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Rosa María Payá presenta en Madrid el plan de transición para Cuba

Rosa María Payá presentó en Madrid el plan de transición para Cuba, con tres fases y un gobierno de hasta 36 meses, en un acto con el secretario general de la OEA, Albert Ramdin.

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Rosa María Payá presents the transition plan for Cuba at the "Cuba en el umbral" event in Madrid.
Rosa María Payá durante la presentación del equipo y el plan de transición para Cuba, en el acto «Cuba en el umbral», en el Hotel Wellington de Madrid, el 3 de noviembre de 2026. Imagen: captura de la transmisión en vivo de Cubanos por el Mundo en YouTube.

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La opositora Rosa María Payá presentó este 3 de noviembre en Madrid, junto a Pasos de Cambio, el equipo y el plan de transición para Cuba, un día antes de la XXX Cumbre Iberoamericana. El plan prevé tres fases y un gobierno de transición de entre 18 y 36 meses, sin prórroga, que lleve a un plebiscito vinculante y a elecciones libres.

Al arrancar el acto, Payá afirmó que la libertad es un derecho de los cubanos y que la transición es su responsabilidad. El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, dijo que, tras casi 70 años, es normal evaluar y repensar el sistema en Cuba y que «el momento para eso es ahora»; aclaró que intervenía como secretario general y no en nombre de los Estados miembros, descartó una transición violenta y pidió liberar sin condiciones a los presos políticos. El canciller de República Dominicana, Víctor Bisonó Haza, también expresó su apoyo al cambio en Cuba, y el eurodiputado polaco Arkadiusz Mularczyk defendió suspender el acuerdo político entre la Unión Europea y el régimen cubano.

Lo que se sabe hasta ahora

La presentación del equipo y del plan de transición, en el acto «Cuba en el umbral» en el Hotel Wellington de Madrid, es la primera que se hace en público. La XXX Cumbre Iberoamericana se celebra en Madrid el 4 y 5 de noviembre.

El plan nace del Acuerdo de Liberación, firmado el 2 de marzo de 2026 en Miami por Pasos de Cambio y la Asamblea de la Resistencia Cubana. Propone una hoja de ruta por etapas, con un gobierno de transición de duración limitada que desemboque en elecciones libres. Según Cuba Decide, sus fases son tres: liberación; estabilización y reconstrucción; y democratización.

Payá anunció esta presentación el 16 de octubre, en Madrid, al recibir el Premio FAES de la Libertad.

Lo que se dijo en el acto

Apertura: «La noche no será eterna»

Payá abrió el acto asegurando que, durante 67 años, algunos han intentado convencer a los cubanos de lo contrario, pero que los cubanos saben que la libertad es su derecho. Añadió que la transición es una responsabilidad propia, porque el futuro de Cuba pertenece a todos.

Recordó además unas palabras que le dejó su padre, Oswaldo Payá, y que, dijo, están hoy más vigentes que nunca: «La noche no será eterna». Esa frase da título al libro que Oswaldo Payá terminó poco antes de su muerte, en 2012.

En su saludo inicial dio una bienvenida especial al secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, presente en el acto, y agradeció la participación del canciller de República Dominicana, Víctor Bisonó Haza.

El canciller dominicano respalda el cambio en Cuba

Bisonó Haza expresó su apoyo a la transformación que, según dijo, debe producirse en Cuba para que haya democracia, libertad y garantías para los derechos humanos. Se disculpó por no poder estar personalmente en el acto, debido a un cambio inesperado en la agenda oficial de la cumbre y a sus compromisos con la comunidad dominicana, y agradeció a Payá, a quien llamó amiga, la invitación al conversatorio.

«Estamos en el momento preciso», afirmó. Sostuvo que la hermandad de Latinoamérica y el apoyo a los valores de la libertad deben hacerse presentes lo más rápido posible en una transformación que permita a los cubanos elegir y tener un futuro mejor. Añadió que nadie mejor que Payá para llevar esa bandera y le aseguró que cuenta siempre con su apoyo.

Mularczyk: la reconciliación no significa impunidad

El eurodiputado polaco Arkadiusz Mularczyk intervino a continuación. Sus palabras se citan según la traducción simultánea del acto. Dijo haber sido durante casi 20 años miembro del Parlamento polaco y recordó que Polonia vivió casi cuatro décadas bajo el comunismo y recuperó su libertad gracias a la valentía de personas comunes, al movimiento Solidaridad y a la convicción moral de Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Afirmó que Cuba está en el umbral del cambio: la pérdida del apoyo de Venezuela y los apagones constantes han dejado al descubierto el sistema comunista, mientras hay presos políticos encarcelados y las familias luchan por sobrevivir.

Planteó que la experiencia polaca deja tres lecciones. La primera, que remover el comunismo no es suficiente: Polonia entró en la OTAN y en la Unión Europea y levantó una de las mayores economías de Europa, pero, dijo, cometió errores en la transición. Entre ellos citó leyes de descomunización mal hechas, élites comunistas que conservaron mucho poder en las instituciones, privatizaciones que beneficiaron solo a algunos grupos y falta de rendición de cuentas por los crímenes contra la humanidad.

La segunda, que la libertad requiere verdadera justicia. Recordó que Polonia creó un instituto para preservar la memoria y perseguir los crímenes del régimen comunista, invitó a los cubanos a visitarlo en Varsovia y dijo que es mucho menos costoso aprender de los errores polacos que repetirlos. Sostuvo que una Cuba democrática debe conservar los archivos de sus agencias de seguridad del Estado para poder exigir responsabilidades, y que reconciliación y transición no significan impunidad.

La tercera, que la transformación económica debe beneficiar al pueblo cubano. Dijo que Cuba necesitará leyes de propiedad privada e instituciones que impidan que nuevos monopolios sustituyan a los que antes controlaban las élites comunistas, y que los cubanos dentro y fuera de la isla deben tener voz en la nueva Cuba.

Mularczyk se declaró muy feliz de conocer el Acuerdo de Liberación, en el que organizaciones cívicas unen fuerzas para preparar la transición, y subrayó que el futuro de Cuba deben decidirlo los propios cubanos. Añadió que Europa también tiene una gran responsabilidad y que en el Parlamento Europeo trabajan por una Cuba libre y democrática y por suspender el acuerdo político entre la Unión Europea y el régimen cubano. Cerró advirtiendo que recuperar la libertad es solo el comienzo y que la caída del comunismo no puede ser el final de la lucha por ella.

Tras su intervención se le agradeció su apoyo al cambio democrático en Cuba y se subrayó que los compromisos del Acuerdo de Liberación y la preparación de la transición son una responsabilidad que se asume dentro y fuera de la isla.

Albert Ramdin, de la OEA: «El momento para eso es ahora»

Ramdin habló en inglés y sus palabras se citan aquí según la traducción simultánea al español del acto. Aclaró que intervenía como secretario general de la OEA y no en nombre de los Estados, porque el asunto no ha sido discutido entre los países miembros. Dijo que para él no es un tema político, sino de principios, y que cuando están en juego los pilares de la organización (democracia, derechos humanos, derecho al desarrollo y seguridad) hay que hablar.

Planteó ampliar el espacio democrático en las Américas y lamentó que la OEA haya perdido a Nicaragua y que Cuba y Venezuela figuren como Estados no activos. Dijo que estaría muy feliz si los tres países volvieran a la organización, a un lugar donde se les trate con respeto y se pueda discrepar.

Sobre Cuba, sostuvo que cuando un sistema no funciona después de casi 70 años es normal evaluarlo y repensarlo; que quizás fueron ideas al principio, pero no han funcionado, y que «el momento para eso es ahora». Añadió que un sistema de partido único «casi siempre resulta en una tiranía» y que la democracia necesita un sistema multipartidario.

Ramdin dejó claro que no aboga por una transición violenta ni por cambios mediante la fuerza militar, porque eso iría contra el carácter y las leyes de la OEA, y defendió un proceso pacífico, con diálogo y comunicación. Reconoció que en Cuba el sistema está más arraigado y es más sólido que en Venezuela y Nicaragua.

Entre los elementos de la transición mencionó la apertura del espacio cívico, para que otras organizaciones puedan hacerse oír dentro de Cuba sin repercusiones, y la liberación sin condiciones de todos los presos políticos. Insistió en que la transición debe estar liderada por cubanos y beneficiar a los cubanos, y dijo que no le corresponde a él determinar quién es cubano, sino a los propios cubanos.

Cerró diciendo que la OEA fue creada para ayudar y estar del lado de la democracia, y que estará lista para ayudar al proceso. Reconoció que habrá discusiones políticas en las que seguirá instrucciones, pero que tiene su propio punto de vista.

Mensajes desde Cuba: Berta Soler e Iván Hernández Carrillo

Tras Ramdin se proyectaron en pantalla los mensajes de dos activistas que hablaron desde la isla: Berta Soler, representante de las Damas de Blanco, y Iván Hernández Carrillo, de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC).

Soler agradeció a los organizadores que se invitara a las Damas de Blanco y dijo que la organización apoyará y respaldará una transición hacia la democracia que nazca de la acción directa del pueblo cubano y termine con el régimen comunista. Entre las cuestiones que consideró de mayor importancia citó la libertad inmediata y sin condiciones de todos los presos políticos, y la participación de todas las fuerzas políticas dentro y fuera de Cuba, con excepción del Partido Comunista.

Explicó que el Partido Comunista no puede participar porque, a su juicio, es el causante y responsable del sufrimiento del pueblo cubano, y que la actual Constitución comunista protege la impunidad de los responsables. Pidió tribunales que protejan a las víctimas y hagan pagar a los criminales por sus crímenes, con una justicia transparente e imparcial, sin influencia de intereses políticos o económicos y sin odio ni rencor. Recordó que el régimen sigue empobreciendo al pueblo y manteniendo el acoso, la persecución y el encarcelamiento por razones políticas. Se identificó como Premio Sájarov 2005.

Hernández Carrillo habló como sindicalista independiente. Dijo que para pensar en la Cuba de mañana hay que mirar de frente la de hoy, «marcada por el miedo, por el control», y defendió que una transición no es cambiar un poder por otro, sino reconstruir el país desde su base. Sus prioridades: recuperar la libertad sindical, para que los trabajadores se organicen y elijan a sus dirigentes sin persecución; pensar la Cuba futura para todos, sea cual sea la forma en que se gane la vida cada uno, incluidos estatales, privados, cuentapropistas, informales y jubilados; y garantizar un mínimo de dignidad, con trabajo decente, seguridad y salud laboral, descanso y protección social.

Pidió también un diálogo social real entre trabajadores, empleadores y Estado, y no una consulta controlada desde arriba, y sostuvo que un sindicato independiente puede ser una «escuela de ciudadanía». Cerró afirmando que la Cuba futura debe levantarse sobre la verdad, la libertad, la justicia y la dignidad del pueblo trabajador.

A continuación se proyectó un vídeo con datos sobre la crisis en la isla. Entre ellos, que el 94 % de la población vive bajo la línea de pobreza y que los hospitales sufren un 70 % de escasez de medicamentos. Son cifras del material proyectado, no verificadas por este medio.

Payá presenta el plan: tres fases y un gobierno de transición de hasta 36 meses

Payá volvió a intervenir, presentada como fundadora de Cuba Decide y coordinadora de Pasos de Cambio. Al comenzar, una persona del público tomó la palabra para denunciar el embargo y lo que calificó de política de acoso de Estados Unidos hacia el pueblo cubano, y el acto se interrumpió unos instantes.

Payá respondió que ya extrañaban que no hubiera pasado algo así y que el pueblo cubano atraviesa su momento más oscuro por 67 años de comunismo. Dijo que los responsables están en el poder, en la familia Castro y en el grupo de generales, y que su propuesta es para todos los cubanos, incluidos quienes siguen dentro de las instituciones de la dictadura, porque, afirmó, también ellos y sus familias necesitan la liberación. Sobre la persona que interrumpió, dijo que está invitada a volver a escuchar.

Evocó de nuevo a su padre, Oswaldo Payá, de quien dijo que pudo haber escogido el exilio y se quedó en Cuba, y sostuvo que la libertad no es una concesión del poder sino un derecho. Aseguró que Cuba está más cerca de la libertad de lo que muchos imaginan, no porque la dictadura sea menos cruel, sino porque su fracaso, tras casi siete décadas, es absoluto.

Para describir la situación en la isla ofreció estas cifras, que son afirmaciones suyas en el acto y no han sido verificadas por este medio: que el 94 % de los cubanos vive en pobreza extrema, que el año pasado murieron en Cuba el doble de personas que nacieron y que el conglomerado militar GAESA llegó a acumular hasta 18 000 millones de dólares en activos corrientes, una cifra que, según dijo, supera las reservas internacionales de países como Costa Rica o Panamá. Habló también de apagones, falta de agua potable y de medicamentos, y de basura acumulada en las calles.

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Agradeció y animó a Estados Unidos y a los aliados en las Américas y en Europa a presionar junto al pueblo cubano hasta lograr la liberación, pero insistió en que la transición es responsabilidad de los cubanos y que «hoy la estamos asumiendo». Afirmó que organizaciones democráticas dentro y fuera de la isla se han unido en el Acuerdo de Liberación y trabajan coordinadas para ofrecer un plan. Pidió caminar juntos a quienes tienen otras ideas para Cuba y aseguró que en la Cuba que quieren construir habrá espacio para todas las voces.

Lo que propone el plan de transición para Cuba

  • Liberación. Comienza con la liberación incondicional de todos los presos políticos e incluye la salida del poder de la familia Castro y de sus generales, el fin de la represión y la garantía de los derechos fundamentales. «No hay transición con represión», subrayó.
  • Estabilización y reconstrucción, hasta la democratización. Contempla un gobierno de transición con responsabilidades definidas y un mandato limitado de entre 18 y 36 meses, no prorrogables.
  • Decisión de los cubanos. Mediante un plebiscito vinculante decidirán el nuevo marco constitucional y la convocatoria a elecciones libres, plurales y competitivas, las primeras en más de 70 años.
  • Asistencia humanitaria inmediata. Prioridades para los primeros seis meses: llevar alimentos y medicamentos, estabilizar el suministro eléctrico y recuperar hospitales, escuelas y servicios esenciales.
  • Economía. Bases para una economía libre, con seguridad jurídica, propiedad privada, oportunidades para emprender, recuperación de la producción nacional y atracción de inversiones, y con un Estado que proteja a los más vulnerables.
  • Instituciones y justicia. Reforma de las instituciones de seguridad y defensa, subordinadas a un poder civil y al orden constitucional; una nueva política exterior; reconocimiento de las víctimas, establecimiento de responsabilidades y garantías de no repetición.
  • Reunificación de la nación. Un principio que, dijo, atraviesa todo el plan: el abrazo entre los cubanos dentro y fuera de la isla.

Payá afirmó que el gobierno de transición no puede decidir el futuro de Cuba para siempre: su tarea es crear las condiciones para que lo decidan los cubanos, porque el objetivo final «no es administrar la transición», sino devolver a los ciudadanos su derecho a decidir.

Payá anunció que, por primera vez, quienes han trabajado en el plan de transición para Cuba presentarán las medidas concretas para responder a la emergencia humanitaria y reconstruir las instituciones.

Respuesta humanitaria: ayuda gratuita y sin condiciones políticas

La moderadora presentó a un abogado, vicepresidente de la Organización Demócrata Cristiana de América y director de estrategias de un observatorio de derechos humanos que ha coordinado estudios sobre la situación social en Cuba. Agradeció a Payá la invitación a un proyecto que calificó de ilusionante y recordó que, según se había dicho en el acto, el 94 % de los cubanos vive en la extrema pobreza. Por eso, afirmó, la transición no solo debe ser política y económica, sino «profundamente social», y el deterioro exige una respuesta rápida y extraordinaria.

Explicó que el plan de respuesta humanitaria cubre los primeros 180 días de la transición y destacó tres elementos. Primero, una atención inmediata a las necesidades esenciales, con un despliegue en las primeras 72 horas para garantizar raciones de alimentos, agua potable, medicinas y material sanitario, con prioridad para familias vulnerables, adultos mayores y enfermos crónicos.

Segundo, una autoridad nacional y un marco legal que faciliten la respuesta de emergencia, junto con puntos operativos y logísticos dentro y fuera del país, donde será fundamental el protagonismo de los profesionales cubanos, la sociedad civil, las comunidades religiosas y el exilio. Tercero, la garantía de que la ayuda será gratuita y transparente y de que ningún cubano tendrá que demostrar una afiliación política ni cumplir condicionamiento alguno para recibirla.

Dijo que una respuesta de esa magnitud requiere el apoyo de los aliados, en particular de Estados Unidos, pero también de Iberoamérica, España y la Unión Europea. Cerró dirigiéndose a los cubanos que viven en la extrema pobreza: «nadie va a quedar abandonado», y la transición significará no solo libertad, sino también una vida digna.

Seguridad y funcionamiento de las instituciones

La moderadora dijo que garantizar la seguridad de los ciudadanos y el funcionamiento de las instituciones es esencial durante la transición y presentó a Armando Ibarra, investigador del Memorial de las Víctimas del Comunismo, asesor de la Fundación para la Democracia Panamericana y promotor de Cuba Decide, que coordina desde hace un año la comisión de trabajo encargada de la seguridad durante la transición.

Ibarra afirmó que durante casi 70 años en Cuba la seguridad del Estado ha significado la seguridad del régimen antes que la del pueblo: la policía, los militares y los servicios de inteligencia, dijo, no han servido para proteger a los cubanos sino para vigilarlos y castigarlos, y han estado en el centro de la injerencia y la desestabilización en otros países, sobre todo en Iberoamérica. Por eso sostuvo que la transición no puede limitarse a cambiar el gobierno, sino que debe cambiar la naturaleza de esas instituciones. Presentó un plan de defensa, seguridad y orden público para pasar de un estado policial a un estado de derecho de forma pacífica, ordenada e irreversible, y destacó sus cinco ejes:

  1. Orden público desde las primeras horas. Una fuerza, un mando y procedimientos claros para evitar el vacío, el desorden, la venganza, el saqueo, el crimen organizado y el narcotráfico, y para proteger instalaciones e infraestructura clave. Sin seguridad, dijo, la ayuda humanitaria no llega a quien la necesita.
  2. Fuerzas armadas bajo autoridad civil. Todas las fuerzas armadas y de seguridad quedarían bajo el gobierno civil de transición, con lealtad a la ley y no al Partido Comunista. El plan prevé también eliminar la presencia en Cuba de servicios militares y de inteligencia de China y Rusia, que, según dijo, han sostenido al régimen.
  3. Fin de la represión. Disolución de la Seguridad del Estado, la policía política, las brigadas de respuesta rápida y los mecanismos de vigilancia de los CDR, y liberación inmediata de todos los presos políticos. «Nadie en Cuba volverá a ser perseguido por lo que piensa», afirmó.
  4. Militares fuera de la economía. Hoy, dijo, el conglomerado GAESA controla hoteles, puertos, tiendas y remesas. En el plan pasaría a administración civil y los bienes que calificó de saqueados se recuperarían para reconstruir el país.
  5. Reforma de las fuerzas armadas y la policía. Se reestructurarían, reformarían y reentrenarían para convertirlas en instituciones profesionales, apolíticas y al servicio del ciudadano. Sus miembros pasarían por un proceso previo y jurarían lealtad a la nueva legalidad; quienes lo superen tendrían una oportunidad en la nueva Cuba.

Ibarra dijo que para llevarlo a cabo cuentan con el apoyo de sus principales aliados: Estados Unidos, la comunidad iberoamericana y la Unión Europea. Cerró asegurando que el plan existe para que el cambio en Cuba sea irreversible y para que las armas «nunca más vuelvan en contra del pueblo».

Economía: devolver el valor al peso y reducir el peso del Estado

La moderadora dijo que la recuperación económica es indispensable para mejorar las condiciones de vida de los cubanos y presentó a Elías Amor Bravo, economista especialista en economía cubana, exdirectivo público y profesor de economía de la Universidad de Valencia.

Amor Bravo dijo que la economía es posiblemente la peor herencia que dejan los comunistas y que habrá que actuar en el frente interno y en el externo. En el interno, planteó devolver al peso cubano el valor que, según dijo, pierde a diario en los mercados informales, controlar la inflación y la expansión del sector estatal, y abrir espacio a la actividad privada y a la inversión extranjera, sobre todo privada. Advirtió que son medidas muy arriesgadas y que pueden exigir sacrificios a la población, pero que esos sacrificios tendrán una recompensa, a diferencia de los que viven ahora los cubanos.

Sostuvo que para atraer inversión extranjera los cubanos tienen que aportar su propio dinero, y que ese dinero existe pero está «mal ubicado». Según sus cifras, que este medio no ha verificado, el Estado pesa el 65 % del producto interior bruto frente a una media de alrededor del 25 % en América Latina, de modo que unos 40 puntos de PIB deberían pasar de la actividad estatal a la economía privada. Con eso, dijo, se podría recuperar incluso la industria azucarera.

Cerró imaginando el día en que Payá firme la derogación de los documentos de política económica del gobierno y del Partido Comunista: la conceptualización del modelo, el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030 y el programa de las 176 transformaciones. Ese día, afirmó, será feliz, pero «no será el final», sino el principio. La moderadora añadió después que la transición también deberá responder a las demandas de verdad y de justicia.

Lee también: el eje económico del plan de transición para Cuba, según Elías Amor Bravo.

Justicia transicional: «la democracia no es un pacto de suicidio»

El politólogo e investigador Julio M. Shiling, director de Patria de Martí, autor de 16 libros —el último, sobre los requisitos para la transición democrática cubana— y asesor principal del área de justicia transicional, advirtió que la caída de una dictadura «no garantiza ni remotamente» que se llegue a la democracia, y que hay que dar pasos concretos. Según explicó, el caso cubano es un modelo de dominación total con inclinaciones cleptocráticas, por lo que el trabajo será grande: esclarecer, responsabilizar, reparar, privar y romper con la simbología de la dictadura.

Durante los primeros 100 días del gobierno de transición, indicó, se pondrán en marcha varios programas: una comisión de aclaración histórica y procesos de depuración y lustración; una investigación seria de GAESA; el análisis de las violaciones laborales y del saqueo del patrimonio cubano; la revisión de las deudas «odiosas»; y la restitución o indemnización de las propiedades confiscadas, tanto residenciales como comerciales, con pleno derecho de permanencia para sus ocupantes actuales.

En el plano institucional, Shiling planteó que la Constitución de 1940, actualizada a los tiempos actuales, es un punto de partida necesario, y que el sistema electoral debe excluir a partidos y movimientos antisistema, como el Partido Comunista, porque un partido no puede absorber al Estado. «La democracia no es un pacto de suicidio», afirmó, y necesita mecanismos de defensa para perdurar. Habló además de un proceso de «descomunización», de memorializar a los héroes y de reconstruir la sociedad civil mediante educación cívica y campañas de concienciación.

Para cerrar, comparó a Cuba con un enfermo que se recupera de una enfermedad terrible pero necesita un tratamiento intenso, y cuidados especiales de por vida para mantenerse sano: ese tratamiento, dijo, es la justicia transicional. Advirtió que la «enfermedad» es contagiosa, por lo que el resto de las Américas y las democracias del mundo deben tener cuidado, y añadió unas palabras en inglés para los invitados internacionales: la democracia es el paso siguiente a la liberación, pero requiere mecanismos que garanticen que Cuba llegue a ella y mantenga el orden democrático.

Marco jurídico: una ley de transición con plazo máximo de 36 meses

La moderadora presentó a Mijail Bonito Lovio, abogado cubano y profesor de derecho constitucional e internacional, que ha ocupado responsabilidades en el gobierno de Chile, ha participado en procesos de elaboración legislativa y reforma institucional y coordina la comisión de trabajo constitucional y legislativa del equipo. Antes de empezar, comentó que si la persona que acababa de interrumpir el acto lo hubiera hecho en Cuba, estaría presa en ese momento, y que esa es la diferencia en la visión de la libertad.

Bonito Lovio agradeció el liderazgo de Rosa María Payá y dijo que el equipo tiene en sus manos, con el apoyo de las naciones hermanas de Iberoamérica, «la posibilidad histórica de volver Cuba a los cubanos». Explicó que la ley de transición democrática se concibe como una norma provisional que establece un camino jurídico hacia la democracia plena en una fecha cierta, con un plazo máximo de 36 meses para devolver la soberanía al pueblo cubano mediante un plebiscito constitucional y elecciones generales.

Según dijo, la misión no es solo superar el totalitarismo sino refundar la nación sobre el principio de que el Estado está al servicio de la persona humana y no al revés: su razón de ser es proteger la dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad. Aseguró que las bases del texto se inspiran en las sucesivas constituciones cubanas, desde Guáimaro hasta la de 1940, en sistemas normativos de países libres y en el Acuerdo de Liberación de marzo de este año.

Entre las garantías del estatuto citó la amnistía general e incondicional para todos los presos políticos; el restablecimiento de las libertades civiles, de expresión y prensa, asociación, sindicalización y pluralismo político; y la libertad plena para entrar, salir y establecerse en el territorio nacional, respaldadas por acciones de protección y hábeas corpus sumarios. En lo económico, anunció el reconocimiento de la propiedad privada como derecho inalienable, la libre iniciativa, la prohibición de monopolios estatales y un trato nacional igualitario para la diáspora, los nacionales y los inversionistas extranjeros.

Indicó que, en sus primeros 90 días, el orden transitorio creará órganos autónomos y neutrales, como un servicio nacional electoral y una contraloría general de la república, además de asegurar la independencia judicial, todo bajo el liderazgo de un consejo nacional que designará un gobierno transitorio por mayoría absoluta y garantizará la primacía del poder civil sobre las fuerzas armadas. Cerró afirmando que al cabo de tres años entregarán «una república formada en democracia», porque, dijo, la democracia no florece desde la miseria y «la libertad es el único camino hacia nuestro bienestar».

Nota de corrección (3 de noviembre de 2026): una versión anterior de esta nota decía que el Acuerdo de Liberación tiene cuatro fases (liberación, estabilización, reconstrucción y democratización) y que Ramdin hablaba a título propio. El Acuerdo tiene tres fases, según la información publicada por Cuba Decide, y Ramdin aclaró que intervenía como secretario general de la OEA y no en nombre de los Estados miembros.

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Ernesto García

Periodista y editor con más de 25 años de experiencia. Me gradué en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, y desde entonces dediqué mi vida a contar historias, a informar y a defender el periodismo libre. En 2016 tuve que dejar Cuba. La censura y la persecución a los periodistas me obligaron a tomar esa decisión. Llegué a Miami y aquí encontré la libertad que necesitaba para seguir haciendo lo que más amo: periodismo sin ataduras. Hoy soy Director General de Cubanos por el Mundo, una plataforma que nació para conectar, visibilizar y acompañar a todos los cubanos que, como yo, construimos nuestra vida fuera de la isla sin perder nuestras raíces. Porque ser cubano no termina donde termina Cuba.

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