Preso político Roilán Álvarez abandona su huelga de hambre

El preso político cubano, Roilán Álvarez Rensoler, decidió abandonar su huelga de hambre tras seis días de un ayuno forzado por la miseria y el atropello sistemático que impera en los calabozos de la dictadura.

Álvarez, recluido en la prisión provincial “El Yayal”, en la provincia de Holguín, puso fin a su protesta extrema ante el peligro inminente de una muerte programada por el régimen, motivada por el acelerado deterioro físico que arrastra desde sus anteriores enfrentamientos contra el sistema carcelario.

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La represión constante dentro del penal

La confirmación llegó a través de una llamada telefónica dirigida a su hermana, Arianna Álvarez Rensoler, quien a su vez extendió la información a Martí Noticias.

El ayuno fue la respuesta desesperada de este hombre ante el descarado decomiso de los alimentos que su familia le entregó con tanto esfuerzo. Este acto de piratería institucional, ejecutado por los esbirros penitenciarios, desencadenó un ciclo de violencia: tras el robo de sus víveres, Álvarez Rensoler sufrió una golpiza brutal y, como si fuera poco, el aislamiento en una celda de castigo durante un día.

Al regresar a su celda habitual, mantuvo su dignidad intacta al distribuir entre otros reclusos los pocos alimentos que le permitieron conservar.

Antecedentes de un historial de resistencia

La trayectoria de este preso político cubano es una radiografía del horror que la Seguridad del Estado inflige a quienes se atreven a disentir. El 31 de enero, en la provincia de Holguín, las fuerzas represivas lo arrestaron bajo el falso cargo de propaganda contra el orden constitucional.

El régimen lo acusó vilmente de colocar carteles con consignas y de causar daños a una valla que ensalzaba la figura de Fidel Castro en la localidad de Birán.

Desde aquel arresto inicial, este preso político cubano demostró que su espíritu es inquebrantable. Aquel día, comenzó una huelga de hambre que se extendió durante 48 días, una odisea que lo llevó al borde del abismo.

El desgaste fue tan extremo que sufrió un paro cardíaco, evento que obligó a los médicos a reanimarlo para evitar que muriera bajo custodia. Durante su internamiento en la sala de terapia intermedia del Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, en Holguín, la Seguridad del Estado se encargó de asfixiar cualquier rastro de humanidad, impidiendo que su familia lo visitara y ocultando deliberadamente los detalles sobre su crítico estado clínico.

Exigencias frente a la tiranía

Es preciso recordar que Álvarez Rensoler es miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y reside habitualmente en el municipio Mella, Santiago de Cuba. Su primera huelga, iniciada tras su detención en el centro de la Seguridad del Estado conocido como “Todo el Mundo Canta” en Pedernales, tenía como única exigencia su liberación inmediata. Él considera, con toda razón, que su arresto y las imputaciones en su contra son una farsa orquestada por una dictadura que no tolera la disidencia ni la libertad de pensamiento.

Este preso político cubano vive hoy en una pesadilla impuesta por un sistema decadente que utiliza el hambre como arma de tortura. La comunidad internacional observa con indignación cómo el régimen castrista, desprovisto de cualquier rastro de moral, mantiene tras las rejas a ciudadanos ejemplares.

La decisión de abandonar la huelga de hambre no significa, bajo ninguna circunstancia, una rendición. Por el contrario, es una estrategia de supervivencia ante una maquinaria de muerte que busca silenciar a toda costa a quienes, como Roilán Álvarez Rensoler, prefieren el sacrificio personal antes que doblegarse ante el totalitarismo imperante.

La dictadura mantiene su acoso, pero no logra doblegar la voluntad de aquellos que se han convertido en un símbolo de resistencia frente a la tiranía más longeva del hemisferio.

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