La madre cubana Mercedes Roque desenmascaró sin rodeos la cobardía y el cinismo de la dictadura al denunciar que las autoridades del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se burlaron una vez más de su dolor tras trece meses exigiendo justicia por la trágica muerte de su hijo.
El joven Antonio Alejandro Rassi Roque, de apenas 18 años, perdió la vida el 18 de agosto de 2025 en la siniestra Unidad Militar «El Calvario», ubicada en La Habana, solo tres semanas después de ser reclutado por el Servicio Militar Obligatorio.
La desesperada protesta se aprecia como una condena directa contra el ministro de las FAR, Álvaro López Miera, a quien la denunciante increpó sin piedad en un video publicado en sus redes sociales tras comprobar que la burocracia militar montó una farsa para encubrir a los impunes culpables.

Una farsa para encubrir la impunidad
La cita convocada este lunes por el mando castrista resultó ser una maniobra de manipulación vacía, pues excluyó deliberadamente a los oficiales acusados para protegerlos en impunidad.
En lugar de presentar al Mayor Ricardo Martínez, jefe de la unidad militar al ingreso del recluta, y al Primer Teniente Aldo Fábregas Ardiles, señalado como ejecutor directo de los abusos que destruyeron al joven, el régimen envió a tres tenientes coroneles (Aysel, Norque y un tercero cuyo nombre ni recordó) para despachar el reclamo.
Esta vil estrategia ignora la petición formal entregada por la mujer el 20 de agosto, reafirmando que las instituciones de la tiranía prefieren escudarse tras burocracia antes que responder por la sangre derramada en sus recintos.
«¿Dónde tiene que ir una madre a pedir justicia, transparencia verdadera para la muerte de un hijo que se murió en las instituciones de ustedes, bajo custodia militar, bajo custodia del Estado?», manifestó, con lógica molestia.
El acoso y los abusos dentro del cuartel
El deterioro físico y psicológico que sufrió el joven durante sus escasos 21 días de encierro demuestra los métodos inhumanos ejercidos por los esbirros del cuartel.
Antes de morir, Antonio mostraba signos severos de desorientación, falta de sueño, descuido en su aseo personal y ropa sucia, consecuencias del acoso institucional y las amenazas constantes de enviarlo a celdas de castigo, sumadas a la suspensión de su pase familiar por 49 días consecutivos.
Para cualquier madre cubana, este aplastamiento emocional fue la causa provocada que detonó la tragedia a las 2:45 de la tarde del fatídico día, pocas horas después de hablar por teléfono a las 8:55 de la mañana para informar que entraba a la guardia militar.
Un expediente archivado y una maquinaria criminal
A pesar de que las autoridades archivaron el expediente el 2 de julio mediante un sobreseimiento provisional decretado por el fiscal Velázquez, la versión oficial que atribuye el fallecimiento a una «decisión propia» es tajantemente rechazada por la familia.
Ningún oficial ha sido investigado ni juzgado, demostrando que el Estado criminal opera como una maquinaria impune que destruye a la juventud y encubre sus crímenes catalogándolos engañosamente como hechos voluntarios.
La firme resolución de esta madre cubana expone ante el mundo cómo la tiranía castrista utiliza el descarado peloteo y la indiferencia para desgastar a los familiares que se atreven a romper el silencio frente a la violencia institucional en la isla.
La promesa inquebrantable de la lucha
Ante la burla del régimen, la dolida y combativa madre cubana prometió llevar su reclamo de justicia a instancias internacionales para que la dictadura responda por las muertes bajo custodia estatal.
Roque anunció que presentará por tercera ocasión una queja formal ante la cúpula del MINFAR, asegurando que no se callará frente a la estructura criminal que le arrebató a su hijo para siempre.
La exhausta madre cubana concluyó su testimonio denunciando que nunca más verá cruzar a su hijo la puerta del hogar, dejando al desnudo la barbarie de un sistema opresor que arranca a los jóvenes de sus familias para devolverlos muertos sin que nadie pague por los abusos cometidos.




