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Las reacciones del régimen cubano ante la ofensiva política de Washington quedaron marcadas por los ataques contra la Agencia Central de Inteligencia (CIA), las acusaciones de dominación estadounidense y las advertencias sobre una eventual presencia de buques de guerra cerca de la isla.
Los pronunciamientos del régimen cubano de Carlos Fernández de Cossío, Miguel Díaz-Canel y Bruno Rodríguez Parrilla evidenciaron el rechazo de la cúpula castrista a los recientes mensajes del secretario de Estado, Marco Rubio, y del presidente Donald Trump.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, cuestionó públicamente la iniciativa de la inteligencia estadounidense para establecer contactos confidenciales con ciudadanos cubanos interesados en promover cambios políticos en el país.
“Ahora EE.UU. se apea con reclutamientos públicos de la CIA. Debe haber mucho desespero o pobreza en las filas de la agencia cuando tiene que vender sus ofrecimientos como pasta de dientes”, escribió el diplomático en su cuenta de X.
Posteriormente, Fernández de Cossío amplió sus críticas en Facebook y calificó a la organización estadounidense como “una organización de terrorismo de Estado”. También afirmó que su “sucio historial está bien documentado y sólo con lo que se conoce públicamente”.
Las declaraciones de los miembros de la cúpula del régimen cubano respondieron a una campaña que comenzó cuando Rubio animó a quienes desean “crear un cambio positivo en Cuba” a aprovechar “el momento” para establecer una “asociación discreta con la CIA”.
La agencia difundió después un video institucional y una guía de seguridad digital en Instagram con recomendaciones para contactar a sus representantes de forma más segura. Entre las orientaciones figuraron el empleo de redes privadas virtuales (VPN), la navegación en modo incógnito y la eliminación de rastros digitales.
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La iniciativa colocó la posibilidad de colaborar con los servicios de inteligencia estadounidenses en el centro de la confrontación política entre Washington y La Habana.
Díaz-Canel denuncia las supuestas intenciones de Washington
Por su parte, Miguel Díaz-Canel también reaccionó a la presión de Estados Unidos y denunció en X que Washington “no renuncia a sus ambiciones de dominación sobre Cuba”.
El pronunciamiento coincidió con las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de que embarcaciones militares estadounidenses se acercaran a las costas de la isla después del conflicto con Irán.
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Durante un acto político celebrado en Fort Myers, Florida, el mandatario estadounidense habló de una “pequeña escala” de los buques a unas 50 yardas de la costa cubana antes de enviar a Rubio a “cerrar el acuerdo”.
La declaración introdujo un nuevo elemento de tensión en la relación bilateral, aunque no constituyó por sí misma un anuncio formal de despliegue naval ni confirmó una operación militar contra Cuba.
Ante ese escenario, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla recurrió a una advertencia sobre las características del litoral cubano. “En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro”, escribió, en una referencia a las formaciones rocosas que dificultan el acceso a determinadas zonas de la costa.
Las reacciones del régimen cubano combinaron así la descalificación de las iniciativas de inteligencia estadounidenses con mensajes dirigidos a disuadir cualquier eventual movimiento militar cerca del territorio nacional.
La presión estadounidense se intensificó en octubre
Los intercambios verbales ocurrieron en medio de una política de presión de Washington sobre el régimen cubano, que incluyó nuevas herramientas de sanción económica y acciones judiciales relacionadas con antiguos episodios de violencia.
El 1 de mayo, Trump amplió mediante una orden ejecutiva las facultades para imponer sanciones a personas y entidades vinculadas al aparato de seguridad cubano, la corrupción y las violaciones graves de los derechos humanos. La disposición también contempló medidas contra determinadas entidades financieras que facilitaran operaciones con los sancionados.
La semana estuvo marcada, además, por novedades judiciales relacionadas con Raúl Castro y el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, en el que murieron cuatro personas.
El fiscal general de Florida, James Uthmeier, anunció el 19 de octubre una orden estatal de arresto relacionada con ese caso. El procedimiento fue distinto de la acusación federal que el Departamento de Justicia hizo pública el 20 de mayo contra Castro y otros cinco implicados, con cargos relacionados con conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y asesinato.
Las reacciones del régimen cubano se produjeron, por tanto, en un momento de creciente presión diplomática, económica y judicial. Mientras Washington promovió contactos confidenciales con potenciales colaboradores dentro de Cuba y Trump planteó la posibilidad de acercar buques militares a sus costas, los principales representantes de la dictadura respondieron con acusaciones contra Estados Unidos y advertencias públicas.
La evolución de estos acontecimientos dependerá de las próximas decisiones de la Casa Blanca y de la respuesta de La Habana. Por ahora, las declaraciones de ambas partes elevaron la tensión, sin que los pronunciamientos citados confirmaran una intervención militar estadounidense ni un cambio inmediato en el sistema político cubano.
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