El periódico oficialista Escambray pidió más presencia de los cuerpos de inspectores y policías para combatir a los revendedores.
Estas personas fueron calificadas por el periódico estatal como “especímenes egoístas, sin escrúpulos ni compasión” que se organizan en un clan.
“Los revendedores se atrincheran, se lo llevan absolutamente todo y nadie, absolutamente nadie, hace nada”, dice la nota, que lleva la firma de Mary Luz Borrego.

Pareciera que la redactora del artículo viviera en otra galaxia, pues esta realidad surgió en medio de la escasez de alimentos, y ella misma lo reconoce.
“Sin descubrir el agua tibia, claro que la causa de esta revendedera sin frenos radica en la escasez. Escasez que a todas luces pica y se extenderá no se sabe hasta cuándo. Escasez que engorda la inflación y obliga a buscar dinero a toda costa porque los precios actuales mandan. Escasez que gravita en el vórtice de todo”, escribe.
Confiesa que lo “ha vivido en carne propia” cuando ha intentado, en vano, comprar unas “croquetas salvadoras” en una pescadería cercana a la sede del periódico.
El artículo, más que proponer soluciones, es todo un lamento, una descripción y una catarsis, reflejo del desbarajuste que vive la Cuba comunista del “sálvese quien pueda”.
“El oficialmente llamado enfrentamiento existe, ya sea por los cuestionados cuerpos de inspectores o por la Policía, pero resulta mínimo ante la avalancha de traficantes de mercancía que pululan hoy aquí y al parecer en toda Cuba”
Al decir de la nota, Sancti Spíritus se ha convertido en un gigantesco bazar. Las tiendas y los mercados se mantienen semivacíos. La gente vende lo que sea en los portales y Revolico prolifera en las redes sociales.
Los revendedores comercializan todo a sobreprecio, cinco y 10 veces más caro, según la denuncia de varios espirituanos.
Los trabajadores de tiendas y establecimientos esconden los surtidos y luego lo destinan a amigos y familiares para revenderlos “por la izquierda” a paladares, restaurantes y cafeterías privadas.
Ha proliferado el antiquísimo trueque practicado en los lejanos tiempos de la comunidad primitiva: “picadillo por champú, pollo por detergente, vinagre por acondicionador”, describe la reportera.
O sea, ¡un reflejo de lo que sucede en toda Cuba!
Muchas personas comentaron el texto en la plataforma del rotativo oficialista, donde obviamente el moderador de comentarios aprueba determinados contenidos.
Bladimir Pérez recomendó que “todo debe ser por la libreta en los momentos actuales de crisis, es lo más justo”.
Para este espirituano, los precios todos está por encima “y a nadie le importa”. “Según yo escuché al ministro de economía si regula los precios los productos se pierden”.
Pérez cuestionó el papel que juega el Estado y los “tantos organismos” que existen para supervisar y controlar la situación de los revendedores.
Carlos Garriga no comparte la misma idea y considera que no es efectivo el uso de la libreta de abastecimiento.
“Si están compinchados el dependiente y el revendedor, siempre inventan, y lo digo por experiencia propia, de nada sirve, siempre son los mismos los que compran y revenden luego”, opinó.
Alguien que se identifica como “el agradecido” criticó que siguen los coleros, revendedores y acaparadores campeando por su respeto y el que trabaja le cuesta adquirir algún producto.
“Que no me digan que hay que esperar se termine el bloqueo con sus 243 medidas de Trump para no ver esta situación. Ni me hablen de inspectores para combatir esto. Sobran las palabras”, alertó.
Escambray responsabiliza a los gobiernos locales y la emprende hasta con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), organizaciones castristas y represivas que considera “subutilizadas”.
Miembros tanto de los CDR, como de la FMC y otras organizaciones como la Central de Trabajadores de Cuba, se han encargado de conformar grupos “anticoleros” en la Isla.
La comentarista también exige “acabar de descentralizar el comercio minorista y que incluya las ofertas de cooperativas, cuentapropistas, y mipymes, permitir la inversión de cadenas de supermercados extranjeros en el país”, algo que no es bien visto por la dictadura comunista.
En conclusión, ni cuerpo de inspectores y policías podrán acabar con la presencia de los revendedores en Sancti Spíritus ni en cualquier lugar de la Isla.
La corrupción a todos los niveles, desde el camionero, el almacenero, el jefe de sector, el bodeguero y el presidente del gobierno municipal no se acabará en la Isla de la miseria y la resolvedera.
Como catarsis y lamento, no estuvo mal el artículo. Pero la propia periodista, con un salario miserable y los mismos problemas que el cubano de a pie, tendrá que sucumbir a este “clan” para alimentarse y alimentar a los suyos.
Que no olvide quiénes son los peores revendedores de Cuba. Solo una pista: los que compran pollo en EEUU por centavos y se lo venden al pueblo cubano a precio de langosta.
Redacción Cubanos por el Mundo