El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aclaró que el cambio económico en Cuba va de la mano con el cambio político que significa la salida de los comunistas del poder.
En ese sentido, el funcionario cubanoamericano elevó el tono de Washington frente a La Habana y dejó en claro que la administración republicana no aceptará ningún tipo de negociación que no contemple una transformación profunda del sistema político impuesto por la dictadura.
Las declaraciones del secretario de Estado se produjeron en París, al margen de una reunión de cancilleres del G7, y rápidamente se convirtieron en el centro del debate sobre el futuro de las relaciones entre ambos países.
Marco Rubio descarta acuerdos solo económicos con La Habana
De esta manera, Marco Rubio descartó un posible acuerdo “solo económico” con el régimen, sin pasar por el cambio del castrismo, como se ha venido insinuando desde la narrativa oficial en las últimas semanas. En ese sentido, rechazó a cualquier fórmula que implique concesiones económicas sin cambios políticos.
El jefe de la diplomacia estadounidense repudió con firmeza reportes de prensa que sugerían que Washington podría aceptar una solución limitada a reformas económicas sin cambios en la estructura de poder en la isla.
“La economía cubana necesita cambiar, y no puede cambiar a menos que cambie el sistema de gobierno”, dijo.
“El cambio económico es importante. Darle a la gente libertad económica es importante, pero van de la mano, vienen juntos”, añadió.

Para el secretario de Estado, cualquier análisis que separe ambas dimensiones parte de una premisa equivocada sobre la naturaleza de la crisis cubana.
Rubio también abrió una ventana al optimismo diplomático al estimar que “quizá ahora pueda ser el momento” para un cambio político en Cuba, sugiriendo que las condiciones actuales podrían representar una oportunidad histórica que no debe desaprovecharse.
El funcionario vinculó de manera explícita los apagones, la escasez de combustible y el deterioro generalizado de la infraestructura al modelo de gobierno vigente y a la ausencia de reformas de fondo, argumentando que no existe razón para que grandes capitales apuesten por una economía controlada por un sistema comunista sin garantías de apertura.
Para Rubio, el problema no radica en el pueblo cubano, sino en quienes lo gobiernan. Lamentó que los ciudadanos de la isla solo logren prosperar cuando salen del país, y señaló que ese mismo talento que se evidencia en múltiples rincones del mundo no puede desplegarse dentro de Cuba debido a las restricciones impuestas por el sistema.
Es importante destacar que las palabras de Marco Rubio se producen semanas después de que se confirmaran contactos entre ambos países, luego de que el presidente Donald Trump adelantara que podría haber avances en poco tiempo.
En sus declaraciones, Rubio también fue enfático al señalar que cualquier reporte sobre Cuba que no provenga directamente de él o del presidente debe considerarse falso, dado que son ellos quienes manejan el tema. Con esa advertencia, el funcionario buscó cerrar el espacio a interpretaciones que sugieran posiciones más flexibles dentro de la administración estadounidense.
La postura de La Habana: economía sí, política no
Frente a la presión de Washington, el régimen cubano mantiene su propia línea. El puesto a dedo Miguel Díaz-Canel descartó cualquier cambio político y aseguró que las supuestas reformas en curso son de carácter económico, defendiendo un modelo fracasado y atribuyendo la crisis al endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
Esta posición enfrenta directamente la narrativa de Marco Rubio. Mientras Washington sostiene que la raíz de la crisis cubana es estructural y que las reformas parciales no bastan, La Habana insiste en que las sanciones externas son el principal obstáculo para el desarrollo de la isla.
LEE TAMBIÉN: Marco Rubio: “Los cubanos triunfan en todo el mundo, excepto en Cuba” (+VIDEO)