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Mientras los hijos de Díaz-Canel, Miguel Díaz-Canel Villanueva y Jenny Díaz-Canel Villanueva, estuvieron de gira por Camagüey, su papá dictador asegura públicamente que la escasez de combustible limita incluso sus propios recorridos por la Isla.
Pero el dúo estuvo rodeado de una logística que incluiría transporte estatal, alojamiento, alimentación privada y combustible «a pululu», según denunció el periodista independiente José Luis Tan Estrada.
Tan Estrada aseguró en un video publicado en redes sociales que el Gobierno provincial habría asignado 2.000 litros de combustible exclusivamente para garantizar los desplazamientos relacionados con las presentaciones.
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La cifra adquiere especial relevancia en una provincia ¡y todo un país! donde la escasez de carburante golpea diariamente el transporte y otros servicios básicos.
Según el periodista, detrás de la visita se habría desplegado una logística que incluye vehículos, motos, bicimotos y medios vinculados a Transtur, además de una ambulancia y otros automóviles que pueden observarse circulando en imágenes difundidas desde la provincia.
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Tan también mencionó como parte del operativo la Casa de Visita del reparto El Retiro, donde se habría preparado parte de la atención destinada a los visitantes.
La denuncia alcanza además a los gastos de alimentación. En el bar-café La Casona se preparó un bufé privado y que el personal encargado de atender a los visitantes habría sido seleccionado cuidadosamente. “El personal para atenderlo fue escogido con pinzas por la Seguridad del Estado”, sostuvo el periodista.

De acuerdo con su relato, parte de los gastos estarían saliendo del presupuesto destinado a la Feria Internacional del Libro de Camagüey, bajo responsabilidad de instituciones culturales de la provincia.
Tan cuestionó particularmente que semejante despliegue se realice para actividades que, según aseguró, en algunos casos no reúnen siquiera a 30 personas. En la «descarga» de La Casona no hubo escritores invitados al convite.
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Trascendió que las presentaciones estarían siendo remuneradas con cifras que oscilan entre 100.000 y 150.000 pesos cubanos por concierto.
Aquí interviene el proyecto cultural Golpe a Golpe, que dirige Yunielky Naranjo, y el papel de funcionarios provinciales vinculados a la organización de las actividades.
La relación de Miguel Díaz-Canel Villanueva con Camagüey, sin embargo, no comenzó ahora. En 2023, el hijo del gobernante recorrió con su agrupación D’Cuba los municipios de Vertientes, Guáimaro y Jimaguayú, antes de reunirse en la capital provincial con integrantes de Golpe a Golpe, periodistas y jóvenes artistas. Aquella visita fue promovida por el Centro Provincial del Libro y la Literatura y presentada por la prensa oficial como una iniciativa cultural.
El combustible que falta para unos y aparece para otros
El episodio resulta particularmente incómodo para el discurso oficial porque ocurre en medio de una crisis energética extrema. El propio Díaz-Canel ha reconocido repetidamente que Cuba carece del combustible necesario para mover buena parte de su economía. En junio afirmó que la falta de carburante impedía distribuir oportunamente alimentos y medicamentos y mantenía paralizada una parte importante de la generación eléctrica.
Más recientemente, el gobernante ha insistido en que la escasez es tan severa que afecta su propia capacidad de desplazarse por el país. Una columna publicada tras su entrevista con la periodista brasileña Mónica Bergamo destacó precisamente su afirmación de que no podía realizar determinados recorridos por el interior debido al combustible requerido para movilizar el dispositivo que lo acompaña.

Ahí aparece la contradicción política más evidente: si no hay combustible para trasladar medicamentos, recoger basura, producir alimentos o incluso para que el gobernante recorra Cuba, ¿cómo aparecen supuestamente 2.000 litros para garantizar una gira vinculada a sus hijos?
El problema trasciende incluso la cantidad denunciada. Es la existencia de dos Cubas: la que recibe explicaciones sobre sacrificios, apagones y escasez, y la que aparentemente puede activar vehículos, alojamiento, comida y combustible cuando quienes viajan pertenecen a la familia gobernante.
La pregunta inevitable es mucho menos artística: ¿quién paga realmente la gira de los hijos de Díaz-Canel por Camagüey y por qué esos recursos sí aparecen cuando para el cubano común todo está en falta?
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