departamento de Estado anunciara nuevas sanciones contra nueve entidades y dos funcionarios vinculados al aparato económico del régimen cubano.
Las medidas incluyeron empresas relacionadas con el conglomerado militar GAESA, organizaciones del sector energético y organismos asociados con la exportación de servicios médicos.
Según explicó el portavoz del Departamento de Estado, estas designaciones formaron parte de una estrategia destinada a impedir que el régimen continuara evadiendo las sanciones estadounidenses mediante estructuras empresariales paralelas.
Respecto a las denominadas misiones médicas cubanas, Pigott reiteró la posición oficial de Washington y las calificó como “realmente explotadoras”, al sostener que el régimen cubano retuvo una parte considerable de los ingresos generados por los profesionales enviados al extranjero.
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