Familia de luchador cubano “Spiderman” denuncia marcas de violencia tras visitarlo en Villa Marista

El luchador cubano Javier Ernesto Martín Gutiérrez, a quien el pueblo identifica cariñosamente como el “Spiderman de Cuba”, recibió la visita de su madre y su esposa, Lisandra Cuza, en Villa Marista.

Este encuentro ocurrió en un contexto de alta tensión, marcado por las denuncias de violencia física y el intento del aparato de propaganda del régimen de desacreditar la salud mental del deportista tras sus recientes protestas públicas contra la crisis sistémica que asfixia a la isla.

La jornada de visita no estuvo exenta de la intimidación característica de la policía política. Durante todo el tiempo que duró el intercambio, un instructor de la Seguridad del Estado permaneció dentro de la sala, impidiendo cualquier comunicación fluida sobre los detalles legales o el estado del proceso.

Según relató Lisandra Cuza a medios independientes, la presencia del oficial hizo que apenas pudieran hablar sobre las particularidades del caso que mantiene al atleta bajo las garras de la represión castrista. Sin embargo, a pesar del entorno hostil, el semblante del luchador cubano transmitió un mensaje de resistencia.

“Emocionalmente, está bien, tranquilo, confía en que pronto saldrá de esto”, declaró Cuza tras salir del centro de detención. La esposa del joven atleta de Artes Marciales Mixtas (MMA) confirmó que, a pesar de las condiciones de encierro, Martín Gutiérrez mantiene la entereza que demostró durante sus días de protesta pacífica en el municipio de Marianao.

Marcas de la violencia sufrida durante arresto

No obstante, la tranquilidad emocional del detenido contrasta con las evidencias físicas de los maltratos sufridos durante su captura el pasado 24 de abril.

La detención del luchador cubano ocurrió de manera violenta cerca de su residencia. Testigos y familiares denunciaron que varios efectivos lo interceptaron y lo golpearon antes de trasladarlo a Villa Marista. En la visita de este miércoles, la familia confirmó el peor de los temores: las marcas de la brutalidad policial siguen visibles.

Según Cuza, el deportista tiene postillas en la cabeza, producto de los impactos recibidos. “Ha sido interrogado varias veces y le han revisado el teléfono, pero él se ha defendido bien, ha sido coherente con sus ideas, con lo que cree, está muy seguro de sí mismo”, subrayó la joven a Cubanet.

Mientras la familia busca justicia, la maquinaria de desinformación del régimen, articulada a través del portal Razones de Cuba, intentó construir una narrativa paralela para minimizar el impacto político del arresto.

El aparato oficialista negó que la detención tuviera tintes represivos y alegó que el luchador cubano se encontraba bajo una “evaluación clínica” debido a un comportamiento supuestamente anormal. Esta estrategia de utilizar la psiquiatría con fines políticos, una práctica recurrente en las dictaduras totalitarias, buscó presentar el hartazgo cívico de Javier Ernesto como un episodio de desequilibrio mental.

El régimen castrista demostró este viernes que continúa intensificando la represión dentro de la isla tras revelarse que el luchador cubano Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido en el mundo de las artes marciales mixtas como "Spiderman", fue arrestado de manera violenta en La Habana por un grupo de hombres que no portaban uniforme ni identificación visible.
Luchador cubano Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido en el mundo de las artes marciales mixtas como “Spiderman”. Foto: Composición CPEM

Sin embargo, los hechos desmintieron la versión estatal. El “Spiderman de Cuba” pasó una semana manifestándose de forma pacífica desde su balcón, denunciando la falta de libertades y la precariedad económica que padece la población. Tres días antes de su arresto, el joven fue consciente de los riesgos que corría y aseguró que esperaba ser detenido o desaparecido. Su frase de despedida antes de caer en manos de la Seguridad del Estado resonó con fuerza en las redes sociales: “Me tendrán que matar para que me calle la boca”.

Actualmente, el régimen procesa al luchador cubano bajo la figura delictiva de “incitación a delinquir”, un cargo que la oposición y juristas independientes señalan como un mecanismo estándar para encarcelar a quienes disienten. Para enfrentar este proceso amañado, la familia ya contrató los servicios de un abogado defensor, aunque en el sistema judicial de la isla la autonomía de la defensa es casi inexistente cuando los intereses de la policía política están de por medio.

Dentro de las celdas de Villa Marista, Javier Ernesto intentó establecer una rutina que le permitiera conservar la salud física y mental. Su esposa comentó que el joven trató de mantenerse ocupado realizando ejercicios, leyendo y compartiendo diálogos con otros detenidos.

Amenazas a la familia del luchador cubano

La resiliencia del luchador cubano parece haber incomodado a sus captores, quienes al finalizar la visita lanzaron una advertencia directa a las mujeres de la familia. El instructor del caso les advirtió que tuvieran cuidado con la información que compartían con la prensa, utilizando la típica amenaza de que el flujo de información veraz “podría perjudicar a Javier”.

Este caso reitera el patrón de intolerancia absoluta del castrismo hacia cualquier figura pública que utilice su influencia para señalar el colapso del modelo social cubano. El luchador cubano Javier Ernesto Martín Gutiérrez no es un paciente psiquiátrico, sino un ciudadano que decidió romper el silencio, y cuya integridad física hoy depende de la visibilidad internacional que reciba su situación en las oscuras celdas de la dictadura

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