En el municipio de Bayamo, una niña cubana de apenas 8 años llamada Lía libra una batalla silenciosa que va más allá de sus enfermedades respiratorias crónicas.
Su peor situación es el abandono, pues lleva más de 50 días sin recibir una sola gota de agua potable en su hogar, su nevera es un mueble oxidado y vacío, y sus únicas compañeras de juego son viejas muñecas rescatadas de un contenedor de basura, a las que ella misma cose diminutos vestidos con retazos para devolverles algo de vida.
El retrato de esta menor fue expuesto en Facebook por el periodista y activista Guillermo Rodríguez Sánchez, quien reside en México y coordina redes de solidaridad para asistir a familias cubanas en situación de vulnerabilidad extrema.
Lo más conmovedor del caso es que el llamado de auxilio no surgió de la madre de Lía, Lariatne Gamboa, sino de una vecina que, apenada por la miseria ajena y compartiendo esporádicamente algún plato de comida, decidió alzar la voz en nombre de ambas.
Según relató el activista, la vecina siente una profunda vergüenza por no poder hacer más por esta «alegre niña y su muy luchadora mamá», y le duele que personas tan bondadosas padezcan tanta penuria.
Rodríguez Sánchez fue implacable al describir el interior del frigorífico familiar, calificándolo como una masa de suciedad, óxido y costras acumuladas por ciclos de congelación que jamás llegaron a buen término debido a los constantes apagones. En ese electrodoméstico, los alimentos se descomponen y se pudren entre corte y corte de electricidad, sin que sobre nada para llevar a la boca. «Que nadie venga a adornarlo —subrayó el activista—, no tener qué comer ni los medios para buscar comida adecuada aunque trabajes es la peor de las miserias.»
Aparte del caso de Lía, existen miles de madres y niñas en toda la isla que sobreviven en condiciones idénticas. Las cifras oficiales y de organismos internacionales respaldan esta afirmación: el Observatorio Cubano de Derechos Humanos señala que el 89 % de las familias cubanas vive en pobreza extrema, con un salario promedio mensual que apenas equivale a 13 dólares.
La alimentación infantil es uno de los puntos más críticos. El propio Ministerio de Industria Alimentaria del régimen ha reconocido que más de 100,000 niños cubanos no reciben la leche diaria que les corresponde por la canasta normada. Además, el Programa Mundial de Alimentos advierte que el 48.5 % de los estudiantes de entre 6 y 11 años no accede a la comida que debería servirles la escuela.
El caso de Lía está también ligado al colapso energético que asfixia a la provincia de Granma. La Empresa Eléctrica de ese territorio admitió en junio pasado que apenas logra generar un tercio de la energía que la provincia demanda, dejando a los circuitos eléctricos acumulando más de 45 horas ininterrumpidas sin servicio. Estos cortes prolongados inutilizan las bombas hidráulicas, lo que explica la dramática sequía de agua que padece Lía desde hace casi dos meses.
Por otra parte, se estima que cerca de tres millones de cubanos sufren escasez de agua sin acceso regular al recurso. En Bayamo, la única alternativa para conseguir el líquido es recurrir a pipas privadas, cuyo costo ronda los 20,000 pesos cubanos por viaje, una cifra absolutamente inalcanzable para una familia que apenas puede subsistir.
Ante la inacción del régimen, las personas que quieren a la niña, apelan a la solidaridad ciudadana. Quienes deseen colaborar con Lía y su madre pueden realizar donaciones a través de la tarjeta BPA 9238 1299 7955 8725, que está a nombre de Verona Bonce, una amiga de la familia, ya que Lariatne Gamboa no posee cuenta bancaria.
También se puede contactar directamente a la madre al teléfono móvil +53 55056528, o bien llamar al 59659518 para coordinar ayudas dentro de la isla.
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