Mientras la dictadura se centra en perseguir a opositores, la delincuencia en Cuba sigue creciendo, y quedó demostrado con los recientes robos en viviendas de Cárdenas, Matanzas.
El aparato represivo del régimen castrista, siempre eficaz para encarcelar a disidentes, vigilar calles con esbirros de la Seguridad del Estado y sofocar cualquier rastro de libertad, muestra una indolencia criminal ante los azotadores impunes del pueblo.
Los ciudadanos comunes sobreviven desprotegidos en una sociedad sumida en el caos, donde el hampa campa a sus anchas mientras la cúpula comunista destina todos los recursos estatales a blindar su parasitismo en el poder.
Saqueo desalmado mientras una madre cuidaba a su hijo apuñalado
Christian Arboalez sacó a la luz pública a través de las redes sociales los espeluznantes hechos ocurridos desde el pasado 17 de agosto. El caso más despiadado salpicó a la madre de un joven conocido popularmente como Erito, quien días atrás resultó gravemente herido tras ser apuñalado durante una violenta alteración del orden público en el reparto 13 de Marzo, específicamente en la avenida 34 y la calle Coronel Verdugo.
Mientras esa abnegada progenitora velaba por la vida de su hijo en una sala de hospital, los delincuentes penetraron violentamente en la residencia familiar, ubicada en la Carretera de Horacio Rodríguez número 28.
La cobardía de los asaltantes quedó expuesta al sustraer de la vivienda un equipo EcoFlow y un ventilador recargable, bienes indispensables en una isla golpeada por los continuos e insoportables apagones del sistema eléctrico.
Este indignante suceso pone al desnudo la impunidad con la que actúan las bandas criminales, alimentadas por la descomposición social que genera el propio castrismo. Los robos en viviendas de Cárdenas evidencian la vulnerabilidad absoluta de las familias cubanas, que además de padecer la escasez de medicamentos y comida, sufren el saqueo de los pocos artículos de primera necesidad que logran adquirir.
A la angustia desgarradora de tener a un familiar al borde de la muerte en una entidad hospitalaria desprovista de insumos básicos, se le suma ahora la impotencia de perder el patrimonio doméstico a manos de desalmados que operan con total libertad bajo la sombra de la inacción policial.
Encapuchados asaltan un apartamento
No se trata de un incidente aislado, sino de una escalada delictiva sistemática que sacude a diferentes barriadas matanceras. En la zona de Fructuoso Rodríguez, concretamente en la calle 22 entre 30 y 36, se registró un violento intento de robo durante la medianoche.
Dos ladrones encapuchados subieron hasta un apartamento situado en un quinto piso para forzar el acceso empleando una pata de cabra. El estruendo provocado por los golpes violentos contra la puerta alertó a la comunidad, desencadenando los ladridos desesperados de los perros del edificio.
La reacción de los vecinos ahuyentó a los criminales, quienes escaparon apresuradamente bajando las escaleras antes de lograr su cometido. La dueña de la propiedad llegó posteriormente junto a la patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria, pero las autoridades, como ocurre habitualmente en estos episodios, no capturaron a los sospechosos.
La constante proliferación de robos en viviendas de Cárdenas obliga a los vecinos a organizar sus propios métodos de defensa cívica ante la evidente incompetencia de las fuerzas del (des)orden castristas. El régimen prioriza el despliegue de patrullas para intimidar a activistas, pero ignora los clamores de auxilio de los ciudadanos decentes.
Madrugada de asalto en la barriada de Fundición
Otro indignante hecho delictivo ocurrió durante la pasada madrugada en el sector de Fundición. Amparados por la penumbra y la ausencia de vigilancia estatal, individuos indeseables irrumpieron en el patio de un domicilio particular para saquear bienes indispensables del hogar.
La familia afectada constató la sustracción de un cilindro de gas licuado lleno hasta la mitad, además de varios envases plásticos que contenían alcohol de bodega, ácido y disolvente de pintura. El cilindro de gas robado posee una marca distintiva e imborrable realizada con plumón permanente que señala la fecha 18-6-26, coincidente con la jornada de su compra en el mercado oficial.
Los afectados interpusieron la denuncia correspondiente ante las autoridades del régimen, cuyos agentes acudieron al inmueble para tomar fotografías y levantar huellas dactilares en la escena del crimen. Sin embargo, la efectividad de los peritos estatales despierta un profundo escepticismo entre la población, cansada de presenciar cómo las investigaciones para resolver robos quedan atrapadas en la burocracia sin que aparezcan los responsables ni se recuperen los bienes sustraídos.
El pueblo cubano sabe perfectamente que la dictadura castrista moviliza de inmediato a cientos de efectivos para sofocar una protesta pacífica o decomisar productos a vendedores ambulantes, pero muestra una pasividad complaciente cuando la delincuencia común saquea a las familias trabajadoras.
El colapso definitivo del mito de la tranquilidad ciudadana
Esta peligrosa ola delictiva demuestra la decadencia irreversible de una estructura dictatorial incapaz de brindar seguridad ciudadana elemental. El azote incesante de los robos en viviendas de Cárdenas destruye el mito de la “tranquilidad” que la propaganda oficial vende al exterior.
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Los cubanos continuarán expuestos al despojo de sus escasas pertenencias mientras el sistema comunista priorice la represión política por encima del bienestar y la protección de la población.