La Habana en el recuerdo

Habana-recuerdo

Cuando vivíamos en La Habana, soñábamos con irnos, con abandonar la ciudad, para siempre, salir de ella, a cualquier precio, de cualquier forma. Todo nos molestaba, la espera de las guaguas, las colas, las calles sucias, odiábamos carteles, consignas y prohibiciones. En más de una ocasión escuche hasta maldecirla; maldita ciudad, dijeron más de uno. Cansados de apagones y racionalizaciones, culpábamos hasta a las piedras de nuestra frustración y limitaciones. Queríamos alas y volar cuanto antes.

Muchos logramos irnos, después de intentos y sueños. La Habana, quedo lejos, inaccesible en cierta forma. Parte del pasado, no más presente, ni futuro cierto. Entre ella y nosotros; recuerdos, luchas, mar y restricciones de un lado y del otro. Habana, inalcanzable del todo, inabarcable en el recuerdo.

Nos inventamos otra Habana, recreamos otra ciudad en nuestros sueños y memoria. Vestimos La Habana de blanco, la adornamos de girasoles y la hicimos nuestra eterna novia. Novia fiel que espera y no traiciona. Aprendimos a mirarla diferente, la despojamos de escombros y carteles. En la distancia, aprendimos a valorarla y  agradecerle por existir.

Alessandro Caproni | Flickr
Alessandro Caproni | Flickr

Cambio la imagen de nuestra ciudad, nuestros pasos al andarla, real o imaginariamente, nos llevaron a nuevos sitios. El sol de la nostalgia, ilumino cada rincón de nuestra ciudad. La memoria, reedito lo mejor de nuestras vivencias. Nuestros ojos, tras lentes de inmigrantes, descubrieron colores, arco iris y palmeras al viento, se deslumbraron ante tanta luz. Poco a poco, se fue hermoseando, nuestra ciudad, como mujer embarazada de futuro, se hizo más bella y más amada, especial!

La  ciudad, que un día cargamos con culpas ajenas, fue declarada inocente. En juicio público con miles de testigos y abogados defensores, fue liberada de cargos. La ausencia de acusadores, garantizo su absolución total. El juez, dio su veredicto, cuando golpeo sobre la mesa con su mazo, cientos de colibríes volando, ratificaron sus palabras; inocente de  culpas, culpable de provocar amor y añoranzas, libre para siempre, condenada a amar y ser amada eternamente.

La ciudad, un día maldecida, se llenó de bendiciones, donde hubo molestias y hastíos, descubrimos amor, sueños por realizar, tareas por hacer. Donde pensamos existía sólo pasado, descubrimos, poco a  poco, el futuro. Donde había oscuridad, poco a poco, anunciando un mañana mejor, la luz, se fue abriendo paso.

No, La Habana, no es una ilusión óptica o un recuerdo de algo que un día existió, es real, tangible, nuestra. No existe solo en nuestras mentes, no la inventamos una tarde de nostalgias, está allá, esperando, soñando junto a nosotros y el futuro.

La ciudad, de la que tanto quisimos huir un día, termino, para siempre, atrapándonos, no nos resistimos, la dejamos hacer. Terminamos enredados en recuerdos y sueños. El amor, la nostalgia, rompieron velos que no dejaban verla, apreciarla plenamente. Fantasmas amigos, se encargaron de habitarla y cuidarla por nosotros, nos la muestran en cada reencuentro, nos la traen al exilio. La Habana, abre sus brazos, reclina su cabeza en el malecón y espera. Sabe que el futuro que lleva en sus entrañas, no tardara en nacer, acaricia su vientre, nos mira, sonríe, sabe que no está sola, cuenta con nuestro amor y presencia.

 

Deja un comentario

Descubre más desde Últimas noticias de Cuba y de los Cubanos por el Mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Share to...