La presencia de Mariela Castro en Roma defendiendo la «resistencia» cubana obliga a preguntar quién soporta realmente los sacrificios que el régimen presenta como virtudes.
Resulta cómodo reivindicar la supervivencia del socialismo desde una tribuna europea cuando sus consecuencias recaen sobre ciudadanos sin capacidad para cambiar a sus gobernantes. La hija de Raúl Castro convierte las privaciones del pueblo en credenciales políticas de un sistema que exige paciencia, pero rechaza rendir cuentas.
Mariela Castro defiende en Roma la «resistencia» cubana👇 🇮🇹 Mariela Castro participó en un acto político en Roma bajo el lema “La Resistencia de Cuba”, donde defendió la soberanía del gobierno cubano frente a presiones externas. El evento reunió a académicos, activistas y figuras políticas italianas cercanas a La Habana, además del embajador cubano en Italia. 🏳️🌈 Durante su intervención, presentó el Código de las Familias como ejemplo de avances sociales en la isla, destacando reformas como el matrimonio igualitario y la adopción homoparental. Según su discurso, estas medidas demuestran que Cuba continúa ampliando derechos pese al bloqueo económico. 🌍 El acto también incluyó debates sobre solidaridad internacional, Palestina y el impacto del embargo estadounidense. El economista Luciano Vasapollo calificó a Cuba como un “laboratorio político y social” que sigue generando discusión global sobre soberanía y justicia social. ⚖️ El discurso se enmarca en una serie de apariciones recientes de Mariela Castro en el exterior, donde ha reforzado la narrativa oficialista de resistencia y confrontación con Estados Unidos, al tiempo que reitera que en Cuba “hay dolor, pero no rendición”. CIBERCUBA
— Mario J. Pentón (@MarioJPenton) October 5, 2026
El encuentro en el Circolo GAP, acompañado por el embajador cubano y el economista Luciano Vasapollo, fue presentado como una conversación sobre «derechos», «solidaridad» y «soberanía».
Sin embargo, esa muela pierde fuerza cuando sirve para justificar al poder sin examinar sus responsabilidades. La solidaridad con Cuba debería empezar por escuchar a los cubanos, incluidos quienes rechazan al régimen. Confundir una nación con su des-Gobierno permite presentar cualquier crítica al castrismo como una agresión contra el país.
Los derechos no exigen fidelidad al Partido
El Código de las Familias reconoce supuestas «conquistas», como el matrimonio igualitario y la adopción por parejas del mismo sexo. Utilizarlos como argumento para absolver al régimen de sus prácticas represivas supone convertir una ampliación de derechos familiares en propaganda política. Una pareja puede tener reconocido su matrimonio y seguir careciendo de libertad para cuestionar públicamente a sus gobernantes.
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La marcha independiente del 11 de mayo de 2019 mostró el límite de esa apertura. Tras cancelarse la conga oficial del CENESEX, ciudadanos decidieron manifestarse por su cuenta y encontraron intervención policial y detenciones.
La diversidad resultó tolerable mientras permaneciera bajo supervisión institucional. Cuando quiso expresarse con autonomía, apareció la coerción. Ese antecedente debe acompañar cualquier balance sobre igualdad: los derechos también se miden por la posibilidad de ejercerlos sin pedir autorización política a quienes gobiernan.
Mariela Castro en Roma: sacrificios para otros
Las revelaciones sobre Paolo Titolo, esposo de Mariela, vuelven más incómodo ese discurso. Según una investigación de El Confidencial, adquirió tres viviendas en Barcelona entre 2015 y 2019.
Su valor actual conjunto se estima entre 1,29 y 1,68 millones de euros. Son estimaciones de mercado.
Mientras Mariela defiende la resistencia del modelo cubano, su entorno familiar dispone de patrimonio en Europa. ¿Con qué autoridad se celebra la austeridad ajena cuando la familia cuenta con alternativas fuera e incluso DENTRO de la isla? El problema es esa distancia entre el compromiso que se exige al ciudadano y las posibilidades de quienes lo exigen.
Cuba pertenece a sus ciudadanos
Describir Cuba como un laboratorio político, como hace Vasapollo, revela además una mirada demasiado cómoda desde el extranjero. Los cubanos no existen para sostener experimentos ideológicos ni para confirmar las convicciones de académicos europeos. Tienen derecho a vivir con dignidad, organizarse y decidir otro rumbo.
Mariela Castro habla de “resistencia” desde Roma. Hasta la capital italiana viajó la infanta del castrismo para hablar de soberanía, derechos y solidaridad con Cuba. Hace apenas unos días, Aleida Guevara hacía lo mismo desde Bruselas. La resistencia, por lo visto, tiene una intensa agenda europea.
— Mag Jorge Castro🇨🇺 (@MagJorgeCastro) October 5, 2026
El discurso de Mariela Castro en Roma debería someterse a esas preguntas. Defender soberanía implica reconocer la capacidad del ciudadano para disentir. La resistencia merece respeto cuando es libre; impuesta desde el poder, se convierte en resignación obligatoria. Mariela, la «socialista», debe explicar por qué el régimen reclama sacrificios sin ofrecer libertades ni rendición de cuentas.




